Hay una línea de pensamiento en la discusión del clima que está cogiendo fuerza últimamente. Parte de la base de estudiar el sistema climático desde la perspectiva de un sistema dinámico no lineal, tratando de comprender el comportamiento del sistema desentendiéndose de la cascada de causas e interacciones entre cada uno de sus componentes. Los que siguen ese camino suelen ser o especialistas en matemáticas, o hidrólogos. Ambos muy generalistas; unos miran los sistemas dinámicos caóticos, y los otros el ciclo del agua.

Roger Pielke nos presenta el nuevo trabajo de una de sus doctorandos, Marcia Wyatt, junto a Kravstov y Tsonis. He de resaltar que ninguno de los cuatro puede ser tomado como un “escéptico” del CO2. Esto es, no piensan que el CO2 que tiramos sea irrelevante. Aunque tampoco están dispuestos a decir, de antemano, que el CO2 sea el principal factor que mueve el clima en la actualidad, al estilo del IPCC, antes de demostrarlo. Simplemente quieren averiguarlo.

Extracto lo que me llama la atención:

Ha sido aceptado para su publicación en Climate Dinamics un nuevo trabajo muy importante que añade nueva sustancia en el tema del caos espacio-temporal que fue discutido en el blog de Judy Curry, Climate Etc, por Tomas Milanovic con el título

El trabajo es parte de la disertación de doctorado de Marcia Wyatt en la Universidad de Colorado.

Wyatt, Marcia Glaze , Sergey Kravtsov, and Anastasios A. Tsonis, 2011: Atlantic Multidecadal Oscillation and Northern Hemisphere’s climate variability  Climate Dynamics: DOI: 10.1007/s00382-011-1071-8.

Son los propios autores los que hacen un “guest post” en el blog de Pielke, del que saco:

El clima al final es complejo. La complejidad pide reduccionismo. Mediante el reduccionismo, un puzlze se estudia por sus piezas. Aunque esta estrategia ilumina los componentes del sistema climático, el dibujo completo permanece oculto. Entender las piezas no asegura entender la colección de piezas. Este dilema ees el que motiva nuestro estudio.

La estrategia de investigación se centra en el comportamiento colectivo de una red de índices climáticos. Las redes están por todas partes – sustentando diversos sistemas desde la world-wide-web a los sistemas biológicos, interacciones sociales, y el comercio.  Las redes pueden transformar vastas extensiones en “pequeños mundos”; unos cuántos enlaces de larga distancia hacen toda la diferencia entre grupos  de actividad localizada y un sistema global interconectado con un comportamiento colectivo sincronizado; la comunicación de una señal está unida a un esquema de conectividad. Viendop el clima como una red, uno ve la arquitectura de la interacción – una simpicidad asombrosa que oculta la complejidad de sus componentes últimos.

Dan una explicación fácilmente seguible  sobre los pasos de la investigación, [–>], y concluyen:

Acabando, los resultados presentados en nuestro trabajo sugieren que las teleconexiones de la AMO (Oscilación Multidecadal del Atlántico), según las captura nuestra “stadium-wave“, tienen implicaciones para la atribución y predicción de la señal climática en una escala decadal. Los mecanismos potenciales de la “stadium-wave” y la variabilidad decadal relacionada, son temas de activo debate e investigación controvertida, que dependen de saltos tecnológicos en la consecución de datos y de la modelización computerizada, para avanzar hacia el consenso.

La señal multidecadal que observan en su investigación se centra alrededor de los 64 años, y piensan que se debe a la dinámica oceánica. Un resultado nada sorprendente, puesto que parece una continuación, por otros medios, del estudio de posibles ciclos en el clima iniciado (que yo sepa) por Klyashtorin, en su trabajo para la FAO sobre las pesquerías mundiales [–>]. Estudiando los datos históricos de las capturas de pesca, y comparándolas con el registro termométrico, Klyashtorin no sólo “vio” esos ciclos, sino que fue el único que predijo a final de los 90 que en la siguiente década la temperatura no iba a seguir subiendo.

¿Importa mucho si hay ciclos o no? Si, mucho; es la madre del cordero. Es lo que nos puede decir si el efecto del CO2 es mucho, poco , o nada. Porque los datos de temperatura que tenemos se pueden interpretar de dos formas muy distintas, y dependen de los ciclos. Es muy distinto “proyectar” 30 años en el futuro si cuentas con ciclos, o no.

– Los del IPCC dicen que la temperatura hasta 1945 era prácticamente plana (con pequeños subibajas irrelevantes e impredecibles), y que en 19456 empezó a actuar el CO2 que empezábamos a tirar en grandes cantidades. Pero que entre 1945 y 1975 no se notó en las temperaturas, porque tirábamos aerosoles (contaminación) que ocultaba el efecto. Y que a partir de ahí, ¡catastroff!

– Los “ciclistas” (por ej. Akasofu, Spencer) dicen que los alarmistas se están fijando en una parte de un ciclo, entre un valle y un pico (1970 – 2.000), pero que pasado el valle, la cosa cambia.

Para facilitar, muestro las dos ideas sobre un gráfico de Orssengo. En rosa, las temperaturas observadas, con unos ciclos (imaginarios) de 60 años superpuestos por Orssengo. Ha buscado una fórmula matemática que “encaje” bien. La raya verde, lo que imagina el IPCC. La negra, la tendencia de la temperatura a largo plazo, según la tesis “ciclista”.

La diferencia es que una sube a razón de 2 grados por siglo, y la otra a 0,6 grados por siglo. O sea, la diferencia entre un (posible) problema, y un (claro) no problema.

También se pueden interpretar de una tercera forma, que es el viejo y sensato: no entiendo nada. Pero este trabajo citado de Wyatt y Tsonis parece dar bastante chicha a los “ciclistas”.