El amigo Ferran Vilar se ha dolido del castigo [–>].  El chancho guarrea [–>]. Tal que así:

Ferran P Vilar o el cuento de buenos y malos

¡Cojones, la “negacionía”! Se ha inventado un palabro [–>]. Punto para el caballero … si consigue que alguien más la use.

Ya le expliqué en su sitio, antes de que diera en cobardear, que el término “negacionista” sólo puede ser o una canallada, o imbecilidad. De hecho en español  ortodoxo no existe la palabra [–>]. Imaginemos que Ferran habla en inglañol, y la ha cogido del inglés:

Concise Oxford English Dictionary © 2008 Oxford University Press:
Denier:
A person who denies something.

Y entonces, si por “negacionismo se refiere al único uso conocido de la palabra en castellano, el que niega el Holocausto, se trata de una canallada. Y si se trata de señalar a alguien “who denies something“, es una imbecilidad, porque en toda discusión ambas partes niegan algo y afirman algo, solo que con las proposiciones intercambiadas. Y así, en la discusión del cambio climático, los alarmistas niegan la relevancia de los fenómenos naturales en el calentamiento observado entre 1975 y 2000, y sus críticos niegan la relevancia del CO2 como primer factor en el mismo asunto. ¿Cual es el razonamiento de niño de teta por que que unos son “negacionistas” y los otros no? Pues es sencillo. Los cafres han inventado un nuevo significado para la palabra, que lo dejan implícito porque nunca tienen el valor de explicitarlo. Negacionista sería el que niega algo obvio.

La clase particular de EpC para Ferran Vilar.

Las cosas no son obvias porque uno afirme que lo son. Otro puede afirmar lo contario, ¿y entonces? Nos quedamos con la incomodidad de que algo es obvio para A, pero no para B. Nos quedamos en nada, vaya. Tampoco algo es obvio porque lo afirme ni la autoridad, ni la mayoría; ni aunque sea trate de la autoridad en la materia. Porque la autoridad se equivoca a menudo. Y en ese caso tendrías por ejemplo que en una larga época fue obvio que el sol era una bola de carbón, y que a partir de principios del siglo pasado es obvio que se trata de una bola de hidrógeno y algo de helio.

Y si tomas “obvio” en ese sentido, y defiendes que no se puede debatir con los “negadores de lo obvio”, lo que has conseguido es que el conocimiento humano se estanque para siempre, porque sólo el debate y contraste de ideas hace avanzar el conocimiento. Como han demostrado hasta la saciedad la ciencia, la filosofía, las artes, la técnica, y en general aquello que llamamos “cultura Occidental”.

Por ejemplo, algo mucho más consensuado actualmente que la vaina del IPCC es la composición del sol y la secuencia principal de la vida de las estrellas. ¿Hay quien lo niegue? Muchos menos que en el caso de la importancia exagerada del CO2, pero aún así hay quien lo niega. Por ejemplo los que afirman que es una bola de hierro con una estrella de neutrones dentro, y que su energía viene de la repulsion neutrónica [–>]. ¿Eso serio, es verosímil? ¡Quien sabe! Probablemente no, pero lo último que hace un científico que se precie, o simplemente una persona culta que haya comprendido el chiste de nuestra civilización, es tildar de “negacionista” al proponente, y negarle con ello el debate. Por lo dicho; porque eso es cortarle las piernas a la capacidad de avanzar el conocimiento.

Se hace lo contrario. Debatir. Y del debate se aprende. Principalmente aprendes qué parte de lo tuyo es lo más débil, y necesita mejora. Y también qué parte de lo del otro es útil y encajable en lo tuyo. Pero sobre todo, aprenden los que escuchan, que son los que mejor ven el argumento que hace mella, y el que no vale.

El debate, por supuesto, necesita unas normas. Una discusión de patio de corrala, con marujas a toda pastilla, nunca ha producido avance alguno del conocimiento. Pero otra lección de la civilización es que no hay que inventar la rueda cada vez que queremos hacer un carro. Y sobre todo, que las normas que valen y funcionan son las normas universales, nunca las normas “ad hoc”.

El amigo Feran Vilar dice que no es cobarde y que no se niega a defender sus “argumentos” por falta de sustancia, sino por “negacionía”.

Y dice que eso va contra sus normas. Pero son sus normas las que van contra la civilización y el avance del conocimiento, porque son normas particulares, “ad hoc”. Anti “negacionistas”.

Se hubiera podido limitar a la vieja netiqueta, de la que tiene mil enlaces en la internet. Y a las falacias lógicas, que también son muy fáciles de enconrar. Pero claro, eso le impediría evitarse la discusión del argumento que no puede discutir, y le impediría censurar la opinión que no le gusta. Y eso no puede ser, según su visión de la vida. Lo que no se da cuenta es que la formalidad clásica también le evitaría hacer el imbécil, como hace en esta entrada que comento. Porque la deposición nace de mi respuesta censurada en su sitio y puesta aquí, de la que se duele [–>]. Y su excusa para no debatir es exponer las tácticas empleadas por los “negacionistas”. Pero de las tácticas que pone, ninguna, exactamente ninguna se puede aplicar a lo que me censuró [–>].  No se puede aplicar el concepto “quedarse con la última palabra”, porque era la primera palabra. Y no se puede aplicar lo de “el debate público de cuestiones científicas” (solemne tontería), porque las cuestiones planteadas no eran científicas, sino de simple lógica.

¿Y ahora qué hacemos Ferran? Te montas un rollo macabeo de ¡1.800 palabras! (y es sólo la introducción), para demostrar con unos argumentos de chichinabo por qué no debes de contestar a mi crítica. Pero resulta que los argumentos que usas no son de aplicación a lo que he dicho. ¿Qué debemos pensar, que eres un brillante intelectual o que eres tonto del culo? ¿Que eres un sabio de gran perspectiva, o que estás como una puta regadera?

Porque el problema es que puede ocurrir que no seamos unos completos desavisados, y que conozcamos el truco de llamar troll al que discrepa y cuyo argumento no sabes contrarrestar. Por mucho que trates de esconder tu respuesta en un saco enooorme de palabras y de falacias, el hecho de que pienses que con un truco tan barato vas a salir bien, la verdad es que no dice gran cosa de tu inteligencia.

Ah, y te recuerdo que si ahora piensas que no se debe de debatir con “negacionistas” (el mero uso del término te desacredita por completo), quisiera recordarte que no siempre has pensado así:

Parece que insistir (sin contestar a lo anterior) no te dio buen resultado. Y parece que  ya en 2009 comprendías que el uso del término “negacionista” no tenía defensa:

Sólo es un ejemplo de una época en la que aun imaginabas que tenías una posición que se podía debatir en púbico. No duró mucho. Pero en vez de aprender que si no puedes debatir, es señal de que algo pasa con tus argumentos, lo que aprendiste es el truco barato de la censura sin rubor, tan propio de las webs de los científicos mamporreros del alarmismo climático.

En fin, ya sabes que no te persigo. Jamás entro en tu sitio, como casi nunca entro en sitios cerrados al intercambio de opinión. La excepción es allí dónde se puede aprender, pero es muy difícil aprender con el debate cerrado, y desde luego no es tu caso. Pero si quieres evitarte estos disgustos, que quedan escritos a la vista de cualquiera, lo tienes a huevo. No me cites con argumentos de aurora boreal, de forma que no me llegue el pingback, y me entere. Porque entonces, tendrás respuesta. Eso sí, como desagravio, si pasas por Bilbao dame un toque, y te invito a una comida o cena. Siempre que tu religión no te impida compartir mesa con un “negacionista”. Tu, al no ser “negacionista”, nunca dices no a nada; ¿verdad, criatura?

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