Sigo en Twitter a alguno de los, llámales padres, llámales intelectuales del 15M.  Pese a la perroflautada y al Alicia por doquier, sigo mirando a ese movimiento ver si sale algo nuevo con pinta de solución. La respuesta es que todavía no.

Indignarse es fácil; todos lo estamos. Encontrar soluciones no depende de las ganas de encontrarlas. Especialmente si esto es una crisis de sistema (por ejemplo, el capitalismo), como dicen los del 15M. No se puede «pensar» la solución a una crisis, porque tu pensamiento esta organizado para el mundo que está muriendo, y el mundo que no ha nacido todavía no se conoce. Lo que si se puede es retrasar su nacimiento, o incluso impedirlo y hacer que surja en otra parte. Eso te puede asegurar la marginalidad para unas cuantas generaciones. O siglos.

¿Y que se puede hacer para ayudar a que surja el nuevo mundo? Apostaria a que poco más que estar atento, y quitar corsés para que las soluciones fluyan. Ellas encontrarán su camino, y cuanto antes se pueda probar cuáles son las buenas y las malas, mejor. Pero hay cosas por las que se podría poner la mano en el fuego a que son corsés.  Soy vasco, soy español, soy de derechas o de izquierdas, soy sostenible, ecologista, soy lo que sea. ¿Y quien te dice que tras la crisis eso que dices que eres va a seguir existiendo? ¿O le va a importar a nadie? La salida de una crisis tiene pinta de que consiste mucho más en hacer, que en ser. Pero en hacer, no en pedir que te lo hagan.

Ayer, esos intelectuales del 15M que sigo estaban muy contentos señalando un artículo de Manuel Castells en La Vanguardia, que consideran iluminador. Por ejemplo @josepjover y @edans.

A mi me deja muy, muy frío. Describe, con mejor o peor tino, los males. No estoy demasiado en desacuerdo, aunque si los problemas que describe son financieros y de deuda, no sé por qué le llaman crisis del capitalismo, en vez de crisis del deudalismo. Después de todo el capitalismo se basa en el capital, no en la deuda. Pero el problema está cuando señala las soluciones. Lo pone, con entusiasmo, Enrique Dans en su blog[–>]:

Hasta que la comunicación se hizo autónoma y la gente se enredó, Y juntas perdieron el miedo y se indignaron. ¿Adónde van? Cada cual tiene su idea, pero hay temas comunes: que los bancos paguen la crisis, control de políticos, internet libre, una economía de la creatividad y un modo de vida sostenible. Y, sobre todo, reinventar la democracia sobre valores de participación, transparencia y rendición de cuentas al ciudadano.

¿De verdad? ¿Con el dinero de quién van a pagar la crisis los bancos, si el mismo Castells nos acaba de decir que «en promedio, en Europa y EE.UU. los bancos disponen sólo de un 3% del capital que deben y son considerados solventes si llegan al 5%«?

Una internet libre es fácil de decir lo que significa, y estamos de acuerdo. Control de los políticos también estamos de acuerdo, pero, ¿nos vamos a poner de acuerdo en España en el significado de eso, y en cómo se hace? ¿Nosotros solitos, y al margen de los partidos políticos?

Economía creativa suena de cojones, pero en el contexto del artículo entiendo que sólo puede querer decir una cosa: tipos de interés altos (o en cualquier caso no artificialmente bajos). Que me parece bien, pero, ¿se lo parece de verdad a los perroflautas? Lo dudo.

Sobre un mundo «sostenible», te contaré cuando seamos pobres de verdad (o cuando sepamos que lo somos).  Es increíble la cantidad de fantasías que se quitan cuando aprieta la necesidad.  Y lo de «reinventar la democracia sobre valores de participación, transparencia y rendición de cuentas al ciudadano«, lo firmo ya mismo. Lo jodido es encontrar el papel dónde firmar.

En resumen, que aquí dejo enlazado el artículo. Más que iluminador me ha parecido desesperanzador. En realidad, como lo que está diciendo cualquiera que piensa. Pero ya digo, que no creo que sea con mucho «pensamiento» como se puede salir de una crisis de sistema. Tal vez sí con libertad, para dejar nacer la criatura.

Extra. Solemos hablar por estos lares de «regeneración democrática». Aparte de que la idea está ya suficientemente ensuciada por Rosa Díez, creo que puede tener razón Castells, y que tal vez sea cosa de reinventarla, más que de regenerarla. Habrá que mirar a ver qué están haciendo en Islandia, primera avanzadilla. Pero en todo caso hay una advertencia que siempre funciona bien: si te cuentan una historia de buenos y malos, es mentira.