Álvaro Orozco

Hola

Saludos y felicitaciones por el blog.  Estoy interesado en publicar un su blog el primer capítulo de mi libro:

Este capítulo tiene un presentación general del tema y se puede ver en el link de arriba.

Cordial saludo.


Nota [PM]: Ando con prisa, y no puedo cuidar mucho el formato, más que copiar y pegar de un documento de “word”. Disculpad si no queda muy bien.

Añado la reseña de Amazon, y me atrevo a pedir a los primeros que lo lean que hagan un comentario en la web de la editorial. Siempre ayuda. 😉

Es difícil creer que apenas en noviembre de 2009 existía tal ánimo cultural y político alrededor del cambio climático, que se vaticinaba la mudanza a nivel mundial de las costumbres que jalonan el anhelo de la humanidad hacia un mejor estar, basados en el ascenso socioeconómico. Se esperaba entonces con ansias la llegada a la Cumbre de Copenhague de los líderes mundiales a tomar las decisiones que cambiarían el mundo, imponiendo gravosos impuestos al consumo de los combustibles fósiles para obligar a su sustitución por fuentes de energía limpias, rebajando de paso el nivel de vida de todo la humanidad (exceptuando los pocos que se beneficiarían enormemente de este cambio), e impidiendo el acceso de la mayoría de la población mundial a la clase media, principalmente en China e India. Todo por salvar el planeta del terrible holocausto que sería ocasionado por el calentamiento global causado por el hombre. En esas ocurrió un evento anodino, poco reconocido oficialmente y minimizado por la prensa global: el Climagate. Y todo se desinfló silenciosamente…

El autor efectuó una extensa investigación sobre el cambio climático, sus fundamentos científicos, y sus ramificaciones económicas y políticas, cuyo resultado es este libro que explica de manera clara y objetiva, las ciencias y la historia detrás de bambalinas del calentamiento global antropogénico, con numerosas referencias. De este modo el lector se podrá formar una opinión propia sobre este tema de importancia mundial, y valorar por sí mismo la magnitud del cambio de paradigma que viene ocurriendo de manera casi silenciosa.



Climagate: un escádalo silencioso

1 INTROITO

La Ciencia no se hace con consensos. Michael Crichton.

La Ciencia se expresa en números. Lord Kelvin.

El 24 de mayo de 2006 se lanzaba en Nueva York, en el Sundance Film Festival, el documental dirigido por Davis Guggenheim “Una verdad incómoda”, que presenta la lucha del ex-vicepresidente estadounidense Al Gore para educar el público sobre la gravedad del calentamiento global antropogénico (CGA), es decir el calentamiento causado por las actividades del hombre sobre la Tierra. El éxito de la película fue inmediato y su presentación en teatros y televisión por cable llevó al otorgamiento del Premio Oscar de 2007 en las categorías de Mejor Documental y Mejor Canción Original. Además contó con unos ingresos totales de US$ 49 millones, convirtiéndose en el 5o documental de más éxito económico en la historia del cine.

El filme contribuyó extraordinariamente a la promoción política del protocolo de Kioto, creado, entre otras cosas, para controlar el calentamiento global antropogénico mediante la aplicación de impuestos onerosos a los combustible fósiles (gasolina, diesel, gas natural), y así favorecer su sustitución por fuentes de energías “limpias” (tales como la energía solar, la eólica, los biocombustibles e incluso la energía nuclear). En el documental también se promueve la disminución del consumo de energía con el cambio de las conductas consumistas, que tendría el efecto neto de bajar el nivel de vida de la población, y de este modo disminuir el consumo de combustibles fósiles. En el mensaje, claro y contundente, se explicaba los fundamentos “científicos” del CGA, cuyas consecuencias sobre el planeta serían, entre otras: el descongelamiento de las capas polares y los glaciares, aumentando el nivel del mar y quizás inundando enormes zonas costeras habitadas; los aumentos en la precipitación con concentración 

de picos en primavera y en las estaciones lluviosas de los climas cálidos; el desplazamiento de los hábitats de diferentes especies, entre ellas, las de vectores de enfermedades como el dengue y la malaria que se extenderían a zonas antes vedadas, etc. Esta visión apocalíptica a menudo se conoce como el Calentamiento Global Antropogénico Catastrófico (CGAC). El impacto del documental sobre el público fue de gran magnitud y concluyó con el otorgamiento a Al Gore del Premio Nobel de La Paz de 2007, compartido con el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), establecido en el año 1988 por la Organización Meteorológica Mundial  y el Programa Ambiental de las Naciones Unidas. El objetivo del IPCC ha sido evaluar el riesgo del cambio climático originado por las actividades humanas. Vale anotar que el premio Nobel de la Paz es del resorte político, no científico como los premios Nobel de Física, Química y Medicina.

