¿Cómo es posible que el ministerio del interior de un país que se imagina civilizado, y democrático, trate de escaquearse de contestarle a la justicia la identidad de los artificieros que recogieron pruebas el 11-M? Y antes de eso, de explicarle a la justicia el protocolo de actuación de esos artificieros.

Estamos hablando de la cadena de custodia del arma del crimen del peor atentado terrorista cometido en España. ¿Puede haber algo más sagrado que eso? Pues resulta que en el gobierno, nada menos, hay un pájaro – Faisán, conocido como El Veraz, que antes quería saber mucho – o eso decía,  y ahora quiere que nadie sepa nada. Y antes que nadie, la justicia. Algunos podrían pensar si el pájaro no merecerá una jaula, sin llaves.

Parece que ayer han salido por fin a la luz unas puntitas de hilillos de los que tal vez se pueda tirar. Nombres de policías, a las órdenes de Sánchez Manzano, que recibieron las pruebas que no están. Lo que produce otras preguntas insoportables. Como, ¿por qué se va a poner un policía a esconder o destruir por su cuenta los restos analizables de una explosión? Y si eso resulta difícil de contestar, muchísimo peor es explicar lo mismo, pero con dos policías por su cuenta. (0,01 x 0,01 = 0,0001) Y sin duda hay más de dos policías.

¿Cómo ha sido posible tal despropósito? Ayer empezamos a saber …

  • Aquí mando yo, dijo Sánchez Manzano cuando le señalaron que estaba rompiendo la cadena de custodia.
  • Algodones impregnados de explosivo, entregados, que nunca han aparecido.
  • El primer atentado donde no se ha podido hacer un informe técnico ocular de la recogida de pruebas (les quitaron las pruebas)
  • Las pruebas no se llevaron donde se debía.

La sentencia confiesa que no se sabe cual fue el explosivo:

todo o gran parte del explosivo era Goma 2 ECO de Mina Conchita

¿Todo o gran parte? ¿Sin cadena de custodia? Eso nos produce no una pregunta insoportable, sino una afirmación insoportable: los autores imaginarios y no juzgados (ni concretados) del atentado, están incrustados en el relato sobre la base de la posesión de Goma-2 Eco. En exclusiva. Lo de “gran parte” introduce en la ecuación la existencia de autores sobre los que no se sabe nada. Y el único autor material condenado, una de doce bombas, está en la misma circunstancia. Tiene una relación circunstancial, y completamente inverosímil, con una bomba que no estalló y que tenía Goma-2 Eco en exclusiva. Y fue condenado por unas ruedas de reconocimiento, después de que su cara saliera en todos los telediarios. Y es sabido que los reconocimientos de personas que previamente no conocía el testigo son, con diferencia, la mayor fuente de errores judiciales.

Así estamos. Con un fulano conocido como El Faisán, o El Veraz, al mando de un ministerio que hace lo posible porque no se note que se rompió la cadena de custodia de unas pruebas que, muy probablemente, podrían señalar a unos autores del atentado desconocidos. Pájaro que, por cierto, llevó a su señorito al poder bajo el lema de queremos saber. Y España tan tranquila.

Un dato más a recordar. Lo normal es que en un atentado con una sola bomba sean perfectamente capaces de definir el explosivo con toda precisión. En todas partes, pero especialmente en España, que tiene mucha experiencia con el terrorismo. El 11M estallaron no una, sino doce bombas. Y dos de ellas, controladas por los artificieros. Y seguimos sin saber lo que estalló en los trenes. ¿Cual es la posibilidad de que ocurra eso de forma “natural”?

Pero Espàña y yo somos así, señora. Saco el dibujo sobre el galope del Faisán (la preferencia de los españoles respecto al candidato del PSOE) del blog de Santiago González.