Hoy son las elecciones de media legislatura. Justo en  mitad de los cuatro años de mandato de Obama.  Se renuevan los 435 escaños de Congreso, y 33 de los 100 del senado.

Todo el mundo está de acuerdo en que son unas elecciones especialmente críticas, mucho más importantes que lo normal. Según la izquierda, porque van a decidir si Obama puede llevar adelante los buques insignia de su política: la socialización de la medicina, y la “legislación climática”. O el bienestar de todos y la salvación del mundo. Y porque supondrán el éxito o fracaso de un peligroso movimiento de extrema derecha al que hay que pararle los pies. El “Tea Party” [–>].

Según la derecha, porque se discute la esencia de la Constitución de los Estados Unidos, y la esencia de la creación misma de la nación al separarse de la monarquía británica: la defensa de la libertad y los derechos del ciudadano frente a la interveción del estado en su vida. Y porque se discute si el pueblo sigue teniendo intervención en los asuntos de la nación, o delega definitivamente en una élite intelectual que piensa y decide por él.

Son dos enfoques diferentes, pero no son en ningún modo incompatibles. Si la izquierda quiere considerar las propuestas del Tea Party como de extrema derecha, y como terriblemente peligrosas, está en su derecho. Es una forma, a su vez, de situarse políticamente ella misma. Y si ambos coinciden que son las mid term elections más decisivas de varias generaciones, puede que sea verdad. En todo caso no es del todo cierto que la legislación del clima dependa enteramente de estas elecciones. Ya ha sido capada en un porcentaje abrumador, porque gran parte de los candidatos demócratas han tenido que dar marcha atrás vista, la impopularidad de las medidas. Allí, al contrario que aquí, no son Zapatero y Rajoy los que deciden las propuestas políticas de los candidatos, sino cada candidato por su cuenta, a la vista de cómo respira el personal en su circunscripción.

Según la portada de La Vanguardia de ayer, el elemento clave de esta batalla electoral, su factor decisivo, es la financiación de los lobbies energéticos a los “negacionistas”. Con eso, según explica Andy Robinson en  LV, se trata de restar apoyos a las políticas de Obama para salvar el mundo:

Es de suponer que alguno de esos “negacionistas” opine que el asunto es al revés; que Obama usa el injustificado miedo climático para conseguir colar una legislación una legislación socialista, y una práctica política elitista. Sin ir más lejos, Roy Spencer:

Curiosamente, para Andy Robinson, “van a llegar a Washington cientos de candidatos que niegan la ciencia”.  Así que nos encontramos en unas elecciones donde el corresponsal del la Vanguardia en Nueva York habla en nombre de la ciencia, en contra del jefe científico del equipo que mide la temperatura global con los satélites de la NASA. Sí, si la Vanguardia llega a eso, debe tratarse de una votación clave.

Se dicen muchas mentiras sobre el Tea Party, y La Vanguardia no es la única. Más bien desde El Mundo hasta Público, pasando por El País, la mentira es lo que cuenta. Pero no es tan difícil hay en día enterarse; para eso está la web. Y la idea, según parece, consiste en votar al candidato del partido que sea, que se comprometa con diez puntos. Lo que da la impresión de gente decidida a tomar las riendas de su país, por encima de los políticos. Los puntos:

  1. Protect the Constitution
  2. Reject Cap & Trade
  3. Demand a Balanced Budget
  4. Enact Fundamental Tax Reform
  5. Restore Fiscal Responsibility & Constitutionally Limited Government
  6. End Runaway Government Spending
  7. Defund, Repeal, & Replace Government-run Health Care
  8. Pass an ‘All-of-the-Above” Energy Policy
  9. Stop the Pork
  10. Stop the Tax Hikes

Mientras, en California …

y (pinchar para entender) …

Vamos; como aquí. Por referéndum. Lo que les gusta a Zapatero, Rajoy, Ruby “el veraz”, o a los tampoco elitistas del partido de Rosa Díez – la voz de la gente.