Lanza mensajes de amor, y los recibe. El problema es que el recipiendario de su amor resulta un poco asquerosito, el momento de su proclamación de amor -a punto de una elecciones perdidas- es una canallada, y sus palabras de amor hacen vomitar.

El País ha tenido la amabilidad – o el sadismo – de hacer disponible el discurso de amor del cenutrio. En PDF: Carta de amor de Pachindacari a ETA. Hay que echarle valor, paciencia y mucho estómago para leerlo. No lo recomiendo. Por eso pondré una radiografía, para evitar la necesidad de la lectura completa.

En las 56 páginas del tocho sólo figura la palabra justicia dos veces. Una vez, referida a la ayuda pública a los bancos, y la otra referida a la reforma fiscal. No aparece la idea de justicia ni una sola vez en la parte en la que habla del terrorismo, que es la madre del cordero del discurso.

Para López, el terrorismo no es un problema de justicia, sino un problema de ciclos. Lo menciona varias veces, siempre bajo esta forma:

La concordia es la voluntad de todos de poner fin al ciclo terrorista y de unir a la sociedad vasca, superando divisiones internas, y acordando las bases de una nueva convivencia.

Incluso se toma la molestia de explicar por qué ha habido un “ciclo” terrorista. Lo empezaron los malos, bajo la forma de la dictadura de Franco. En el resto de España se superó medianta la transición. Que no fue algo como darle a un botón, y ya está; sino que llevó un tiempo y un esfuerzo. Desgraciadamente, en una aldea de irreductibles galos el asunto ha resultado más largo, y el ciclo ha tenido terrorismos de varios signos. Es la hora de la concordia, la paz y el amor; y con ellos, superar el ciclo también en esa perdida aldea de la Galia. El terrorismo ha terminado.

Bildu, objeto de amor correspondido, está que no se lo cree, y no sabe cómo contener el ímpetu de su entusiasmo.

Va en la buena dirección.

Como no se controlen, nos van a ofrecer una orgía en público.

Pachindacari no se molesta en preguntarse por qué en ciertas aldeas galas el ciclo ha de ser más largo que en los sitios normales. Ni por qué más de 800 asesinados, e incontables extorsionados y exiliados. Eso deben ser cosas de los ciclos, cosas de la naturaleza, cosas de la suerte o mala suerte. Y en general, un asunto que no tiene la menor relación con la justicia, palabra de atronadora ausencia.

Es, fundamentalmente, el discurso actual de ETA. Venga, chavales; nosotros dejamos de mataros, y vosotros dejáis de señalarnos como asesinos. Y en el chambalache, discutimos, no la existencia de una nación Vasquilandia (con derechos por encima de los derechos de sus habitantes), sino la forma en que la vamos a sustanciar.

Vale, Pachi. Todo esto es muy bonito, y no es una utilización política del terrorismo – justo antes de unas elecciones en las que no sabéis qué conejo sacar de la chistera. Tú no eres el escudero de Faisán El Veraz, y los niños vienen de Paris. Pero ya lo siento; el objeto de tu amor sigue siendo tan asqueroso como era hasta ahora, y tus palabras de amor son vomitivas.

¡Ah!, y una cosa que me olvidaba, Pachi. Vender “la paz” no es ninguna originalidad tuya.  Es muy típico de muchas dictaduras. Sin ir más lejos, Franco vendía “40 años de paz”. ¿Te acuerdas? Seguro que te suena. ¡Qué pereza tener que ocuparnos de ti!