No podía entonces conjeturarse que, un par de años más tarde, para admitir la presentación del documental en los salones de clases del Reino Unido, un juez británico ordenaría una explicación fundamentada de nueve errores científicos que favorecían la posición política de Gore frente a la ciencia establecida (es decir que requiere poca discusión científica adicional salvo en los detalles). Sin embargo, la sentencia del juez británico se refería como “ciencia establecida”, a la teoría que apoya el Calentamiento Global Antropogénico, en la actualidad gravemente cuestionada y en búsqueda de un nuevo paradigma debido principalmente al escándalo conocido como Climagatei. Resultó, entonces, que el documental en vez de ser de carácter científico, como lo presumían los espectadores, era esencialmente de carácter político. Y que además, Gore malinterpretó una ciencia de la que ahora se afirma que se fundamenta en datos climáticos manipulados, con la intención de promover un calentamiento global antropogénico simulado.

El Climagate  se originó con la sustracción de emails a la Climatic Research Unit (CRU) de la Universidad de East Anglia (NorwichInglaterra) ocurrida el 17 de noviembre de 2009,  cuando uno de sus servidores  sufrió un hacking según la versión oficial del CRU o, lo más probable, fue una filtración obtenida con la colaboración de un informante interno. Los escépticos del CGA encontraron en los emails las pruebas que aparentemente demuestran, como lo venían sosteniendo, la colusión de parte de los científicos pro-CGA para manipular datos en favor de la teoría del cambio climático antropogénico, y para mantener a los científicos contrarios a esta teoría fuera de la literatura de revisión por pares -que rige la selección de artículos científicos publicables- y así poder presentar una teoría discutible como si fuese una verdad irrefutable y sin oposición seria, es decir, una “ciencia establecida”. La lectura cuidadosa de los emails filtrados, posteados en la página http://www.eastangliaemails.- com/index.php, permite evaluar con detenimiento y alarma el alcance de la conspiraciónii.



Desde la ocurrencia del Climagate, el establecimiento científico, las universidades, los centros de investigación y la prensa mundial, han estado tratando de minimizar lo descubierto. En la prensa en español sólo muy esporádicamente se ha mencionado el tema en tono menor. Pero los emails develan una gran conspiración entre científicos de importancia global para falsear datos, y además: impedir la publicación de investigaciones contrarias al CGA; imposibilitar el acceso a la información y a los datos sin procesar a los investigadores considerados escépticos; cambiar la presentación de resultados; atacar de manera siniestra a los contradictores del cambio climático; sacarlos de sus posiciones en las mesas directivas de las revistas científicas; contravenir todas las reglas de la revisión por pares, y demás cosas que el lector conocerá en la medida que lea el presente trabajo. La impresión del autor en el momento fue que, como varios acontecimientos del tipo Watergate, gota a gota, el Climagate terminaría finalmente sembrando un manto de duda generalizado sobre el CGA, cosa que de hecho ha venido ocurriendo, dada la enormidad y gravedad de las evidencias.

The Pennsylavania State University (Penn State), es la institución en la que funge Michael Mann como profesor y director del Earth System Science Center. Mann es el creador de la renombrada y ahora cuestionada curva del “palo de hockey”, uno de los íconos más importantes del calentamiento global, hoy en el ojo del huracán, del Climagate. Esta gráfica que fue mostrada por Gore como prueba “incontestable” en su documental, sirvió de portada del “WMO statement on the status of the global climate in 1999” y también fue aporte principal para el Third Assesment Report del IPCC (2001)iii. Ver Figuras 1.1 y 2.1. La curva fue obtenida de lecturas reales de termómetros en todo el planeta entre 1856 y 2001, y de mediciones indirectas entre 1000 y 1980 a través de indicadores conocidos como proxy, tales como mediciones en los anillos de los árboles, en los corales, en las burbujas atrapadas en núcleos de hielo perforados en el Ártico, etc. Aunque en ese momento se sabía que no es científicamente aceptable combinar registros de temperaturas reales con mediciones indirectas a través de proxy, pues se cambia la métrica, lo cierto era que no se escuchaba a los que osaban contradecir a los chamanes más célebres de la ciencia climática, quienes controlan las mesas de editores de las revistas científicas, los centros de investigación, y los fondos para investigaciones.

Desde hace unos años, gracias a la magia de la banda ancha en la Internet y los innumerables libros, blogs, películas, los miles de documentos científicos (incluyendo artículos de journals con revisión por pares) y bases de datos disponibles en la red, es posible efectuar una investigación completa del Calentamiento Global y sus diferentes interpretaciones sin requerir otros medios de investigación. Incluso se pueden adquirir a través de la red, importantes herramientas como el EdGCM, programa de modelación del clima global que ofrece la NASA y que puede ser bajado directamente de una página web (http://edgcm.columbia.edu/). Este programa es de uso cotidiano entre los científicos del clima para modelar diferentes escenarios del CGA. En ocasiones el computador personal (PC) del autor del presente libro requirió trabajar sólo 24 horas continuas 

para obtener el resultado de una modelación, que antes requería semanas de toda la potencia de un mainframe (una computadora grande, potente y costosa usada principalmente por una gran compañía o institución para el procesamiento de una gran cantidad de datos).

Los interesados en el tema pronto descubrirán que hay dos tendencias radicalmente opuestas: los que “creen” en el Calentamiento Global Antropogénico Catastrófico, también denominados alarmistas o pro-CGAC, y los escépticos o anti-CGAC, que no aceptan que la mayor parte del calentamiento global actual tenga origen en las actividades humanas, ni que las magnitudes y consecuencias sean las que predicen los Modelos de Clima Global (MCG) endorsados por el IPCC.

Existe una guerra sin cuartel que se libra en la blogosfera con la participación de los miembros más prominentes de ambos bandos. Los dos blogs más representativos de las corrientes son Real Climate (http://www.realclimate- .org/) editado por los más prestigiosos científicos

Figura 1.1: Curva del palo de hockey presentada en la portada del documento WMO No 913 (Organización Meteorológica Mundial). Nótese el incremento de temperatura mostrado en los últimos años por las mediciones de termómetros. Además de la curva de Mann, aparecen las gráficas de Jones y Briffa, mostrando un aparente consenso científico en el tema (los tres están gravemente implicados en el escándalo del Climagate)

promotores del CGA, miembros del IPCC y científicos de la NASA/GISS, y Climate Audit (http://climateaudit.org/),de Stephen McIntyre, un matemático y economista retirado, ex-empleado de negocios de minería, inicialmente completamente subestimado por los alarmistas por no ser académico. La magnitud de los ataques que le hicieron los pro-CGA lo obligaron a asociarse con Ross McKitrick, en ese entonces profesor de economía de la Universidad de Guelph en Ontario -Canadá-, para legitimar sus requerimientos de datos al IPCC y otros centros de investigación como el CRU, ahora endorsados por un académico. Bueno, McIntyre es el principal oponente de los alarmistas y fue contribuyente esencial para crear el ambiente que propició el 

Climagate, causante principal del descalabro de la cumbre de Copenhague (conocida como COP15), y de la caída de la credibilidad de la opinión pública en EEUU, el Reino Unido, la Unión Europea en general, Australia y otros países protagónicos en el control del ahora llamado Cambio Climático. Una de la últimas víctimas del desinfle silencioso y poco publicitado del CGA fue el cierre de las transacciones de los Bonos de Carbono que se comerciaban en la Bolsa del Clima de Chicago (Chicago Climate Exchange, CCX) al caer a US$ 0,05 el valor la tonelada de CO2iv(ver Figura 1.2). McIntyre, un año después del Climagate, está clasificado por el periódico izquierdista británico de New Statemanv como el número 32 entre las 50 personas más influyentes del planeta en el 2010. Lo que demuestra que no hay enemigo pequeño.

Últimamente ha surgido otro blog muy destacado, Climate Etc, de propiedad de Judith Curry, de gran influencia debido a que la muy respetada catedrática es Chair de la School of Earth and Atmospheric Sciences at the Georgia Institute of Technology, asesora de la NASA y del NOAAvi, fue miembro principal entre los climatólogos del IPCC y ahora se convirtió en una de sus principales detractores. Eso le ha ganado el repudio de numerosos colegas que apoyan al IPCC que la califican de “hereje”, a pesar de que ella apoya el CGA pero no cree que esta sea una ciencia establecida, ni que las proyecciones de los modelos de calentamiento global sirvan para hacer predicciones creíbles del clima, ni mucho menos para implementar costosísimas políticas de control del cambio climático. Ella está empeñada en crear un puente de discusión común entre alarmistas y escépticos para propiciar una discusión amplia y enriquecedora del cambio climático, en lugar de la guerra verbal y a veces sucia que se desarrolla actualmente en la blogosfera.

Un comentario antes de proseguir: los escépticos aceptan que actualmente existe un calentamiento global (es obvio que sí, como se observa del registro instrumental de temperatura desde 1850 en la Figura 2.4, y que alcanza el valor 0,7o C de aumento en los últimos 150 años), sino más bien niegan que éste sea causado principalmente por el hombre, y en realidad corresponde principalmente a variaciones cíclicas naturales. Y afirman que no es posible proyectar el clima con la exactitud pretendida por los Modelos de Clima Global. Además, existe un buen número de científicos de talla mundial, entre ellos el conocido físico teórico de Princeton Freeman Dyson que piensan que, en lugar de ser catastrófico, un aumento del CO2 es benéfico para las plantas, y que un par de grados adicionales de temperaturas convendría al planeta más que perjudicarlovii. Los escépticos afirman que el Calentamiento Global Antropogénico Catastrófico es principalmente una fabricación de un cierto número de instituciones verdes con agenda política ayudados por un grupo de científicos que han impedido una discusión amplia y honesta sobre la materia, y que políticos y ciertos empresarios están aprovechando el alarmismo alrededor del calentamiento global para tratar de cambiar el orden mundial y enriquecerse de paso.



En los emails del Climagate resultaron implicados numerosos científicos pro-CGA, principalmente Mann de Penn State, y Jones y Briffa del CRU. A través de la filtración de emails, se supo que Mann estaba muy preocupado en censurar las investigaciones de los escépticos e impedir que fuesen incluidas en revistas científicas. Escribió en uno de ellos que los “escépticos parecen haber efectuado una toma de Climate Research”viii y sentía que, en consecuencia, se debía desalentar a cualquier investigador de enviar trabajos a la revista para su publicación. Jones por su parte, protagoniza lo más prominente en muchos de los email, a menudo discutiendo cómo bloquear las peticiones de FOIA (Ley de la Libertad de Información) de científicos escépticos. En un mensaje dice: “pienso que suprimiré el archivo antes que enviarlo a una persona cualquiera.” Además fue quien expresó que había que usar “el truco usado por Mike [Mann] en [la revista] Nature de añadir las temperaturas reales de cada serie… para esconder la caída [de la temperatura]”, en el famoso email “hide the decline”. Briffa por su parte, a pesar de ciertos recatos de conciencia iniciales, accedió a “esconder la caída” de temperatura que mostraba su curva a partir de 1960, preparada con mediciones de temperatura con el uso de proxies. En el resto de los capítulos se analizan en más detalle particularidades de los emails.

La principal característica de los alarmistas que apoyan el CGA es que consideran que el calentamiento global es causado esencialmente por el CO2 de origen humano, producido con la utilización de combustibles fósiles, y que su solución es la sustitución y disminución del uso del carbón y los derivados del petróleo, promoviendo cambios en los estilos de vida consumistas, base de las políticas del IPCC. Por ello, es que consideran enemigos a los partidarios de la geoingenieríaix, quienes aceptan el hecho del calentamiento global antropogénico, pero proponen su solución a través de técnicas de ingeniería, cientos de veces más económicas que el proyecto de sustitución de combustibles fósiles. En otro capítulo se elaboran de manera más completa estas ideas. Por ahora, basta explicar que el costo del control del calentamiento global de origen humano por sustitución de los combustibles fósiles es estimado por Nichola Stern en alrededor de 1,2 trillones de dólares (US$ 1’200.000’000.000) por año, durante los próximos 50 años. El PIB mundial en 2008 fue del orden de 60 trillones de USD anuales (ver https://www.cia.gov/library/-publications/the-world-factbook/geos/xx.html), o sea que el control del calentamiento global por los métodos alarmistas, costaría el 2% del PIB mundial de los próximos 50 años. A modo de comparación, un método de geoingeniería conocido como el Manto de Budyko, propuesto por Intellectual Ventures, es de USD 250 millones por añox, es decir el 0,03 % del costo del programa del IPCC. Es claro entonces que en este asunto existen enormes intereses económicos y políticos.

