Hay gente mosqueada y / o sorprendida por la sentencia del Prostitucional sobre la declaración de soberanía del Parlamento de Cataluña. Por esa segunda parte de la misma, en la que declara que las referencias “al derecho a decidir de los ciudadanos de Cataluña”, no son inconstitucionales si se interpretan dentro de la Constitución. Esto es, si se interpretan como una “aspiración susceptible de ser defendida dentro de la constitución”.

No acaban de convencerme los críticos. Una cosa es que sea “El Prosti” para los amigos, y otra cosa es que siempre sea puta. O que una puta no pueda tener su parte buena. Es posible que los críticos defiendan -y deseen- que esa aspiración sea imposible. Pero eso es lo mismo que harían los nacionatas si consiguieran lo suyo. Y es una putada, porque en ese caso la única esperanza sería hacerse separatatista de los separatas. La ironía del asunto es que la única defensa contra el separatismo nacionata, aparte de la fuerza, ¡es el separatismo! Esto es, formalizar -universalizar- su aspiración, de tal forma que lo que vale para el pato, valga para la pata. Pero lo que vale para la pata, no le vale al nacionata. Reductio ad absurdum. Una de las herramientas más antiguas y eficaces de la lógica [–>].

En estas andaba; criticando a los críticos del Prosti. Sin que sirva de precedente. Cuando veo que llegua Ruiz Soroa. Siempre una especie de alma gemela, en una versión mucha más académica. Y ve algo que se me había escapado. Un “aroma canadiense” de la sentencia del Prosti.

Y es verdad. Con menos explicación y detalle -y fuste- que el TS de Canadá, en realidad el Prosti ha hecho lo mismo. Como señala RS, en vez de limitarse a un “eso no vale”, ha especificado cómo sí podría valer. Aunque en mi opinión, la diferencia por la distancia recorrida por ambos tribunales en ese aspecto es tan grande, que la comparación entre ambos se debe de quedar en el espíritu. Si acaso. Aun así, y siguiendo al maestro, aplaudo al Prosti.

Los que no han estado a la altura son los demás.

– Separatas: Ha dicho que sí se puede, y nosotros superaremos lo que haya que superar.

– No separatas: Ha dicho que es inconstitucional.

– Idiotas: Hablando se entiende la gente.

Pero nadie ha entrado al trapo de cómo sería ese -se puede, si se hace constitucionalmente-. Nadie ha aprovechado la oportunidad (canadiense, efectivamente) que ofrece el Prosti. Porque, para estupor de idiotas, la gente no se entiende naturalmente por mucho que hable. Todo lo que saben y quieren saber los separatas es que quieren separarse. Y todo lo que saben y quieren saber los no separatas es que ellos no. Y así, queridos idiotas, no hay la menor oportunidad de entenderse. Separarse o no separarse no es “dialogable”. O es A, o es B. Lo que sí es dialogable es cómo y cuándo se puede separar quién. Y el resultado de ese hablar suele ser el enfriamiento del separatismo cuando es absurdo. Véase Canadá. Porque al generalizar, y pasar del Pueblo de Catalufilandia, a cualquier ente englobable en el concepto gnóstico y multiforme de “pueblo”, la jodimos, tía María. Igual le dan por saco a Bildulandia, y acabamos haciendo una reserva india en los altos del Goyerri y naciones adyacentes. Si de separar se trata, también se trata de que los que no se quieren separar, se puedan separar a su vez de los que sí se quieren separar. Y da la casualidad de que son los tuyos.

O sea, pensar. Si se trata de fuerza, mejor nos hacemos con la fuerza. Y si se trata de “dialogar”, que nunca lleva al entendimiento,  reductio ad absurdum de jarabe de arce.