La canción del verano

No sabemos quien pensó, ordenó, y organizó el atentado.

No fue ETA.

Desaparecieron las pruebas fundamentales sobre los explosivos. Vagones y muestras.

No fue ETA.

No sabemos quién puso las bombas (menos uno).

No fue ETA.

No había metralla, como en la mochila bomba señuelo.

No fue ETA.

Ni un cachito de restito de telefono, como el de la mochila bomba señuelo.

No fue ETA.

Los perros especialistas no olieron explosivo en una furgoneta que acababa de estar llena de explosivo.

No fue ETA.

Constan pruebas falsas, colocadas meses después.

No fue ETA.

Bermúdez miente sobre “caminito de jerez”.

No fue ETA.

Y así, hasta el infinito.

Tal cual. En los periódicos, en las radios; por doquier. Se me ha ocurrido ver la telebasura, y exactamente lo mismo. Tres especialistas. Un abogado, un guardia civil, y un militar. Y tertulianos, entre los que hay dos que están contentos con la sentencia. Y su presencia resulta en que los especialistas apenas pueden ilustrarnos, porque “no fue ETA”. Y cuando nos aburrimos de que no fue ETA, pasamos a que si el partido tal hizo cual, y el partido cual hizo tal.

Se llama España, y es un país básicamente canalla. ¿Con todo lo que hemos discutido y hablado del asunto, y después de diez años, no podemos ponernos de acuerdo en lo que sí se sabe seguro; lo que se sabe con poca seguridad; y lo que no sabemos y deberíamos de saber? No sé, por ejemplo, ¿quién lo pensó, y quién puso las bombas?

No, no podemos. Y no fue ETA.