Ya se han lanzado en tromba en su nueva campaña proetarra, que está por doquier. Y yo no oí a Barceló. La única frailesa progre a la que escucho, muy ocasionalmente, es a Otero. Una forma de enterarse por dónde respira la iglesia de verdad, sin el esfuerzo añadido de aguantar a una cursi.

Es la técnica de todos los frailes. Ponerte una idea sugestiva por delante, y llevarte con ella al huerto. Sin ninguna posibilidad de examinar su significado, y mucho menos sus consecuencias. Talmente que un deber moral cincelado en la lápida de los mandamientos de la ley.

¿Y los ateos? Los ateos no tragamos; explicamos. Sobre todo a las Ángeles. De ahí que …

RAE:

reconciliar.

(Del lat. reconciliāre).

1. tr. Volver a las amistades, o atraer y acordar los ánimos desunidos.

Así, analizando el significado de las palabras, podemos comprender que es muy natural para Barceló volver a las amistades con los asesinos de inocentes, y que le basta con que dejen de matar. Es más, comprendemos la emoción que le produce poder volver a esas amistades. Pero no todos somos Ángeles, afortunadamente. Ni nos emocionaríamos ante el caso de que Ángeles se “reconciliara”, por ejemplo con un novio que tenía por costumbre zurrarle a la carta, por la decisión aparente de dejar de hacerlo. Sin siquiera reconocer, al menos, que estaba muy mal hecho. Los ateos no nos emocionamos por eso, ni lo recomendamos. Es más, nos parece sumamente perjudicial, puesto que es un mensaje al resto de Eguigúrenes de que no es muy problemática la afición de fostiar a la pareja, ya que siempre se puede contar con la “reconciliación” posterior, según las instrucciones de la iglesia y de la progresía. Si a Barceló le va la marcha, es cosa suya; mientras se quede en su vida privada. Pero hacer publicidad y alarde de tales reconciliaciones es un mensaje malo para el mundo, especialmente perjudicial para las demás mujeres.

Nunca falla. Es lo más típico de “los buenos”. Caer en las mayores aberraciones morales, con un talante angelical. O sea, Zapatero. Y así nos va.