No es ninguna novedad. Al contrario, se trata de un clásico, aunque poco difundido. Jaworowsky ha sido presidente del comité ONU sobre los efectos de la radiación atómica. Y escribió este informe (PDF, 43 págs), muy completo, y muy sorprendente para lo que comunmente se solía imaginar.

El problema es que cuando empezó el uso civil de la energía nuclear no había información sobre los efectos de una cantidad pequeña de radiación atómica en la salud. Sencillamente, no tenían muestras suficientes para hacer un estudio significativo. Y tiraron por lo fácil (y prudente). Suponer un efecto lineal según la cantidad de radiación, y que cualquier cantidad de radiación es dañina, aunque sea sólo poco dañina (con pequeña probabilidad). Pero esa idea nunca pasó de ser una asunción no comprobada, que caló tanto entre el público como en la  ONU.

Después fue la ONU misma la que bajó esas perspectivas.  Por ejemplo, en un informe de un macroestudio del año 2.000 descartaba esa linealidad [–>]. Estudios posteriores de la ONU sobre Chernobyl aquí [–>].

Pero el público y la prensa (o el público por culpa de la prensa) se ha quedado con esa idea falsa de que cualquier cantidad de radiación tiene incidencia. Por eso merece la pena resaltar esos estudios enlazados, y el de Jaworowsky. Para aquellos que prefieren saber a temer. Porque resulta que cantidades de radiación que antes se tenían por malignas, no causan el menor efecto medible.

Entre todos los documentos mencionados se puede aprender mucho sobre los efectos de la radiación atómica en la salud. Incluso situarse decentemente cuando oímos esas cifras sobre miliSieverts o Bequerels en Fukushima, que nos tienen mareados.

Vía Lawrence Solomon, recogido por Climate Realists (merece la pena por breve):