Álvaro Ballesteros

presenta

Fumar mata. De José María Pérez Zúñiga.

Yo tenía un vecino que creía haber dejado de fumar. Lo sé porque lo veía fumarse los cigarrillos a escondidas, asomado a la ventana, a salvo –eso pensaba- de su mujer. Su cambio de personalidad empezó con la prohibición de fumar en los bares. A mi vecino le gustaba ir a esos antros después del trabajo, a tomarse un par de cañas y fumarse un par de cigarrillos, a drogarse de una manera civilizada. Era casi su mejor momento del día, cuando disfrutaba de la alegría de la cerveza y las conversaciones, cuando expulsaba un poco del humo que el resto de la jornada solía echar por la coronilla.

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