Es conocido lo mal repartido que está el “calentamiento global”, pero tal vez no se hace hincapié bastante. Es muy frecuente encontrarte por ejemplo con argentinos creyentes, y que te digan completamente convencidos que allí notan muchísimo el calentamiento global ese. Por eso tal vez pueda ser interesante hacer un dibujito que de una idea del asunto de forma visible.

Una nota previa. El mundo se venía calentando a razón de medio grado por siglo, o un pelín más, desde mucho antes de que tiráramos a la atmósfera ningún gas invernadero digno de mención. Tipo desde 1650. Eso dicen, dentro de lo que se sabe. Así que un calentamiento de ese orden, ni le preocupa a nadie, ni nadie hablaría de ello para echarle la culpa a la pecadora industrialización.

Sabiendo eso, ahí va el dibujo, usando los datos de medición de temperatura global por satélite UAH [–>]. Son 33 años de temperatura, desde que empezaron a tomarlo en 1979. Y es la única “temperatura global” en la que se puede depositar alguna confianza, salvo el que se quiera fiar de las guarradas que hacen con los termómetros de las garitas y los barcos.

Explicación:

Verdes y azules son calentamiento o enfriamiento no dignos de mención, de los que a nadie se le ocurriría hablar, ni intentarían alarmar a la chavalería. Se corresponden con los trópicos (25ºN – 25ºS, aprox), las latitudes medias del hemisferio sur (25ºS – 65ºS, aprox), y las latitudes polares del sur (65ºS – 80ºS, aprox). Más de dos tercios de la superficie de la tierra. A un ritmo entre +0,8ºC y -0,5ºC por siglo.

Amarillo es el calentamiento de las latitudes medias del hemisferio norte (25ºN – 65ºN, aprox). Calentándose a 2,6ºC por siglo.

Naranja es el norte polar, con un achicharramiento a ritmo de 4,7ºC por siglo. Significa algo así como pasar de una temperatura media anual de -12ºC a -7,5ºC (en superficie). Todavía nadie ha protestado por ello. Dicen que cuando no les ven los ecologistas, rezan porque la cosa siga adelante, cuanto más tiempo mejor.

Para hacerse una idea, sirva este gráfico de temperaturas árticas del año pasado, de la Oficina Meteorológica de Dinamarca (DMI). El esquema es el mismo para todos los años. Gran variabilidad en invierno, cuando hace un frío espantoso, y gran estabilidad en la temperatura media de un verano a otro. Datos: [–>]. Rojo, temperatura día a día de 2011. Verde, media, día a día, para el período 1958 – 2002. Azul: 0ºC, punto de deshielo del agua dulce.

Se pueden poner también los gráficos de las temperaturas mensuales desde 1979. Es curiosa la diferencia por latitudes. No solo respecto al calentamiento famoso, sino la diferente variabilidad. Los polos mucho más variables que el resto, y los trópicos afectados principalmente por El Niño / la Niña. La escala del eje “Y” es la misma en todos, para que la comparación sea efectiva. De +2ºC a -2ºC de “anomalía” (diferencia con la media de 30 años entre 1981 y 2010).

El primer cuadro es la temperatura global, que es de la que se oye hablar. Es dudoso que la “temperatura global” tenga mucho significado. Se añade, para comparar, la tendencia lineal de lo que pronostican los modelos, para el caso de que la tesis alarmista del IPCC fuera medianamente correcta. La tendencia representada es de +0,26ºC por siglo, según las instrucciones que da John Christy, jefe del equipo UAH [–>]. También suele hacer notar que al principio de esta serie hubo dos volcanes (el Chichón y el Pinatubo). Como producen enfriamiento, y después no ha habido más volcanes fuertes, sesgan la tendencia al alza. Sin esas erupciones (o con otras mejor repartidas) el calentamiento sería significativamente menor. (Más o menos, medio grado menos).

En resumen, que cuando un argentino creyente te cuenta lo mucho que se nota el calentamiento global en su tierra, está hablando de un “calentamiento global” que en esa zona de la tierra no existe. Y respecto al de aquí, ¡nos vamos a enterar de lo que vale un peine si tienen razón todos esos científicos rusos que dicen que se acaba el chollo!

Nota: Estas temperaturas desde satélites se toman a mucha más altura que las de superficie.  A unos 4km de altura media. Los termómetros (con todas las guarradas que les hacen) dan más calentamiento. Pero el caso es que la propia teoría del IPCC dice que el calentamiento debe ser superior en la altura que miden los satélites que en superficie. La discrepancia probablemente se deba a lo que indican los numerosos estudios, por ejemplo de Pielke, según los que los cambios en el uso del suelo de las zonas que habitamos perturban las temperaturas. Especialmente las mínimas nocturnas. Nada que ver con el CO2.