Estoy flipando. Se ha montado una gresca enorme a cuenta del artículo del Wall Street Journal que comentamos el otro día, en el que 16 científicos eminentes le ponían perspectiva y sensatez al asunto del “calentamiento global”.

En la prensa USA, en los blogs, por todas partes. Ha debido de hacer mucho daño para levantar tal tormenta. Los argumentos de la trinca del clima se pueden resumir en esta “refutación” que mandaron al mismo Wall Street Journal donde surgió la movida. Va firmada por treinta y tantos calentólogos.

Pobre, pero pobre, pobre. Idiocia, más bien. Todo lo que hay es esto:

  • Los que sabemos somos nosotros
  • En todas las ciencias hay chiflados.
  • El calentamiento global continúa, en contra de lo que dicen los 16 del otro artículo.
  • Hay un consenso, y no hay más que hablar.

Formidable; lo mismo de siempre. Sólo hay un argumento científico en lo que dicen, y es literalmente de carcajada. Y no es una anécdota de algo más o menos chapucero por las prisas, porque es lo mismo que están repitiendo, más desarrollado, sus huestes de bloglandia. Va así:

Climate experts know that the long-term warming trend has not abated in the past decade. In fact, it was the warmest decade on record.

Y estamos en lo de siempre; la ciencia no disculpa la lógica. Y basta saber pensar para darse cuenta de que “la última década es la más caliente del registro” no dice nada respecto a si el calentamiento global se ha frenado, o no. Ni la tendencia de largo plazo nos dice nada respecto a lo que está ocurriendo ahora (por ejemplo de diez años atrás, en adelante).

Disculpad, ya sé que los habitantes de la plaza lo entienden sobradamente, pero he hecho un dibujito para que la peña del clima lo entienda: Representa una serie temporal, que podrían ser temperaturas globales entre 1880 y 2010 (en rojo, de Z a P). No es demasiado diferente de la realidad, si se suavizan mucho los vaivenes. Pero lo que importa es la idea de la barbaridad que están firmando.

Así que lo siento mucho por los sabios que son los únicos en entender de clima, pero no se puede entender de nada sin saber razonar. Y es estrictamente cierto en ese dibujo (y en la realidad) que el calentamiento ha disminuido en la última década (O -P). Otra cosa es que eso sea relevante o despreciable. Pero no lo puedes saber hasta más adelante, porque la línea de tendencia de Z a O no te dice lo que va a pasar. Después, cuando llegues a la derecha del cuadro, podrás preguntar: ¿Ha habido un cambio significativo en el calentamiento? ?Cuándo?

Y, dependiendo por dónde vayan las temperaturas en adelante (gris), se dirá:

  • línea A: No, no ha habido ningún cambio relevante en el calentamiento.
  • Línea B: Sí, la tase de calentamiento disminuyó notablemente en el punto O, respecto de Z – O.
  • Línea C: Sí, el calentamiento paró en el punto O
  • Línea D: Sí, el calentamiento paró en el punto O

Pero los sabios del clima no están contestando lo que tendría sentido – es demasiado poco tiempo para decir eso. Lo que haría que les pregunten cuánto tiempo es necesario. No, están afirmando algo que no puede saber nadie – el calentamiento continúa.

Y es peor, porque se han olvidado de contestar a la segunda parte de la pega del artículo original, que es la que tiene verdadera sustancia. Lo cosa era:

The lack of warming for more than a decade—indeed, the smaller-than-predicted warming over the 22 years since the U.N.’s Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC) began issuing projections—suggests that computer models have greatly exaggerated how much warming additional CO2 can cause.

Nada, ninguna mención a que hay menos calentamiento que el predicho por los modelos. En el mismo dibujo de antes, quedaría así. La predicción de los modelos, la línea rosa (M):

Porque si jugamos a fijarnos en la tendencia de largo plazo, entonces la línea gris fina de largo plazo no vale de nada, porque es un calentamiento que no le asusta a nadie. Y es obvio que costaría  mucho alcanzar esa línea rosa, y parece completamente improbable. La suya, la “predicción” que no se está cumpliendo, es la rosa. Y por supuesto tienen razón los 16, sí sabios, del primer artículo. Que nadie duda que saben que una década algo larga no es tiempo suficiente, pero que están señalando: ojo al dato, que esto no se está calentando como dicen.

La respuesta en este caso, en la misma línea de las anteriores, sería:

  • Sí, tiene toda la pinta de que en O hemos abandonado la línea rosa (M) de los modelos. Y coincide, casualmente, que los modelos los hicieron en el momento O, así que sabían lo que había pasado hasta entonces.

En resumen, estos “expertos” de la calentología, un poco caraduras ellos, están diciendo que lo que ha pasado en diez años y pico no vale, porque lo que cuenta es el largo plazo. Pero un largo plazo muy concreto; desde 1975 (y no desde 1950, 1925, ó 1900, o cualquier otra cosa). Y que “los diez últimos años son los más calientes” significa que se sigue calentando, aunque sea sobre una línea plana. Porque ellos son los que “saben”. Acojonante. ¿Cómo se come eso de “expertos” e irracionales?

Como decía, la gresca está siendo buena. Hay hasta estadísticos que se han animado a darles unas clases, ya a un nivel más elevado. Por ejemplo William M. Briggs:

No quiero dejar de poner la lista de los firmantes de la aberración, para su eterno oprobio:

  • Kevin Trenberth, Sc.D, Distinguished Senior Scientist, Climate Analysis Section, National Center for Atmospheric Research
  • Richard Somerville, Ph.D., Distinguished Professor, Scripps Institution of Oceanography, University of California, San Diego
  • Katharine Hayhoe, Ph.D., Director, Climate Science Center, Texas Tech University
  • Rasmus Benestad, Ph.D., Senior Scientist, The Norwegian Meteorological Institute
  • Gerald Meehl, Ph.D., Senior Scientist, Climate and Global Dynamics Division, National Center for Atmospheric Research
  • Michael Oppenheimer, Ph.D., Professor of Geosciences; Director, Program in Science, Technology and Environmental Policy, Princeton University
  • Peter Gleick, Ph.D., co-founder and president, Pacific Institute for Studies in Development, Environment, and Security
  • Michael C. MacCracken, Ph.D., Chief Scientist, Climate Institute, Washington
  • Michael Mann, Ph.D., Director, Earth System Science Center, Pennsylvania State University
  • Steven Running, Ph.D., Professor, Director, Numerical Terradynamic Simulation Group, University of Montana
  • Robert Corell, Ph.D., Chair, Arctic Climate Impact Assessment; Principal, Global Environment Technology Foundation
  • Dennis Ojima, Ph.D., Professor, Senior Research Scientist, and Head of the Dept. of Interior’s Climate Science Center at Colorado State University
  • Josh Willis, Ph.D., Climate Scientist, NASA’s Jet Propulsion Laboratory
  • Matthew England, Ph.D., Professor, Joint Director of the Climate Change Research Centre, University of New South Wales, Australia
  • Ken Caldeira, Ph.D., Atmospheric Scientist, Dept. of Global Ecology, Carnegie Institution
  • Warren Washington, Ph.D., Senior Scientist, National Center for Atmospheric Research
  • Terry L. Root, Ph.D., Senior Fellow, Woods Institute for the Environment, Stanford University
  • David Karoly, Ph.D., ARC Federation Fellow and Professor, University of Melbourne, Australia
  • Jeffrey Kiehl, Ph.D., Senior Scientist, Climate and Global Dynamics Division, National Center for Atmospheric Research
  • Donald Wuebbles, Ph.D., Professor of Atmospheric Sciences, University of Illinois
  • Camille Parmesan, Ph.D., Professor of Biology, University of Texas; Professor of Global Change Biology, Marine Institute, University of Plymouth, UK
  • Simon Donner, Ph.D., Assistant Professor, Department of Geography, University of British Columbia, Canada
  • Barrett N. Rock, Ph.D., Professor, Complex Systems Research Center and Department of Natural Resources, University of New Hampshire
  • David Griggs, Ph.D., Professor and Director, Monash Sustainability Institute, Monash University, Australia
  • Roger N. Jones, Ph.D., Professor, Professorial Research Fellow, Centre for Strategic Economic Studies, Victoria University, Australia
  • William L. Chameides, Ph.D., Dean and Professor, School of the Environment, Duke University
  • Gary Yohe, Ph.D., Professor, Economics and Environmental Studies, Wesleyan University, CT
  • Robert Watson, Ph.D., Chief Scientific Advisor to the UK Department of Environment, Food and Rural Affairs; Chair of Environmental Sciences, University of East Anglia
  • Steven Sherwood, Ph.D., Director, Climate Change Research Centre, University of New South Wales, Sydney, Australia
  • Chris Rapley, Ph.D., Professor of Climate Science, University College London, UK
  • Joan Kleypas, Ph.D., Scientist, Climate and Global Dynamics Division, National Center for Atmospheric Research
  • James J. McCarthy, Ph.D., Professor of Biological Oceanography, Harvard University
  • Stefan Rahmstorf, Ph.D., Professor of Physics of the Oceans, Potsdam University, Germany
  • Julia Cole, Ph.D., Professor, Geosciences and Atmospheric Sciences, University of Arizona
  • William H. Schlesinger, Ph.D., President, Cary Institute of Ecosystem Studies
  • Jonathan Overpeck, Ph.D., Professor of Geosciences and Atmospheric Sciences, University of Arizona
  • Eric Rignot, Ph.D., Senior Research Scientist, NASA’s Jet Propulsion Laboratory; Professor of Earth System Science, University of California, Irvine
  • Wolfgang Cramer, Professor of Global Ecology, Mediterranean Institute for Biodiversity and Ecology, CNRS, Aix-en-Provence, France

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