Viene del blog de Nigel Calder [–>], “padrino” periodístico de Svensmark y su teoría de que los rayos cósmicos son una causa importante de cambio climático. Posiblemente tan importante o más que el experimento CLOUD del CERN, del que hemos hablado varias veces (ver enlaces al final).

También tiene su cosa que haya ocurrido tan cerca del décimo aniversario del 11-S, porque tiene relación. Cuando aquellos crímenes, a algunos investigadores se les ocurrió aprovechar para ver el efecto de las estelas de los aviones sobre la meteorología. Normalmente, el cielo USA está todo el tiempo cruzado por multitud de estelas de avión, que a todos los efectos son como nubes estratos altos, en fino. Y como con motivo de la tragedia se suspendió la navegación aérea durante tres días, y por supuesto no había estelas, parecía obvio mirar si algo había cambiado. Y sí; había aumentado la diferencia de temperatura entre el día y la noche.

Es lo que llaman en meteorología la variación de temperatura diurna. La diferencia entre la máxima y la mínima de 24 horas. Y descubrieron que toda esa multitud de estelas de avión cubriendo el cielo reducen esa variación. La máxima es más baja – porque las estelas reflejan cierto porcentaje de los rayos del sol -, y la mínima es más alta – porque las estelas frenan el enfriamiento de la tierra por la noche-.

Entre estelas de avión y nubes de la misma altura y tipo no puede haber diferencia respecto a sus efectos sobre la luz y sobre el infrarrojo. Y en realidad es un conocimiento común y de siempre que las nubes dan en general días más frescos y noches más templadas.

La novedad es un equipo de Belgrado ha usado ese conocimiento para estudiar el posible efecto de los rayos cósmicos sobre nubes usando una medición muy ingeniosa. La variación de temperatura diurna, según los registros de temperatura europeos (desde Groenlandia hasta Siberia), en relación con las disminuciones de Forbush en los rayos cósmicos [–>]. Este es un fenómeno conocido que ocurre cuando hay una eyección de masa de la corona del sol, como un pelotazo de gas que acaba envolviendo la tierra, y más allá. Ese gas frena los rayos cósmicos que llegan de la Galxia hasta la tierra, y esa menor llegada de rayos cósmicos se llaman diminuciones de Forbush.

La idea de estudiar así un posible efecto de los rayos cósmicos en las nubes no es nueva, por supuesto. Sevnsmark y otros lo ha trabajado mucho. Pero mirando directamente la cantidad de nubes, y en el mar – para que haya menos influencia de “contaminación” de los continentes. Y aunque ellos afirman que hay relación, los datos son muy “sucios”, “ruidosos”, y los alarmistas del IPCC los discuten a muerte. Probablemente con parte de razón.

La gracia de Dragic et al [–>], publicado en agosto, es que en vez de mirar las nubes – siempre tan sutiles 😉 – han mirado el conocido efecto de las nubes que mencionábamos; la variación de temperatura diurna. ¡Y bingo! Los eventos Forbush aumentan esa variación diurna, luego deben estar disminuyendo las nubes. Luego menos rayos cósmicos = menos nubes.

En el gráfico se ven, arriba, el resultado para 22 eventos de Forbush en el rango de una disminución de los rayos cósmicos del 7 – 10%. Tienen un pico de 0,35ºC de aumento de variación de temperatura diurna, tres días después de la eyección solar. Abajo, para 13 eventos mayores, con más de un 10% de disminución en los rayos cósmicos. Dan un aumento de 0,6ºC de variación diurna, y de mayor duración.

Y lo malo para la muchachada del fin del mundo por calentamiento global, para los que sólo existe el CO2 y la culpa del hombre pecador, es que estos resultados no tienen más explicación que el efecto de los rayos cósmicos en las nubes, y por ende en el clima.

A ver qué inventan los alarmistas, pero se les va a gastar la imaginación con tanto cuento. Y a los demás la paciencia.

Enlaces.

Nigel Calder:

Drágic et al:

También lo recoge Lubos Motl:

Svensmark y los rayos cósmicos:

Fuente, Bishop Hill: