Guzmi The Madriles

Ni que decir tiene, Plaza, que, por si había alguna duda, me cago líquido en esta democracia, en su corazón, en sus membranas intercostales, en sus corvas y hasta en sus lobanillos. Lo que me interesa del artículo de Sostres es esa triste constatación a la que aludía en mi primer mensaje acerca del infinito espectro de derechos a los que se creen acreedores un nada despreciable número de nuestros yogurines, amén de la progrez oficial. La funesta confirmación de cómo la papilla ideológica suministrada durante largos años por las terminales prisaicas, deplorando todo cuanto tenga que ver con el mérito, el esfuerzo, la excelencia, la responsabilidad, el ahorro, el vestirse por los pies y, en definitiva, los únicos valores empíricamente demostrados como capaces, diríase imprescindibles, en orden a hacer progresar a una sociedad; la confirmación de cómo esta papilla, decía, ha acabado por provocar unos efectos que no sé si serían o no esperados pero que, en cualquier caso, me aterrorizan.

De entre las experiencias positivas que me brindó militar en DRyA el tiempo que allí estuve, que fueron muchas, recordaré siempre la mesa redonda que tuve ocasión de compartir con los geypermanes Ralfi Simancas, Teófilo de Luis, Fernando Landecho y un menda de IU cuyo nombre no recuerdo en el aula magna de la facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid durante la campaña de las generales del 2008 en las que Rosa obtuvo su acta de diputada. Ante una sala abarrotada con alrededor de 700 estudiantes que copaban poyetes de ventanas, escaleras y pasillos, y que disparaban sin piedad sobre economía, sanidad, educación, vivienda, medioambiente, etc., etc., etc. y todos los etc. que puedas imaginar, hubo un hecho que me pareció sumamente expresivo de lo que trato de explicar. Fue cuando, preguntado acerca de las iniciativas que proponía DRyA en materia de vivienda y de cómo facilitar el acceso a ella a jóvenes y jóvenas, se me ocurrió decir (después de soltar el rollo que tenía preparado sobre la liberalización del suelo municipal y tal) que también había que tener muy presente una cosa: “¿Cuántos de vuestros padres o abuelos consiguieron comprarse el piso a los 18 ó 20 años? ¿Qué os creéis, que porque la constitución consagre el derecho a una vivienda digna eso supone que os tenga que caer del cielo? No, amigos todos, no es el derecho a que te proporcione nadie ningún bien o servicio. Qué más quisiéramos… Es la obligación que tenéis todos de prepararos en este perro mundo competitivo de la mejor manera posible para poder realizar un trabajo en el que escornaros como cabrones a fin de conseguir ahorrar lo suficiente como para pagarte tu vivienda, así como tus restantes necesidades y las de tu familia.”

Oye, pues esto que parece tan obvio, no lo dijo nadie más que yo, que hablaba el último. Y toda la muchachada callada como si estuviera muerta. Como si hubiesen oído a un marciano que acabara de salir de una nave. Alucinante. Y esa misma respuesta puedes extrapolarla a todo lo que se te ocurra que huela a libertad, a responsabiilidad, a no preguntes qué es lo que la sociedad puede hacer por ti sino qué es lo que tú estás dispuesto a hacer, no ya por la sociedad, sino por ti mismo.

Lo que dice Sostres… Esta generación, y no por su única culpa, ha sido nefastamente enseñada. No sólo en conocimientos sino en algo infinitamente más importante: en valores. Se quiere todo y ya porque se les ha inculcado que tienen derecho a ese todo. Y además a una arcadia feliz de pitufos y botellones donde no hay pobreza ni enfermedad ni guerras ni integrismo religioso ni accidentes de tráfico ni malos ni… ¿Pero qué fue el asalto a la comisaría de Pozuelo durante las fiestas del pueblo de hace un par de años sino eso? ¿Pero qué son las algaradas que se montan en las fiestas de Gracia todos los años en Barcelona sino eso? ¿Pero qué son las más de 2.000 denuncias formuladas cada año por padres contra sus hijos por maltrato sino eso? ¿Pero qué refleja la telemierda que se emite por doquier sino eso? ¿Pero qué te cuenta entre sollozos todo el que tiene la desgracia de trabajar en el mundo de la educación sino eso?

Con la impagable ayuda de este estado de mierda hemos malcriado a toda una generación de niños dioses que, ya creciditos, vienen a reclamar lo que les corresponde. Me da a mi que esto va a ser una masacre (en el sentido metafórico y quizás no tan metafórico del término).