Un descarnado retrato de la justicia, por vía de dos entrevistas. En El Mundo, de Casimiro García Abadillo al juez ponente del 11-M, Gómez Bermúdez; y en Europa Press, al fiscal Javier Zaragoza.

Pero desgraciadamente no solo nos permite ver cómo funciona la justicia en España. También nos da una buena perspectiva de cómo funcionan sus gobiernos (y por tanto sus partidos políticos). Y lo que es peor; supone una gran muestra de la sociedad española en general.

No hace falta perderse por las innumerables ramas del caso. Basta concentrarse en el núcleo del problema. Los autores, y el condenado. Esa es la función de un sistema de justicia. Supongo. Averiguar quién ha cometido el crimen, y condenarlo. Y además, pero sólo además, hacer lo mismo con todos los que hayan colaborado en distindo grado con la comisión del crimen.

El 11-M es un caso resuelto

Eso nos dicen.

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Foto El Mundo

Lo dice el juez. Con una sutileza burocrática repugnante.

En los procesos penales no se resuelven todas las dudas. Se limitan -y lo dice la sentencia al comienzo- al objeto del proceso penal, que es ver si un hecho es constitutivo de delito y si las personas acusadas son o no responsables de él.

No voy a discutir con los doctores de la Iglesia. Si Bermúdez lo dice, seguro que ese es el objeto del proceso penal. Pero entonces, ¿de quién es objeto averiguar quién ha cometido el crimen, y presentarlo al “proceso penal”? Porque si tu tienes un mínimo de 13 autores (13 bombas), y un solo nombre de autor, y un solo condenado, resulta un poco jodido hablar de un caso resuelto. Pero como ese problema no es el objeto del proceso penal, que le den por saco al problema.

Luego, los resultados nunca son redondos.

¡Ah! Entiendo que Bermúdez nos está diciendo que es un caso resuelto, pero nada redondo. Solo es redondo en 1/13, o un 7%. En el caso de que los mismos 13 que pusieron las bombas fueran los que decidieron el atentado, y los que lo organizaron y ensayaron. O sea, que probablemente es mucho menos de un 7% de redondo. En mi libro, eso es un caso manifiestamente no resuelto. Pero doctores tiene la iglesia.

Sigamos el hilo de la disculpa oficial. De la mano del fiscal Zaragoza.

El fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Javier Zaragoza, ha asegurado que la investigación sobre el 11-M “llegó hasta donde pudo” y que “quizá los propios autores intelectuales del atentado pueden ser los que fallecieron en Leganés”

Seguro. Seguro que quizás pueden ser. El problema es que cuando quizás pueden ser, resulta que también quizás pueden no ser. Y nos importa una higa. Eso es lo que quiere decir, exactamente, “es un caso judicialmente resuelto”. Que nos importa una mierda averiguar quiénes fueron todos los que nos mataron, y en su caso detenerlos y condenarlos. Porque, ojo, no se trata solo de averiguar quién pensó / decidió el atentado – como dan a entender Bermúdez y Zaragoza. Se trata de que la disculpa de Leganés solo da de sí lo que da de sí. 7 fulanos, en el mejor de los casos. Más un condenado, son ocho. Y quedan cinco para completar los 13 que pusieron las bombas.

Hay dos formas de resolver un caso judicial. Digamos dos casos extremos.

1. Sistema canalla.

Pillamos a un “sospechoso habitual”. ¿Es culpable? –Estoy convencido de que es “yihadista”– dice Bermúdez. Porque es que le habían detenido otras veces antes, sin encontrar ninguna prueba para condenarle. Acojonante.

¿Y los demás? Bueno, los demás no son el objeto del proceso penal. Puede que fueran los de Leganés, y puede que no. El pequeño detalle de que el único no-muerto de Leganés no participara en los atentados, solo debe ser un problema de mala suerte o así. Y respecto a los cinco que faltarían, en esta hipótesis completamente especulativa, puede ser que hayan ido muriendo en diversas acciones terroristas en montañas lejanas. Puede ser que tengamos una vaga idea sobre 12 de los 13 autores materiales del atentado. Y puede ser que también tengamos una vaga idea sobre la autoría intelectual,  motivación, objetivo, etc. ¡Caso resuelto!

2. Sistema no canalla.

Lo siento. De momento solo hemos resuelto -como mucho- un 7% del caso. Es terriblemente complicado, y resulta imposible pretender resolverlo al 100%. Pero podemos mejorar mucho, y lo vamos a hacer. Por ejemplo, podemos conseguir que Zougam confiese y cante. Con toda una vida por delante en la cárcel, tenemos muchas posibilidades de palo y zanahoria. Ya lo tenemos en aislamiento. Solo necesitamos convencerle para que nos dé los detalles antes de que se vuelva loco. Y no debería de ser tan difícil. Los “yihadistas” de verdad suelen acabar confesando, y convirtiéndose en héroes entre los suyos. No tiene nada que ganar no confesando.

Además, os prometemos todo el esfuerzo posible para ir resolviendo cada uno de los nombres de los que pusieron cada una de las bombas. Si están muertos, no les podemos juzgar. Pero podemos presentar las pruebas policiales que nos convenzan de que cada bomba tiene un nombre. O todas las que se pueda, con todos los recursos y posibilidades que tenemos. Es lo menos que les debemos a las víctimas. Saber.

Lo de Zougam es acojonante. Repito:

Le digo que Zougam es un radical yihadista. Yo no tengo ninguna duda, pero ninguna, ninguna.

Ya, pero se trata de saber que puso la bomba, no de estar convencido de que sea yihadista. Y cuando sabes que puso la bomba, no necesitas ningún convencimiento de que sea yihadista. O bombero torero. Ese convencimiento no sirve de nada. Si acaso sería útil el conocimiento -no el convencimiento- de sus contactos y relaciones reales con el mundo yihadista. Para seguir investigando, y resolviendo otros nombres. Pero ese convencimiento de que es yihadista solo parece un capotazo para tener a alguien al que encalomar el caso. Y decir, -¡caso resuelto!-.

Esto es lo que hay. Y el aplauso y satisfacción de la inmensa mayoría.

Como ejercicio inútil, pero moral, se puede firmar la petición de investigar el 11-M que hace Gabriel Moris. Aquí: