¿Y por qué no le van a pitar al himno español y al príncipe? Es uno de los ejercicios más sanos que cabe concebir. La autocrítica, en versión manada de borregos. Probablemente no hay nada más español. Pero debería de extenderse. Habría que proponer que se pite y mucho a los símbolos españoles, en su momento, y también a los símbolos de las nacioncitas alternativas. ¿Por qué no vamos a pitar con entusiasmo a las ikurriñas y senyeras cuando las exhiban? Pitar está muy bien … si pitamos todos.

Vale, no estamos de acuerdo con cuál es la nación de cada uno. Nada de particular; los españoles somos especialistas en no estar de acuerdo. Y en expresarlo con inagotable entusiasmo. ¿No podríamos, por una vez, intentar ponernos de acuerdo en el desacuerdo? Por ejemplo, tú no eres español, por tu real gana, y yo sí lo soy, por el mismo motivo.

¿Sería imposible? Parece raro, pero el mundo ha cambiado mucho. Pongamos el caso del fútbol, que es donde está ahora la pitada más de moda. Y tal vez nos dé soluciones exportables. Unos dicen que la selección nacional debe de ser tal, y otros dicen que debe de ser cual. ¿Y por qué no podría tener cada uno la suya. Una cosa es querer que la tuya sea una determinada, que no debería suponer mayor problema, y otra es que quieras obligarle al vecino sobre cuál debe ser la suya. Pongamos que hacemos una “nación futbolística española” y una “nación futbolística vasca”, etc. ¿Por qué no se puede?

Por ejemplo, con equipos de las distintas naciones futbolísticas, y sus propias ligas y selecciones nacionales. Cada equipo decide de qué nación es, y santas pascuas. Y los aficionados lo mismo. Y no debería de haber problema en que una ciudad tenga, por ejemplo, un equipo de nación vasca y otro equipo de nación española. Y los mismo que eligen los equipos, eligen los jugadores. Cada uno con su nación optativa. Y ligas y selecciones paralelas, cada una a lo suyo.

El único problema que le veo es que se acabarían las pitadas. Porque los equipos de nación futbolística vasca jugarían la copa vasca, naturalmente. Y los catalanes la catalana. Y no podrían encontrase en la final de la Copa de España para la gran pitada.

Parece de broma, pero igual no es. Imaginemos que funciona, con el único defecto de la falta de oportunidad para las pitadas. Y que todo el mundo está contento en su”nación futbolística”. Se podría pensar en trasladar el sistema al extra fútbol. Por ejemplo, españoles y no españoles alegremente mezclados en los distintos territorios, pero con diferentes impuestos, haciendas, seguridades sociales, leyes, tribunales, lenguas oficiales, y todo eso. Parece un lío, pero ya tenemos 17 líos. ¿Por qué no meter uno más? La autonomía española, un poner.

Solo se me ocurren dos dificultades. Gestionar la geografía. Ríos, parques, y eso. Y decidir qué ley vale en los casos de conflicto. Pero podríamos posponer esos problemas, los dejamos de momento como están, e ir avanzando en todos los demás que sí se podrían. Una vez funcionara lo del fútbol, que es lo principal.

Imagina; además nos ahorraríamos los “identicidios”. Y cada”identidad” podría tener la política lingüística que quisiera. O ninguna, siempre mucho mejor. Y lo mismo acabamos inventando la nación a la carta, un bombazo en el mundo. Sería otro gran descubrimiento del muy minoritario pero siempre fértil liberalismo español. Cosa de que nos enteremos si están pidiendo libertad para sus caprichos, o la imposición de los mismos a los demás.

Maleni manda una ilustración para la entrada: