Tras una extraordinaria labor en la web de los Premios Ruiz de Elvira por parte Eclecticus (El escéptico climático), y Pepe Salama (Pintopinto), y la difusión por parte de Luis Ignacio Gómez (Desde el Exilio), parece que el mensaje va saliendo del cascarón, y que es bien recibido. Valga como ejemplo este montaje de Pepe Salama en Youtube, a base de un video con el audio de un trozo del “resumen de noticias” de la Noche de César, en Esradio, añadiendo las fotos de los periodistas participantes. María Blanco, Lucía Prieto, Mariano Alonso,  Carmelo Jordá y José García Domínguez.

A ver si cuaja. Es un mensaje que tiene muchos más receptores potenciales que emisiones actuales. Cuando hablas con la gente, del ambiente que sea, hay un número muy notable que se lleva las manos a la cabeza, y alucina con las exageraciones y tergiversaciones verdes que salen en la prensa. Pero esa corriente de opinión, cada vez mayor, no se ve reflejada en lo que emite la prensa. Y están, entre un poco hasta el gorro, y un mucho escépticos de la profesión y la industria del periodismo.

Es un problema de civilización, y de responsabilidad. El espacio público no sólo es determinada área física como las aceras o las carreteras; también es un espacio de interacción social, sobre todo en su vertiente masiva. Así como no es lo mismo, ni igual de importante, el estado de mantenimiento de una corredoira en un cerro perdido de la Sierra del Caurel, que el de la A-6 a la salida de Madrid; tampoco es igual el estado de mantenimiento del debate público entre dos marujas pasadas de vueltas en un patio de corrala, que lo que sale de una televisión de ámbito nacional en boca de un catedrático que se las da de experto sin justificación aparente.

Pero tampoco sería deseable que las leyes se encarguen del mantenimiento de esa parte del espacio público. Al final leyes quiere decir políticos. Y basta echar un vistazo al estado del espacio de debate político para darse cuenta de que civilización y responsabilidad no son factores que influyen en su conducta, y que no están por la labor de superar el nivel del patio de corrala.

¿La solución? Pues por ejemplo los Premios Ruiz de Elvira. Poner al asno frente a su rebuzno, en la esperanza de que tarde o temprano lo acaba comprendiendo, y se corte un poco. Y si no ocurre lo ideal, al menos que la gente tenga un punto de comparación entre la afirmación estrafalaria y tremebunda, y la realidad. Cosa de que sepamos dónde estamos, y cuáles de las señales que recibimos son solo ruido grosero.