Como no es lo más frecuente, y como no es en lo que solemos participar, solemos olvidar que internet también sirve para hacer cosas. Sirvió, por ejemplo, para hacerse a ella misma. Los primeros pasos condujeron a los siguientes, pero estos segundos se dieron usando las herramientas que proporcionaban los primeros.

Pero hablamos de hacer cosas de una forma muy especial. Por de pronto sin necesidad de los intermediarios centralizadores hasta ahora inevitables. Y no menos importante, sin estar pendientes, de ser “comercial”, de “gustar”, de “vender”. Porque la gracia está en poder hacer lo que quisieras para ti, y no hay. No te importa un rábano si se vende cuando lo haces para ti. Y nunca haces algo con tanto mimo, ni tan bueno, como cuando lo vas a usar.

Todos los casos que he visto responden al mismo esquema. Una comunidad reunida en torno a un proyecto de hacer algo que quieren y la industria al uso no les da. Unos hacen la parte técnica, otros distribuyen, o traducen, o colaboran de otras formas, y todos lo gozan. Y suelen ser comunidades muy rotatorias, en las que van cambiando con frecuencia los que tiran del carro, que sigue avanzando con miembros renovados. Siempre para estupor y cabreo de “la industria”, la que sea en ese caso, a la que se le va poniendo cara de dinosaurio según la comunidad improvisada va teniendo éxito.

No conozco todos los casos que hay – seguro que son cientos. Solo sé de  aquellos en los que he participado. Dos éxitos rotundos y un robo. Linux, UPyD, y el derribo del cuento del IPCC. No tengo que explicar cuál es el robo. Pero hoy me ha llegado al alma la noticia de un caso muy espectacular. Como no sé nada del asunto, lo dejo en las palabras de su fundador, Hernán Casciari.

Sí, aun son excepciones. Y son muy difíciles. De cada muchas posibles, saldrán muy pocas. Pero apuesto a que cada vez habrá más, y en los campos menos imaginables. ¿Por qué no soñar que podremos ir aplicando esquemas así a todas las estructuras que nos joden porque tenemos que tragar con sus abusones?

Actualización. Una respuesta a Sefuela que ha quedado demasiado larga, y la planto aquí:

Hmmm, Sefuela no tengo el dato, pero apostaría a que la empresas (normales) que funcionan también son excepciones. Quiero decir que ha habido muchas más ideas e intentos de empresas que éxitos empresariales (en el más generoso sentido de “éxito”). También los gametos que acaban resultando en un organismo son una “excepción”, pero nadie desprecia por ello a los animales, las plantas, o los hongos. No suponen la mayor parte de la vida, pero sí la parte más interesante. Al menos desde nuestro punto de vista.

Y yo diría que lo estás mirando con los ojos de lo que he llamado “la industria”. No entiendo que sea “no éxito” el “hacerlo de pago”. Que sea gratis o de pago es completamente irrelevante para que sea éxito o no éxito. Lo que se trata es de que exista o que no exista, y de que sea la gente organizándose para hacer por sí misma algo complejo, que no se puede hacer individualmente, en vez de una corporación empresarial solucionando (o creando) los problemas de la gente. Y se trata también de que sea “libre”, pero no de que sea gratis. O sea, libre como en persona libre, no como en barra libre.

El ejemplo clásico es internet, surgido completamente al margen de la industria. Primero los milicos necesitaban un sistema descentralizado de transmisión de información, de forma que no les pudieran parar el flujo por atacar unos pocos centros clave. Y los universitarios que se lo crearon a los milicos se dieron cuenta de que tenían en sus manos el juguete más increíble que haya inventado la humanidad. La red de redes, sin límites. Así que empezaron a desarrollar funcionalidades para sacarle partido al prodigio. Para sacarle partido ellos mismos, para sí, quiero decir. Luego, pero muy luego, se apuntaron al carro los que le vieron posibilidades de sacarle partido económico al nuevo mundo.

El ejemplo que pones me recuerda a un momento determinado de la internet, cuando el mundo comercial empezaba a asomar la patita. El primer paso había sido el porno, que por supuesto no le molestaba a nadie. No recuerdo que nadie se mosqueara porque hubiera quien quería cobrar por proporcionar fotos de macizas y orgías, en vez de darlas gratis. Era un nicho muy marginal que no interfería ni estorbaba con la documentación y la comunicación “normal”. No había confusión, vaya. Pero de repente empezaron a entrar los “empresarios”, y podía ocurrir que estuvieras buscando documentación sobre el funcionamiento de una tarjeta gráfica en Linux, o sobre el comienzo de la caza de brujas en la edad media, y te tropezaras con el montaje de un gilipollas que quería vender cualquier chuminada. O peor, te podías encontrar en medio de la publicidad de una maldita marca de automóviles.

Fue un momento clave, en que muchos pensaron que la solución era dividir internet, desterrando al mundo comercial a su propio nicho. O creando un nicho no comercial, para “la gente”, protegido de la invasión. Hubo muchas propuestas muy serias al respecto. Yo creo que en buena medida el éxito de Google vino de ahí. Hacer un buscador no sólo bueno, sino no engañoso. <i>Don’t be evil>/i>. Fueron muy listos, y se acabó el problema. Ahora podían convivir el mundo del dinero y el mundo de la gente.

Volviendo a tu ejemplo, podríamos imaginar un lema. La información es (o debe ser) libre, pero casi nada es gratis. Si tú quieres pillar la información, digerirla y organizarla (sin eso no es información), sé libre de hacerlo. Pero no es gratis, porque te costará el esfuerzo de aprender a hacerlo, y el tiempo de llevarlo a cabo. También puede que haya alguien que te la de predigerida y preorganizada, a cambio por ejemplo de prestigio. Es muy raro que te la den digerida y organizada del todo, porque normalmente el esfuerzo que alguien está dispuesto a hacer a cambio del puro prestigio tiene sus límites, y además hay que ganarse los garbanzos. Así que ese sistema te costará menos esfuerzo, pero algún esfuerzo. Y aun así hay alguna excepción. Y finalmente puede que un empresario te venda la información suficientemente trillada como para que solo te cueste dinero.

Lo que existe ahora, y antes no había, es la herramienta para que una comunidad dispersa cree, mantenga y distribuya por ejemplo un servidor web (Apache) al que ni siquiera Microsoft le puede ganar.

O un sistema operativo para PCs (Linux) del que acaba naciendo el gran dominador (de momento) del mercado de “smartphones” (Android), también libre.

O una estructura científica y de comunicación paralela que desmonta el tinglado organizado por la unión de los principales gobiernos, empresas, y medios de comunicación del mundo.

A eso iba. A que si hay comunidades que se han podido quitar de encima monopolios como los de Microsoft, Apple, o el IPCC, da la impresión de que no hay nada que no se pueda conseguir.

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