Álvaro Ballesteros

Menuda coña marinera lo de Don Rodríguez y la OTAN. Del ridículo de la cumbre de Bucarest en 2008 al anuncio sorpresivo de que España se integra en el club de estados aliados que permiten la instalación en su territorio del sistema antimisiles de la Alianza Atlántica. Y nada menos que aumentando el número de tropas estadounidenses desplegadas en España.

A mí, ¿qué quieren que les diga? Me parece una buena idea. Primero porque creo firmemente que la OTAN es una de las pocas organizaciones internacionales que funcionan medio bien. Segundo porque todo lo que sea integrar a nuestro país más en la Alianza de las democracias occidentales (frente a los proyectos del trío Zapatero-Moratinos-Jiménez de abrazarse con todos los dictadores del planeta) me parece positivo. Tercero, porque creo que participar en el escudo antimisiles refuerza la seguridad de nuestro país y de los aliados. Cuarto, porque ya era hora de dejar de hacer el ridículo internacionalmente. Y quinto, porque al final de su yermo mandato, Zapatero ha venido a darle la razón a la política atlantista de José María Aznar.

Hasta ahí, a mi parecer, todo bien. Lo que es una vez más la monda es la explicación que se le da a la Nación sobre el por qué de esta nueva y sorpresiva decisión política zapateríl.  Ni debate informado, ni explicaciones de la (patética) Ministra de Defensa, ni acuerdos parlamentarios, ni leches. Esto es lo que hay, a escondidas y en base a unos razonamientos tan pueriles que dan pena.

Sí, damas y caballeros, porque Zapatero ha decidido que España se convierta en el socio número 4 de la OTAN (tras Turquía, Polonia y Rumanía) que acuerda participar en la instalación del sistemas antimisiles aliado basándose en el glorioso e histórico razonamiento de que ello va a dejar mil puestos de trabajo en Cádiz. No me digan que es para reír por no llorar.

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