Que nada, que la tierra no se calienta, a pesar de todo lo que decían del CO2 y el fin del mundo.

El problema es bastante sencillo. Si la teoría de los alarmistas del IPCC, la prensa, y lo políticos, es cierta, todo ese CO2 que echamos al aire está produciendo un calentamiento. Y es verdad que el aire se calentó entre 1975 y 2000, aproximadamente. Debería de haber empezado hacia 1945, pero no vamos a ponernos quisquillosos. Tienen una explicación para eso. No está ni remotamente demostrado, no tiene buena pinta como explicación, pero podría ser. Y tenemos el calentamiento de 1975 a 2000, así que todos contentos, ¿no?

Pues no  mucho, porque desde 1998 el aire no se calienta. 13 años. Y no tienen la explicación que alegan para aquella primera parte (1945 – 1975). Así que dicen que se está yendo a otro sitio.

Bien, podría ser; pero, ¿a dónde? El deshielo necesita calor para producirse, pero han calculado eso, y no da el calor que falta. Y no se les ocurre nada, salvo el mar. ¡Estará en el mar, que se ha calentado mucho! Y es cierto que el mar es la gran reserva de calor del sistema climático. Veamos.

Estos datos los controla, cada vez que salen, Bob Tisdale. Y nos hace unos gráficos muy adecuados. Puedes encontrar el origen de los datos en su entrada [–>], y repetir el gráfico tú mismo con una hoja de cálculo.

La misma parte final plana, sin calentamiento, que en el aire. Más corta, desde 2003 en vez de 1998, o siete años y medio en lugar de 13. Lo que pasa es que la fecha de 2003 es un poco especial, y por eso le he puesto esa raya vertical gris. Es el año en el que cambian la forma de medir el calor del mar. Pasan de un sistema con barcos que lanzan sondas hasta 700 metros, pocos datos y muy dispersos, al sistema de boyas Argos. 3000 boyas repartidas por todos los mares, que bajan automáticamente hasta los 700 metros, salen a superficie, mandan los datos por satélite, y vuelven a bajar. Cada tanto tiempo las recogen y las recolocan en su sitio.

Vamos, dos sistemas con una diferencia de calidad tremenda. Las Argos de mucha confianza; y lo anterior, digamos picapiedra. Así que lo que sabemos con confianza es que desde que tenemos buenos datos (2003) el mar no se calienta. O casi no:

Desde 2003 falta la friolera de el 93% del calor nuevo que debería de haber por el CO2, según la teoría del IPCC. Y aquí viene el cuento de los alarmistas del CO2. ¡Se habrá escondido en el fondo del mar! Seguro, debajo de esos 700 metros, matarilerilerile.

¿Es imposible? No, sólo es un poco de risa. Primero porque nadie los ha visto pasar para allá por la capa superficial que sí se controla bien con las Argos. Contestan que estará ocurriendo … ¡por debajo del hielo del Ártico!, que no hay boyas. Vale, vale; por poder, hasta mi perro podría ser una bicicleta. Podría ser. Pero es mucho más fácil y razonable pensar que no. Porque esos 700 metros son una profundidad muy especial. De ahí para arriba, el agua cambia de temperatura algo con las estaciones y según las latitudes. Pero para abajo, la temperatura apenas cambia hasta las profundidades abisales. Lo que nos indica que se trata de algo que no cambia apenas, y que los cambios necesitan siglos para notarse.

Este es el cuento. Pero hay que rematarlo con la pregunta del prestigioso climatólogo Roger Pielke, en su blog, en esta entrada:

Joules resulting from a positive radiative imbalance must continue to be accumulated in order for global warming to occur. In the last 7 1/2 years there has been an absence of this heating. An important research question is how many more years of this lack of agreement with the GISS model (and other model) predictions must occur before there is wide recognition that the IPCC models have failed as skillful predictions of the effect of the radiative forcing of anthropogenic inputs of greenhouse gases and aerosols.

Fuente: