Anoche tuvimos la noticia, no muy comentada, de la condena a Manning a ciento y pico años de cárcel por “espionaje”, pero no por “ayuda al enemigo”.

Sigo en Twitter a Glen Greenwald [–>], el periodista de The Guardian al que Snowden proporciona las filtraciones del espionaje masivo de las comunicaciones que lleva a cabo la NSA. Aparte de por las filtraciones mismas, y por su contacto directo con el caso Snowden, Glen está haciendo un ejercicio muy interesante de defensa del periodismo de investigación como remedio de la falta de transparencia gubernamental. Y de defensa de las fuentes que producen las filtraciones.

Se ve que hoy, al contrario que -por ejemplo- en la época del Watergate, su postura es bastante minoritaria entre la peña de la prensa. Un peligro, que da más valor a su postura. Y está señalando un argumento interesante a cuenta de los ataques contra Manning y Snowden desde la prensa, y el aplauso a la persecución obsesiva del gobierno Obama a cualquier revelación de sucios secretos.

Su idea se puede resumir con estos tres “tuits” suyos:

greenwald-sobre-ataques-a-manning-y-snowden

El primero no necesita más comentario. Todo el mundo está de acuerdo con la transparencia, en teoría, pero luego no paran de atacar a los que la traen.

Los dos siguientes señalan la contradicción de los defensores de los abusos del gobierno. Critican a Manning por filtrar miles de documentos secretos, de embajadas y así, en plan masivo, y sin enterarse del daño que podía hacer. Si usan ese argumento, deberían de aplaudir a Snowden, que esta haciendo exactamente lo contrario. Les da los documentos a dos periodistas experimentados, y de medios muy serios, diciéndoles que los lean primero, y decidan ellos lo que se puede hacer público y lo que no. Pero, curiosamente, la basca gubernamentalista que criticaba el aspecto masivo y sin control de lo de Manning, lo que hace en este caso es pretender que enchironen a los periodistas que hacen públicas, con mucho cuidado y criterio, las informaciones proporcionadas por Snowden.

A Snowden, en cambio, le critican por haber huido. Diciendo que le respetarían si se hubiera quedado a disposición de la justicia USA, pero que como huido, jamás. Pero eso no les lleva a respetar a Manning, que no huyó, y prácticamente se delató a si mismo.

O sea, que están usando los argumentos en función del objetivo que pretenden. El silencio.

Un clic en la siguiente imagen te lleva (al final del artículo que sale) a un breve debate entre Greenwald y un periodista “silenciador”. Bien planteado por ambos, en ocho minutos.

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