Cuando ocurrió el Climagate en noviembre del 2009, mucha gente entendió que se trataba de un acontecimiento extraordinario, de esos que Nassim Taleb clasifica como cisnes negros en su libro del mismo nombre. Un cisne negro es un evento impredecible, de gran impacto y extremadamente improbable, como la fundación de Google o el atentado del 9/11. Según Talebxi, 

nuestro cerebro está hecho para ver más orden del que realmente hay. Y aunque esto pudo ser de mucha ayuda para nuestros remotos antepasados, no nos sirve de mayor cosa a la hora de predecir en el mundo complejo de hoy, por ejemplo, una drástica caída de los precios accionarios.  O el derrumbamiento de una teoría científica que se creía firmemente establecida, la del calentamiento global antropogénico, por un evento casi fortuito, el hacking o la sustracción de unos emails de un centro de investigaciones, que nadie por fuera del campo de la climatología conocía. Según Taleb, estamos programados para crear historias simples sobre fenómenos muy complejos de modo que terminamos falseando la realidad. El resultado de esto, es que perdemos control y nos volvemos incapaces para predecir cualquier anomalía estadística. 

Por otro lado es importante traer a colación la insistencia de Rajendra Pachauri (presidente del IPCC) y de Al Gore, en que existe un “consenso generalizado” entre los científicos, de que el CGA es una ciencia establecida, incluida la metodología de recolección de firmas en seminarios. De ahí el primer epígrafe de este capítulo. Cabe explicar que Rajendra Pachauri no es, como se podría suponer, un experto climatólogo, sino un avezado hombre de negocios vinculado inicialmente a la industria del petróleo y los ferrocarriles, y hoy, a los negocios de los bonos de carbono. Al Gore, por su lado, es Presidente de la Junta Directiva de Generation Investment Management, y su CEO es David Blood (antes de Goldman Sachs, el banco de inversión rodeado de escándalos relativos al crack financiero del 2008). Esta firma, especializada en riesgos y oportunidades económicas y ambientales, a su vez posee el 10% del Chicago Climate Exchange (CCX), que a su vez tiene el 50% del European Climate Exchangexii. Curiosamente, el presidente de EEUU Barak Obama fue miembro de la Junta Directiva de la Joyce Foundation que financió la creación de la CCX. El valor de los bonos de carbono que se transaban en la bolsa del clima de Chicago se fue a pique (ver Figura 1.2) debido a que el desinfle de favorabilidad del CGA por parte de la opinión pública hace imposible continuar con la agenda de control de los combustibles fósiles vía impuestos, lo que determinó la salida de la bolsa de esta producto. Evento reciente que pasó desapercibido para la gran prensa. Vemos pues que la política, las finanzas y el CGA están estrechamente ligados, y que muchos climatólogos, según Judith Curryxiii, sólo han sido peones manipulados por el IPCC y el Programa Ambiental de las Naciones Unidas con el objeto de imponer la agenda supranacional del CGA.

Lo cierto es que la ciencia nunca se ha hecho por consenso. La naturaleza se comporta de modo que para nada interesa lo que piensen reyes, papas, gobernantes y filósofos, o incluso algunos científicos del área. La ciencia se hace con números (segundo epígrafe), y sólo a través de datos que reproduzcan los fenómenos de la naturaleza se pueden proponer teorías que, además, deben permitir hacer predicciones acertadas de fenómenos no incorporados en la deducción de la teoría, para pasar, después de muchas discusiones, a ser ciencia establecida. Además, según Popperxiv, para que una teoría se convierta en Ciencia, debe existir un procedimiento por el cual se pueda demostrar que es falsa o verdadera. La teoría del CGA, sólo se podría comprobar cuando el 

calentamiento realmente ocurra (por allá dentro de 50 años), cuando todos los promotores actuales estén muertos. ¿Y si no fuera a ocurrir?

Las teorías científicas son generalmente propuestas por un científico, para después ser corroborada y ampliada por muchos otros científicos. La primera publicación de Einstein sobre la Relatividad fue hecha en el año de 1905, y el premio Nobel de Física lo recibió en 1921 por el “Efecto Fotoeléctrico”, un fenómeno de la esfera de la mecánica cuántica, no de la Relatividad. Todo ese tiempo, y más, se tomó la aceptación de su teoría.

En todo caso, la ciencia nunca se ha hecho con procesos de votación o recopilación de firmas en seminarios y congresos, metodología utilizada por el IPCC como veremos enseguida. Así se hace la política. Por tanto, llama la atención que la comunidad pro-CGA haga tanto énfasis en la adjudicación del premio Nobel de la Paz en 2007 a Al Gore y el IPCC. Este Nobel es un premio político, no científico. No es equivalente al premio Nobel de Física o de Química, y se lo ganan personajes muy meritorios, pero no por su ciencia, como la madre Teresa de Calcuta, el presidente Barak Obama, Jimmy Carter, Rigoberta Menchú Tum, Yasser Arafat y Nelson Mandela.

No es de extrañar entonces, que la saga de emails revele que las materias políticas hayan distraído a los científicos cada vez más. Por ejemplo, un científico alemán, Joseph Alcamo, cuando conducía la conferencia del clima de Kioto en 1997, presionaba a Mike Hulme, entonces en el CRU y ahora profesor del cambio climático en la universidad de East Anglia, para que inscribiera una lista con nombres de científicos para una declaración oficial sobre los peligros del cambio climático. Decía (email 876437553.txt): “Pienso que la única cosa que cuenta son los números. Los medios van a decir que 1.000 o 1.500 científicos firmaron. Nadie va a comprobar si sólo 600 tienen PhD contra 2.000 que no lo tienen. Mencionarán los prominentes, pero eso es una historia diferente.” Así es como se ha obtenido el consenso del calentamiento global antropogénico, como “ciencia establecida”xv.



Figura 1.2: Caída del valor de la tonelada de CO2 transada en la Bolsa del Clima de Chicago (CCX).xvi

Fuente: http://wattsupwiththat.com/2010/12/16/chicago-climate-exchange-fail-now-california-opens-pacific-carbon-exchange/

Con el paso de los días, el Climagate se ha ido ramificando a otras instituciones y países, y a otros temas del CGA. La GISS/NASA, según se revela a través de los emails obtenidos por Judicial Watch gracias a una solicitud de FOIA, también parece comprometida en la manipulación de datos del clima, según se verá en el siguiente capítulo. Además, Rajendra Pachauri, presidente del IPPC, reconoció que la afirmación de que la probabilidad de extinción de los glaciares del Himalaya por el año 2035 era “muy alta”, no tiene base científica y pidió disculpas. Y parece que errores similares en reportes del IPPC sobre el anquilosamiento de las selvas Amazónicas, y otros, se basan en propaganda de la WWF (World Wildlife Fund), una institución “verde” con agenda propia. Por el contrario, un reciente artículo de Carlos Jaramillo et al (28 autores más) publicado en la revista Sciencexvii determinó que a principios del Eoceno, las temperaturas dieron un salto de 3 a 5 ° C. Según el IPPC tal salto debería ser malo, especialmente para las regiones que eran cálidas. Sin embargo, los autores de este artículo encontraron que la vida en esa época comenzó a florecer y hubo una explosión de la biodiversidad.

Para terminar, es importante explicar que la UNFCCC (Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, por sus siglas en inglés) es la entidad de la ONU que está dando la batalla política, con la colaboración “científica” del IPCC, para promover el control de los combustibles fósiles dentro del marco del Protocolo de Kioto. Sobre el éxito de su labor, la respetada científica pro-CGA Judith Curry, de Georgia Tech, un año después del Climagate dicexviii:

La guerra política sobre si el cambio climático antropogénico va a ser el principal conductor de la política energética global se acabó. Sí, todos están de acuerdo que necesitamos una nueva política energética, y 

que la energía verde limpia es deseable. Además, la gente reconoce que hay una creciente necesidad de reducir la vulnerabilidad a temperaturas y fenómenos climáticos extremos. Pero parece que el cambio climático no va a ser el controlador primario de la política energética mundial; la UNFCCC está perdiendo la guerra“.

Y el escándalo crece…

i En inglés es Climategate.

iii El trabajo de Mann está también referido, junto con el de Jones y Briffa, en el Fourth Assessment Report del IPCC del 2007 (AR4), santo grial de la ciencia AGW.

vi NOAA: National Oceanic and Atmospheric Administration, USA.

viii Esta y todas las otras citas literales que aparecen entre comillas y con “un tipo de letra diferente” son traducciones libres del autor del inglés. Para una confrontación más objetiva por parte del lector, se citan los textos originales en la página de la nota 2.

ix Geoingeniería: Es la modificación deliberada a gran escala del medioambiente de la Tierra para “ajustarse a las necesidades humanas y promover habitabilidad”. Típicamente el término es utilizado para describir intentos de contrarrestar los efectos de los cambios climáticos inducidos por el hombre. 

x Ver SuperFreakonomics, de Levitt y Dubner (2009).

xi Nassim Taleb (2007), “The black swan: the impact of the highly improbabable”.

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