Platero es un burro pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.

Lo dejo suelto, y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas…. Lo llamo dulcemente: “¿Platero?”, y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal….

Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar, los higos morados, con su cristalina gotita de miel….

Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña … pero fuerte y seco como de piedra. Cuando paso sobre él los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo:

–Tiene acero …

–Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo.

Juan Ramón Jiménez. Platero y yo.

Míralo, tan inocente. Las horadas dirigidas por él acaban de abandonar el acto que señala a Rosa Díez como enemiga. Cantando el Eusko Gudariak, que todo el mundo puede reconocer como el colmo del progresismo y el pacifismo.

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Pero unos segundos antes, Pablito y yo no estaba sentado. Ni estaba aislado, a su aire. Era el que tenía que dar la orden de no dejar empezar el parlamento de Rosa Díez, sin insultarle previamente. Y sin darle derecho de réplica, porque la horda ataca, y luego desaparece, sin oportunidad de respuesta.

Uno momento antes, Pablito tenía la misma cara de niño bueno, pero la acción no era tan inocente. Dirigía el asalto. Le decía a la niña estudiante cuándo empezar.

El “evento” entero:

Tenemos la suerte de que la táctica la explica él mismo. Lenin no decía en 1917 -¡comunismo!-, sino -¡paz, paz!-. Y hasta le pone una metáfora sexual. Aunque para follar nos desnudamos, para ligar nos vestimos. Y (se supone) sonreímos, ponemos cara de Pablito y yo, mentimos, y toda una serie de estrategias en las que el monstruito de moda parece, efectivamente, un genio.

 

La telebasura es lo que tiene. Produce monstruitos. Te harán callar, violentamente, poniendo cara de angelitos. ¿Coincidirán en el parlamento Rosa Díez y Pablito y yo? ¿Le preguntará Díez si debe de mandar huestes a romper los actos públicos de la copia mala del Yes we can? Curioso, porque seguro que a Rosa Díez estos le llaman “facha”. Que ya no debe de significar el que impide la palabra al dicrepante con violencia social. Afortunadamente. Porque si todos hicieran lo que hace el “no-facha” Pablito, la solución del enigma consistiría en quién tiene las huestes más numerosas, y más violentas. Angelitos.

Fuentes: