31 marzo 2012


Lo ha visto primero Judith Curry, que lo señala en su informe semanal [–>]. El resumen, traducido, reza:

Resumen: “La fuerte sensibilidad del balance radiativo de la tierra a las variaciones en el ozono de la baja estratosfera – reportado previamente – es analizada en este estudio por medio de métodos de estadística no lineal. Nuestro modelo no lineal para la temperatura de superficie continental  – guiado por el ozono total (TOZ) medido en Arosa – explica el 75% del total de la variación de la temperatura de la tierra durante el período 1926 – 2011.  También hemos medido los factores que podrían influenciar la variablilidad de TOZ, y hemos encontrado que el impacto más fuerte se debe a la variación multi-decadal de los rayos cósmicos. Construyendo un modelo estadístico de la variabilidad del ozono, hemos sido capaces de predecir la tendencia en la evolución de la temperatura del aire sobre los continentes hasta el final de la presente década. Los resultados  muestran que la tierra se enfrenta a un enfriamiento suave de la superficie de unos 0,05 – 0,25 K (dependiendo del modelo de ozono) hasta el final del ciclo solar actual. Se porpone un nuevo mecanismo para la influencia del ozono en el clima.

Citación: N.A. Kilifarska, Journal of Atmospheric and Solar-Terrestrial Physics, http://dx.doi.org/10.1016/j.jastp.2012.03.002.

Arosa es una localidad de Suiza, con los registros de ozono atmosférico más largos (desde 1929) y de más calidad que existen [–>]. Con sólo un rápido vistazo a la serie de Arosa, y teniendo en la memoria las series de temperatura para la misma época, es inmediato ver que la correlación temperatura – ozono resulta muchísimo más convincente que la de temperatura – CO2.

El gráfico de Arosa:

Interesante. No necesitan buscar explicaciones esotéricas a cuenta de unos aerosoles cuyo efecto no se conoce, como necesita el IPCC para hacer encajar los modelos con los datos. No les molesta el pico de los años 40, ni necesitan desprenderse de él (como el IPCC). Tampoco tienen dificultades con el no calentamiento entre 1945 y 1975 (como el IPCC). Ni mucho menos para justificar la falta de calentamiento de los últimos 12 ó 13 años (igualmente como el IPCC).

La publicación en Science Direct (ver enlace arriba) se halla tras una barrera de precio, pero intento ampliar unos gráficos que se ven en el resumen público, y que dan una idea.

El modelo guiado por las mediciones de ozono de Arosa (verde) y las temperaturas medidas (morado):

El ozono medido en Arosa, y el modelizado (dos modelos) y proyectado (a partir línea vertical roja). Lo verde es el modelo que usa los rayos cósmicos.

¿Que puede significar esta historia, si se sostiene? En lo fundamental está hablando de una amplificación de la variación de los ciclos solares, a través de los rayos cósmicos y del ozono estratosférico. También sugiere que nos olvidemos del cuento del CO2. Sería responsable, como mucho, de sólo unos 0,2ºC del famoso “calentamiento global”. Y podría producir, para finales del siglo XXI, algo así como 0,3ºC – 0,4ºC más. Un no problema (la subida inapreciable de temperatura), envuelto en una bendición (el CO2).

En realidad la idea no es nueva. Otros estudios anteriores han relacionado la variación de ozono y de los rayos cósmicos con la variación de temperatura de superficie. Incluso describiendo el mecanismo físico. Por ejemplo, Qing-Bing Lu 2009:

Hay un resumen más amplio, de la época, en WUWT:

Pero nadie quiere saber nada de cualquier otro factor climático que no sea el CO2. Pedro Jota jamás lo consentiría. ¿Que iba a pasar entonces con los malditos molinos de viento y con las ridículas placas solares? ¿Cómo sacarle la pasta al contribuyente, sin subvenciones? Ya sabemos de otro elemento que muy posiblemente tenga una influencia relevante del clima, y que no se va a mencionar en el próximo informe del IPCC.

Pero no seamos como los ecologistas cafres, para los que si un estudio que les gusta aparece en la literatura científica, ya es palabra de Dios. Habrá que esperar a ver si se confirma o desmiente, y eso siempre lleva tiempo. Aunque sí nos demuestra algo importante. La tropa del IPCC solo ve CO2, porque solo mira el CO2. Pero si al calentamiento  que suponen al CO2 se le restan los demás efectos que han podido contribuir – como el sol con los rayos cósmicos, los ciclos oceánicos, la variabilidad natural caótica, las nubes, el ozono, la humedad en la estratosfera, problemas en las mediciones como el “efecto isla urbana” [— >], o incluso factores aun desconocidos – la teoría calentóloga del CO2 va a quedar como uno de los mayores ridículos de la historia de la ciencia.

Enlaces:

Un estudio anterior de Kilifarska muestra la relación de la variación del ozono  con los rayos cósmicos.