Pensamos a la antigua, pero el mundo no es el de antes. Pensamos, por ejemplo, que un producto de más calidad y mejor precio debe triunfar sobre el menos competitivo. Y sin embargo todo el rato vemos pasar lo contrario, sin preocuparnos de corregir la teoría. Y tal vez influya mucho el asunto de vivir en una aldea global, que no tiene nada de aldea sino de mega hiper ciudad complejísima.

No todo el mundo puede entender de todo, ni interesarse por todo. Y cada vez menos. El cacharrín hoy más trivial, un telefonino, podría suponer una decisión de compra de una complejidad tal que llevaría un montón de horas de estudio, y eso partiendo de una cultura de informática que no tantos tienen. ¿Cuántos sistemas operativos hay en el mercado? ¿Cinco? No lo sé, cinco son los que a mi me suenan. ¿Y marcas? Ni idea. Pues si le metes los distintos modelos de cada marca a la ecuación, ya tienes lo que hay.

¿Qué hace falta para acertar en la compra? ¿Cómo saber lo que te conviene? Yo creo que la inmensa mayor parte de los consumidores no lo sabrán jamás.

¿Hay alguna justificación técnico económica en este cuadro? Apostaría a que no.

Recordad a los padres de estos cacharrines hoy imprescindibles. Los ordenadores personales. De empezar con una galaxia, de repente no parecía haber elección, y sólo había uno en el mercado. No era el mejor, ni de lejos. Ni el más barato. Bajo ningún criterio normal era la opción buena de compra, salvo que lo vendía IBM. Y después el gran “bum” ocurrió por algo que no habían buscado conscientemente sus productores. Abrieron el producto para que cualquier fabricante pudiera crear periféricos y componentes para la máquina. Y resulta que a los tecnófilos les gusta enredar, cacharrear, probar esto y aquello, y se enamoraron. Los tecnófilos tiraron de los asnos, Bill Gates engañó a IBM, la gente quería programas compatibles con el resto de la humanidad, y Windows se hizo dueño del mundo (y de paso de todos tus datos). Ganó la caca. Y ganó por algo que nunca se hubiera podido prever – más ciertas tácticas anti libertad de mercado y de tintes mafiosos particularmente agresivas.

¿Y la prima de riesgo? Aunque no entiendo nada, no creo que el mundo financiero sea tan distinto en este sentido del industrial. Lo mismo que el que se compra un Iphone no tiene ni idea de si es su mejor alternativa, ni ganas de perder el tiempo en averiguarlo, apuesto a que ni el máximo ejecutivo de cualquiera de los paquetes financieros que resultaron tan tóxicos tenía la menor idea de lo que contenían. De los compradores, ni hablemos. “Siempre suben” era todo lo que había que saber. Adornado con los bellos gráficos generados por algún modelo prodigioso. Visto el resultado, casi prefiero como modelo una foto de Naomi Campbell. Eso sí que es un valor seguro.

Añade a la complejidad de la aldea global el contubernio de intereses entre políticos, bancos centrales, y banqueros. Y el cierre semi monopolístico que tienen. Y verdaderas riadas de capital volando a un lado y a otro, a menudo en sincronía y arramplando con todo lo que hay a su paso. ¿Qué resulta? Que a los más torpes les cae una prima de mucho riesgo. Y no precisamente como Campbell.

Habrá que intentar arreglarlo. Y me parece una ingenuidad terrorífica pensar que se puede hacer con un director de orquesta.

Por cierto, el otro día vi que la resucitada Apple, hace poco prácticamente muerta, hoy tiene más valor de mercado que el conjunto de Micr$oft + Intel (Wintel).  Es otro mundo. Hay que pensar diferente. La joda es acertar cómo. Pero no me habléis de Zapatero, Ruby … o Rajoy.

Lo prometido era deuda, Jazmín.

Nota: La imagen animada viene de: Dr Gen.