Al final había que hablar de Steve Jobs. Petición de “V”. Pero mejor dejar pasar algún tiempo y dar la oportunidad de que escampe el torrente de panegíricos. Además, la reseña que está circulando sobre la próxima biografía que va a publicar Water Isaacson da una oportunidad perfecta.

Según cuenta la obra, Jobs estaba obsesionado por destruir Android, por “robarle ideas”. Que es lo que hizo él con Xerox al sacar al primer MacIntosh con un sistema de ventanas, o con Kane Krammer al sacar el iPod [–>]. Curiosamente sus dos éxitos principales, antes del iPhone.

Dedicaré hasta mi último suspiro si lo necesito, y voy a gastar cada centavo de los 40.000 millones de dólares que Apple tiene en el banco para corregir ese mal. Voy a destruir Android porque es un producto robado. Estoy dispuesto a ir a una guerra termonuclear.

Es el problema que tenemos con las actuales leyes de propiedad intelectual. Robando ideas, y mejorándolas, es como avanza el mundo. Las ideas son como el aire que respira el progreso. Y lo normal es que surjan con relativa independencia del cerebro en el que surgen. Si no es en uno, será en otro. Y aproximadamente en la misma época, porque las ideas cabalgan sobre las olas que hacemos entre todos. Son, en buena medida, un bien público, un bien social. Y el  ejemplo podría ser el idioma; ¿se pueden patentar significados?

Richard Stallman tiene una personalidad tan poco atractiva como la del mismo Jobs, y la despedida que le dedicó es ciertamente inadecuada. La diferencia entre ellos es que uno hace dinero y el otro tiene razón, aunque se pase:

Steve Jobs, el pionero de las computadoras como lindas jaulas diseñadas para quitarles la libertad a los tontos, ha muerto.

Añade que lamenta su muerte, pero que no lamenta que se haya ido, porque merecemos el fin de su maligna influencia en nuestra informática [–>]. Y tiene su punto con el ejemplo de Android. Es un sistema simplemente maravilloso, que te da todo lo que te da el Ios del iPhone de Jobs, sin quitarte la libertad ni tratarte como a un tonto. Y mejora al Linux del que nació en el sentido de no dar trabajo. Tal vez de ahí viniera el odio africano del chico de la manzana. Cabe la esperanza de que sus sucesores sean un poco menos fanáticos. El mundo sería mejor sin esa maligna influencia, como dice Stallman.

¿Era un genio? Seguramente. Cualquiera que destaque tanto debe serlo, en alguna medida. Pero, ¿un genio de qué? Sobre todo del diseño, y de las ventas. Hacía buenas máquinas, para el que le guste estar encerrado en una jaula. Y supo mantener cautivo a un nicho posh del mercado mucho tiempo después de que el mundo le diera la espalda a su filosofía de un ordenador personal.

Me ha parecido interesante la visión de Martín Varsavsky, fan de Apple, de las personalidades opuestas de los dos “malignos” de Stallman. Bill y Steve. Yo, al contrario que él, estoy en contra de los productos de ambos, pero apuesto a que coincidiría en su apreciación personal:

En cualquier caso, secuestradores de ideas ambos. A menudo ajenas. Y por supuesto de la libertad, con la disculpa de que eres tonto.