Que parece que éramos pocos, y la familia de La Leti ha parido un libro al que auguran un gran éxito.

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Éxito demoledor, a juzgar por Almudena Negro.

Por otra parte, lo esperable. Lo inevitable, vaya. Cosa de antes o después, solo que esta vez la puntería parece inmejorable. Ni el campeón de los elefantes atina mejor. Listo príncipe del amor.  Pero no especialmente más espectacular que la princesa del tío cachas. ¿No podía follar con los escoltas, y hacer las cosas serias en serio? Pues tampoco. Claro que  ejemplo del senil progenitor no era muy bueno, mezclando las grandes comisiones internacionales con las agitadas tiendas de campaña, en Bostwana.

¿Vale, y que queríamos? ¿A Sabino Fernández Campo? ¿A santo de qué? ¿No adorábamos la idea de una “familia normal”? Queremos buen rollito, y que nadie destaque por ninguna virtud o esfuerzo que pueda ocasionar el resquemor de la envidia en los demás. O peor, el ardor de tenerse que saber inferior a alguien. Y en ese sentido, no solamente no tenemos motivo de protestar, sino que deberíamos de aplaudir infinitamente.

Además, somos el país de la telebasura. Eso es lo que nos va, y lo que nos educa. Y nos entretiene. No se puede pedir más. Una colección inagotable de tele-monstruitos, que hacen sus gracias para pasmo y distracción del ganado. ¿Qué diablos queríamos tener en la cumbre, algo que desentone? Desentonaría. Sería un cante.

Pues nada, somos volátiles, y ahora nos ha dado por destronar al friky rey. Cuando descansamos de acosar los domicilios de los políticos de nuestra ojeriza. Supongo que es el espíritu de la tele, en el que cada tantas temporadas cambian a los payasos. Da más morbo, y como sensación de novedad. Y no seré yo quien le discuta sus caprichos al pueblo soberano. ¡Que cambien el cartel, si lo pide la plebe! Pero …

Pensemos un poco. Si ya lo hacemos todo como nos sale de por ahí, ¿por qué teníamos que sufrir las convenciones en este caso? ¿No nos encanta cuando el guión del programa se sale de lo previsto? Pues yo tengo una idea mucho mejor. Una idea guapa, estilosa, simpática, lista, empresaria, que sabe hacer “trabajos delicados” para el gobierno, y para lo que proceda. Sabe tratar con la prensa, con la pasta, con los moros, con los anglos, y es teutona. De  nombre principesco, y encima por méritos propios. ¿Alguien da más?

corinna

¿He dicho Mas? Imagina. El Ectoplasma es un incapaz. La corona actual no tiene en toda España a nadie mejor que contratar para sus asuntos penales que a Roca y Junyent. Peor no podía ir la cosa. Pero si tuviéramos a la audaz Corinna en puesto clave, en el puesto que se ha ganado a pulso, ¿alguien piensa que existe un  Mas que pueda torcerle la voluntad? Yo no. ¡A Corinna iban a tocarle un trozo de su reino!

A ver, plebe. Si fueras pueblo soberano, en lugar de solo creerlo, ¿a quién preferirías de reina? ¿A la Leti, o a una princesa como de verdad? Y al rey, que le den. El que sea. En serio, ¿por qué no ponemos a Corinna? Yo no veo a nadie mejor. Le hacemos a Corinna monarca, y no es que se dispare la pamema esa de “la marca España”, es que probablemente nunca hayamos tenido a alguien que defienda la idea con mayor ardor y convicción. Y si te descuidas, hasta con amor. Cualquier cosa, Corinna. Lo mejor de la monarquía.