Tiene su guasa lo de la religión. Parece como si, dando la razón a Chesterton, según dejamos de creer en Dios pasamos a ser capaces de creer cualquier cosa. Solo se olvidó un detalle. Cualquier cosa … si viene del que manda en cuestión de creencias. O sea, la neo-religión. Buenistas, ecologistas, esa fauna.

Cuando los científicos creían en Dios, y eran científicos, solían decir que no hay venenos, sino dosis. Y sabes que no son científicos, sino religiosos, cuando han dejado de creer en Dios, y no hablan jamás de dosis, sin del mal absoluto. Cuando demonizan las cosas con independiendencia de su cantidad sabes que estás frente a la neo-religión. Tabaco, CO2, radiación; cualquiera de esos demonios modernos.

El ejemplo de hoy es la radiación. El organismo de la ONU que se encarga de estudiar los efectos de la radiación en la salud (UNSCEAR) acaba de terminar su último estudio. Lo cuenta James Conca en Forbes:

Con una conclusión que aquí ya hemos visto. A cuenta de los  25 años de Chernobyl, que también recordamos cuando Fukushima. La demonización es un cuento, y no hay veneno, sino dosis.

En este caso la demonización tiene un nombre muy científico, que es la forma con la que te engaña la neo-religión. Modelo lineal sin umbral, o LNT por sus siglas en inglés. O modelo lineal sin dosis; nombre que hubiera bastado para disparar la carcajada cuando los científicos creían en Dios, pero no creían en chorradas. En resumen propone que si con una dosis de 200 enferma de cáncer un 1% de la población, con una dosis de 2 enfermará un 0,01%. Y traducido a un  área de 10 millones de habitantes, tendremos 100.000 casos de cáncer. Pero el informe de UNSCAR, repitiendo lo que cualquiera que piense y busque un poco ya sabía, dice que la radiación sigue una lógica del estilo de la naturaleza, y no del estilo de la demonología. Y que una dosis de 2 no produce ningún cáncer, aunque se la apliques a un número infinito de gente. Porque no hay venenos, sino dosis.

¿Es una buena noticia, no? Un alivio para toda esa gente agobiada sin motivo en los alrededores de Fukushima.  No necesitan estar sufriendo al pensar que se les viene el mal encima. Y pueden comer perfectamente los alimentos locales, y exportarlos. En realidad, el mayor problema en Japón tras Fukushima es el miedo a la radiación, no la radiación misma. El problema es la neo-religión.

El artículo de Conca explica que no solo ha quedado desacreditada la demonología en el estudio de la ONU, sino que esa demonología está llevando a políticas equivocadas y a sufrimiento innecesario. Pero esta buena noticia, con la que se pueden corregir no pocos errores y padecimientos, no parece gozar de ninguna popularidad. No parece que a nuestra prensa profesional le interese gran cosa.

Lo que nos lleva a la segunda parte de la historia. El hecho evidente de que los más proclives a la neo-religión suelen ser también los más activos militantes en favor del ateísmo, y combatientes contra la idea de Dios. Con un fervor que se diría de fraile. Se llaman escépticos a sí mismos, y hacen grandes risas de los creacionistas. Y a través de ellos, de todos los creyentes. Especialmente de los creyentes cristianos de Europa y América, que ya me dirán qué mal le pueden hacer a nadie.

Yo no lo entendía, hasta que no le ligado Chesterton con Chernóbil y con el cuento del clima. Pongamos que el escepticismo es difícil y minoritario. Pongamos que son pocos los que pueden vivir sin cuentos. Y pongamos que tenía razón Chesterton, y que para la mayoría, dejar de creer en el cuento de Dios le supone abrirse de patas a cualquier nuevo cuento. En ese caso tiene todo el sentido del mundo que los neo-cuentistas ataquen furibundamente a la religión. Solo le están desbrozando el camino a sus propios cuentos.

Alguien podría preguntar que a mi qué me importa uno u otro cuento. La respuesta es que el cuento cristiano, aquí y ahora es inocuo, mientras que la neo-religión tiene consecuencias económicas y políticas de toda índole.