Esta historia encaja bien en la sección de mentiras de “buena causa”, tan propias de las noticias de los ecolojetas y los alarmistas del clima del IPCC.

Desde “siempre” se ha considerado que la radiación nuclear es perjudicial a cualquier nivel de dosis. La asunción de que incluso un nivel de radiación cercano a cero puede producir cáncer y desórdenes genéticos. El mal por excelencia (acompañado ahora por el tabaco).  Y da lo mismo que hubiera pruebas sobradas de que no es así en los sitios en los que la radiación natural es muchísimo más fuerte que la media, sin incidencia alguna en la salud. O Chernobyl, cuya gran lección – publicada por un organismo de la ONU en 2.000 – dice justamente lo contrario. Que hay niveles de radiación que no tienen efecto medible en la salud, y hasta pueden tener beneficios. El director de aquel estudio, Zbigniew Jaworowski, hizo un excelente artículo resumen en conmemoración de los 25 años del accidente de Chernobyl:

Pero el cuento alarmista había calado, y ya no hay quien se lo quite de encima. Jamás verás a El Mundo mencionando un estudio así, y de El País, o de El TBO de Zapatero (Público creo que se llama), ni hablemos. Y cada vez que coinciden en un frase “accidente” y “nuclear”, da lo mismo cual sea el contexto, ya tenemos otro fin del mundo.

La novedad es de dónde viene el cuento, que yo no sabía. Y lo bonito de la historia es que ni siquiera se trataba de ciencia prematura, ciencia en mantillas que llega a conclusiones equivocadas, sino directamente de un fraude científico. Con la hermosa disculpa moral de las buenas intenciones (prohibir las pruebas nucleares), y con el aberrante pero cada vez más frecuente olvido de que así deja de ser ciencia.

Hermann Muller recibió el premio Nóbel en 1946 por demostrar que los rayos X inducían mutaciones genéticas. Y con la publicidad se convirtió en un campeón de las campañas antinucleares, y de la idea de que no hay nivel de radiación que no sea peligroso. Según esa tesis, el nivel sólo varía la probabilidad. Por ejemplo si un nivel de radiación de 100 unidades va a provocar cáncer en el 10% de la población, un nivel de 10 unidades lo provocará en el 1%, y un nivel de una unidad en el 1 por mil, etc.

La tesis tiene hasta un nombre: linear no-threshold hypothesis (LNT)

Chernóbyl demostró que eso es estrictamente falso, como se puede ver en el trabajo de Jaworowsky. Y aunque se sabía, tuvimos que aguantar a toda la prensa y a los Ruiz de Elvira de este mundo matando a miles y miles de personas en Japón, a cuenta de Fukushima. Y hoy … ¡tachán!

AMHERST, Mass. – El toxicólogo ambiental de la University of Massachusetts Amherst, Edward Calabrese, cuya carrera de investigación muestra que niveles bajos de ciertos productos químicos y de radiación son benignos, ha descubierto pruebas de que uno de los padres de la radiación en la genética, el Premio Nóbel Hermann Muller, mintió conscientemente cuando proclamó en 1946 que no existe un nivel seguro en la exposición a la radiación.

La interpretación de Calabrese está apoyada en cartas y otra documentación que ha ido acumulando, mucha de ella de antiguo material clasificado. Ha publicado resúmenes clave este mes en Archives of Toxicology and Environmental and Molecular Mutagenesis. [–>]

Y resulta que luego la mentira de Muller tuvo todo tipo de apoyos científicos para mantenerse hasta hoy. Las buenas obras. Ni el OPUS, tú. Se puede ver en los enlaces.

¿Lo de siempre? Eso parece. Menos lobos, Caperucita.

Y esta es la historia.

Enlaces.

La historia:

Vía junkscience.com: