El nivel del mar, si se pudiera medir con confianza, sería probablemente el dato más interesante en la discusión del “cambio climático”. De todos los armagedones que anuncian los alarmistas, el del nivel del mar es el menos increíble. Después de todo, en el anterior interglaciar llegó a estar unos tres metros por encima del actual. Entre uno y seis, según zonas. Así que es algo que puede ocurrir de una forma completamente natural, sin necesidad de que las emisiones de CO2 sean el demonio. Y si se supone que el CO2 puede colaborar en alguna medida a cierto calentamiento, por lo demás no preocupante, añadiría su efecto al nivel del mar. ¿Sería eso un problema? Depende completamente de la velocidad.

Una variación del nivel del mar global depende de dos cosas. De la temperatura del agua, que va aumentando de volumen con la temperatura por encima de los 4ºC, y del deshielo terrestre (el hielo de un glaciar es agua que no está en el mar). Así que de un aumento global de temperatura cabe esperar, en general, una subida del agua. Por ambos motivos.

Y si ocurre que más CO2 = más temperatura, siempre, y estás aumentando el CO2, deberías ver un aumento de temperatura y del nivel del mar, acelerando.No solo una subida, sino una subida a una tasa anual cada vez mayor. ¿Está ocurriendo? ¿En qué medida? Ese es el segundo aspecto de interés de medir el nivel de los océanos, si fuera algo fácil de medir. Porque la cantidad de calor total del sistema climático es muy difícil de medir, dado que casi todo el calor está en el mar, y habría que tener termómetros por todas partes, y hasta los fondos oceánicos. El nivel del agua sería una medida indirecta perfecta … si fuera una buena medida. Tiene la ventaja de estar a mano, a nuestro alcance. ¿Es una medida fácil?

Desgraciadamente es un área donde los científicos y las academias han dado muestras sobradas de no ser de confianza. Y donde empalman dos mediciones diferentes; satélites (desde 1992) y mareógrafos (desde mediados del XIX). Y donde están constantemente haciendo correcciones a los datos, siempre en el sentido de que acaben coincidiendo con la tesis del calentamiento acelerado. Pero con gran discusión y autores que no lo aceptan.

Aunque hay mediciones y estudios para todos los gustos, en general de los mareógrafos no se puede deducir ninguna aceleración. Los que proponen la aceleración tienen que recurrir a empalmar los datos de los satélites, y a corregir fuertemente al alza esos datos de los satélites. Sirva este gráfico de ejemplo, pero el motivo de la entrada es señalar un artículo de Frank Lansner, publicado en el blog de Jo Nova.

Muestra la tasa anual de variación. Si va cambiando hacia arriba es aceleración, y si no lo contrario. Se ve que para Jevrejeva 2006 hay una aceleración hasta 1950 aprox., y ninguna desde entonces. Mientras que con las oportunas virgüerías de Vermeer y Rahmstorf 2009 la aceleración es clara en todo el período.

Lansner cuenta muy bien las sucesivas correcciones a los datos de los satélites, de las que sale la aceleración de la inundación que nos va a ahogar. Y cita los estudios principales, en un sentido y en otro. Es un resumen breve y muy claro.

El artículo en ca’n Jo Nova:

Frank Lansner tiene también un blog interesante: