Supongo que lo habréis visto. Yo no, apenas he podido buscar vídeos de esta catástrofe, ocupado en la no noticia nuclear a la que los ecolojetas y la prensa nos hacían embestir. Pero, pasado el furor atómico, por defunción, y a falta de afición por las guerras de las galaxias de aviones contra hormigas, puedo echar la vista atrás.

Estoy muy sorprendido por la lentitud de la subida del agua, como por oleadas. Y creo que en el vídeo no se llega a ver el máximo  nivel del agua.

Trato de imaginar la longitud de la ola. Todo el mundo habla de su altura, que no dice gran cosa. Olas de 10 y más metros no son un fenómeno extraordinario en el Atlántico Norte en invierno. Y en el Índico, cerca de Sudáfrica, no es imposible verlas de 20 m. Pero son muchísimo más cortas que lo que vemos aquí, nada quie ver. Pasan en unos segundos; mucho menos de un minuto. Pero en este vídeo, a los nueve minutos parece que no ha llegado la cresta todavía. Y eso que cuanto más larga la ola, mayor velocidad tiene. La fórmula aproximada de las olas en aguas profundas es, para la velocidad expresada en metros por segundo: v = 1.25√L , donde L es la longitud de la ola expresada en metros.

Las olas del viento, pongamos unas ni grandes ni pequeñas, 2 metros, suelen tener una longitud de unos 100, y según esa fórmula circulan a unos 45 km/h en alta mar. Veo en Wikipedia que las olas de tsunami tienen longitudes del orden de los 200 km, y velocidades de 800 km/h. Aunque todas ellas se frenan y acortan, y se elevan, al llegar a fondos bajos cerca de tierra.

Pero así se explica lo que se ve en el vídeo. Ese lento ascenso del mar, en tandas de olas en escalera, y sube, y sube, y no sabes cuando va a parar. ¡Qué angustia! parece una pesadilla de Hitchock.

Lo que no se ve este caso es el “vaciado” previo del puerto, que creo que suele ser lo más habitual, y una señal muy conveniente para salir pitando.