A la pajinada hay quien le llama “Ley Leire Pajín qué guapa eres”, porque decir otra cosa sería una atentado contra la igualdad de trato. Yo prefiero “ley de me meto donde quiero”.  Por cierto, con el rollo feminista no sé por qué se llama Pajín, y no Pajina. O tal vez sea por aquello de “solo faltaba que la ministra no pueda nombrar a quien le salga de los cojones”. Esto de la igual da es un lío.

Pero el caso es que cuanto más se lee, y se piensa, en el nuevo invento pajinesco, más miedo da. Empieza con un cambiazo:

El artículo 14 de la Constitución de 1978 proclama el derecho a la igualdad y a la no discriminación, citando como motivos especialmente rechazables el nacimiento, la raza, el sexo, la religión u opinión, y prohibiendo la discriminación por cualquier otra circunstancia personal o social.

¿Qué raro, no? ¿La constitución proclama el derecho a la igualdad? ¿Que todos seamos tan guapas como Pajín, por ejmplo?

Constitución Española, artículo 14:

Los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

¿Será un atentado a la igual da decir que Pajín miente con su ley? La Consti no proclama “el derecho a la igualdad”, sino el hecho jurídico de la igualdad ante la ley. Sin que pueda prevalecer (en la ley, no en la vida) discriminación alguna. El tocomocho Pajín consiste en transformar “igualdad ante la ley” en “derecho a ser iguales” (o el peregrino derecho a ser lo que no somos), y la no discriminación ante la ley en la no discriminación en la vida cotidiana.

El peligro es acojonante. Las multas pueden llegar a 500.000 euros. No las aplican jueces, sino una Autoridad para la Igualdad de Trato y la No Discriminación. Nombrada por el gobierno; o sea, Pajín y sus fobias sectarias. Es perfectamente arbitraria, no define “discriminación”, sino su tipología (múltiple, indirecta, etc). Atenta contra la libertad de expresión (los medios de comunicación social respetarán el derecho a la igualdad de trato, evitando toda forma de discriminación en el tratamiento de la información). Atenta contra la libertad de empresa (si le da por ahí a la “autoridad”, no se podría rechazar a una obesa para un puesto de vendedora de productos de adelgazar). Lo invade todo (lo que hace la Ley es extender la protección frente a la discriminación por cualquier motivo y en todos los ámbitos) (queda prohibida toda conducta, acto, criterio o práctica que atente contra el mismo). Para colmo, establece “discriminaciones guay”, que la ley permite (discriminación positiva, lenguas autonómicas, etc). Y la guinda: invierte la carga de la prueba (cuando la parte actora o el interesado alegue discriminación y aporte un principio de prueba sobre su existencia, corresponderá a la parte demandada o a quien se impute la situación discriminatoria la aportación de una justificación objetiva y razonable, suficientemente acreditada, de las medidas adoptadas).

Con esta ley en la mano, la Pajín de turno, erigida en “autoridad”, se puede cargar a cualquier empresa, medio de comunicación, o persona individual que tenga enfilada. Por la sencilla razón de que cualquier acto vital es una discriminación: elegir,  preferir esto a aquello.

Yo recomiendo a todo el mundo que se lo lea. Es una muestra perfecta del mundo orweliano que pretende crear la pajinería, y que también la va como anillo al dedo a los nacionalistas e identitistas. Y a los productores de pepinos españoles,que les den.

La pajinada:

Ah, y de momento, el PP y los demás, ni mu. Sólo se están ocupando (protestando) del asunto algunas organizaciones profesionales o empresariales, y blogueros dispersos, más alguna prensa. Por ejemplo:

La gente dice: -¡Bah!, la quitará el PP cuando llegue-. Pues yo no sé, pero pinta no tiene ninguna. Para mi que la única esperanza es que la apliquen poco, y menos salvajemente que los pajines. Está bastante demostrado que se limitan a ensuciar poco, pero limpiar nada.