Maleni

Ayer acudimos al aniversario de COVITE (colectivo de víctimas del terrorismo) en San Sebastián. Pese a que una vive en el País Vasco no deja de sorprenderse por cómo van las cosas a poco que uno se aparte de la propaganda oficial. Ayer hablábamos aquí de la “reconciliación”, sí esa pócima mágica de los últimos tiempos y, por la tarde, nos despertábamos a la realidad que nos van dejando los de los ungüentos. Nada para celebrar ciertamente.

Según nos decía el representante de Covite en la mesa, la situación de la asociación pende de un hilo toda vez que la subvención del Ayuntamiento de San Sebastian es posible que no se reciba.

Curioso hecho parece que todos los vascos hayamos de pagar euros a visitadores extranjeros y no podamos costearnos mantener la dignidad de nuestros vecinos a quienes debemos la nuestra también. Así estan las cosas y así nos las contaron.

La exposición de Carlos García, concejal del PP en el Ayuntamiento de Elorrio, fué muy diáfana en el sentido de apuntalar con hechos vividos en primera persona la relación de Bildu con las siglas del mundo de Batasuna. Parece tan obvio que sorprende que nos permitamos tener magistrados tan ajenos a la realidad, pensé yo. Felices y tranquilos en su torre de marfil mientras aquí abajo en el mundo de los mortales pintan bastos, es lo que vino a decir Carlos García.

A continuación ¡cómo no! el perdón. Y surgió el debate. A raíz de las últimas palabras del edil popular un interviniente, por cierto colega nuestro en militancia partidista, hizo una apreciación compartida por otros de los allí presentes. Y es que ¡cuidadín con eso de los arrepentimientos y exigencias de perdón!. En ésta línea las palabras de Consuelo Ordoñez fueron especialmente penetrantes: dejemos que eso sea del espacio privado y ocupémonos de lo público, aplicación de la ley. Sus argumentos parecen muy comprensibles, los únicos que estarían facultados para perdonar serían los asesinados. Sus familias han de hacer lo que crean conveniente pero “convivir en paralelo”, nada de verse obligados a establecer lazos con los victimarios.

Dio su testimonio la esposa de un policía asesinado en 2003 cuya autoría aún está sin esclarecer y sostuvo que no ve interés oficial en que la investigación siga adelante.

A continuación, se proyectó un debate en pantalla en el que algunas víctimas departían con otros sobre aquello que consideraban más importante de cara a acabar con la lacra del terrorismo. Solidaridad con las víctimas, no equiparación de víctimas con verdugos y que ante cualquier fin de ETA existan vencedores y vencidos.

La jornada concluyó con la intervención del sacerdote Tamayo especialmente incisiva en la denuncia. Denuncia a la actitud infame de los políticos que han colado a los amigos de los terroristas en las instituciones, denuncia a la sociedad que mira para otro lado ante un régimen de ultranacionalismo al más puro estilo del nacionalsocialismo y denuncia a la Iglesia guipuzcoana, cuyos prelados siguen sin pronunciarse sobre éste horror cotidiano. Dijo que ésta situación sólo se perpetúa mediante la mentira y la ocultación y que quienes mantenemos una actitud de rechazo sólo tenemos un futuro en el País Vasco: existir es resistir.