Luis Bouza-Brey

Aunque sólo haya sido como militante de la ASU (Agrupación Socialista Universitaria), uno ha vivido desde sus orígenes hasta mediados de los ochenta los ciclos del PSC (PSC-PSOE, en sus tiempos). Y como observador interesado, aunque externo, desde entonces hasta hora.

Y debo confesar que nunca me había sentido tan defraudado por nada ni por nadie como me ha sucedido con el PSC: hemos transitado desde la ilusión que sentíamos muchos al principio, por unificar todo el socialismo español con una pauta federal, hasta el desprecio de los últimos tiempos, en que incluso los “capitanes” de origen inmigrante, auxiliados por los señoritos de Sarriá, se han transformado en soberanistas confederales. Debe ser que las lentejas han subido mucho su precio, porque el giro ha manifestado una mutación propia de las películas de Science-Fiction, y las ventajas individuales obtenidas por los arribistas supongo que habrán sido inmensas, como supongo también que los “cholletes” municipales habrán adobado con especial esmero el plato de la traición a sus principios fundacionales, a sus programas y a sus electores.

Considero que los factores que han contribuido a ello son varios, y con distinta incidencia en las diversas épocas, pero los sintetizaría en el siguiente compendio:

a) El franquismo y el estalinismo-carrillismo condujeron a la izquierda a renunciar al nacionalismo cívico y al patriotismo español, para sustituirlos por la abducción frente al nacionalismo étnico, el rechazo a España, y la reacción identitaria y etnicista disfrazada de progresismo.

b) El PSOE se durmió en los laureles durante el franquismo, de manera que desde comienzos de la transición tomaron la iniciativa en la reestructuración del socialismo español las pequeñas burguesías periféricas, alterando de raíz las características populares del socialismo, sustituyéndolas en algunas partes importantes del país por las de los señoritos locales, sedientos de liderazgo y ascenso social, inflamados de identititis etnicista y rebeldía pequeño burguesa.

c) La restauración de la democracia produjo el efecto inesperado de hundir al PCE y hacer ascender a un PSOE vegetativo, que contó con amplio apoyo popular democrático como consecuencia de los cien años de historia, transformándolo en puerto de apoyos populistas y habitáculo de élites diversas y militantes oportunistas de todos los colores. La resultante ha sido un partido con una estructura muy jerarquizada al tiempo que fuente de oportunidades de colocación y ascenso de varias generaciones de españoles. La consecuencia ha sido la consolidación de un partido de estructura no democrática pero con amplios apoyos electorales de seguidores con poca coherencia ideológica, y amplísimas clientelas internas, sufragadas con recursos públicos y dispuestas a obedecer ciegamente a los dirigentes.

d) En Cataluña, el PSC se ha configurado desde sus primeros momentos como un partido liderado por la pequeña burguesía local procedente del MSC y el FLP, inflamada de catalanitis y pseudorevolucionarismo en los primeros tiempos. Después, desde mediados de los ochenta, las agrupaciones más pobladas del partido, en las zonas de inmigración de las ciudades, posibilitaron un cambio parcial en el liderazgo, elevando al mismo a los “capitanes”, que eran gestores y líderes locales de origen inmigrante que arrebataron parte del poder a la élite inicial.

No obstante, lo que parecía un augurio de resistencia a la abducción etnicista ha resultado un fracaso total, debido a la falta de consistencia teórica e ideológica de los capitanes, a su ascenso social por la vía de la política, que los ha conducido a apalancarse en las posiciones de poder recién adquiridas a costa de los principios, y al delirio maragallista, que pensó que obtener el poder con la alianza de ERC e IC tendría un efecto positivo para el país y el PSC.

Hoy, después de la segunda legislatura del tripartito, el fracaso ha sido tan inmenso, la traición tan flagrante, y el delirio etnicista tan acusado, que lo más probable será un fracaso en toda regla del PSC en las próximas elecciones.

Pero el peligro de toda esta turbulencia es que no existen alternativas políticas consolidadas que permitan mantener un rumbo democrático firme frente al fracaso de la izquierda: el PP se ha transformado en el chivo expiatorio, ambiguo, débil y vacilante de todos los demás partidos, como representante del enemigo exterior frente a la “construcción nacional” etnicista; IC es pasto de nacionalistas de izquierda y ecologistas prestos a arrimarse a cualquier conflicto y grupo primordial que emerjan, sin capacidad para formular alternativas en positivo para la situación del país; ERC es la reacción etnicista y anacrónica en estado puro, con muchas similitudes con la Liga Norte italiana, y con orientación claramente secesionista y propulsora de una fractura grave en el país; Ciudadanos y UPyD son los intentos fracasados de construir una alternativa al caos promovido por la abducción etnonacionalista de todo el sistema de partidos; y CIU representa el arquetipo y la causa principal del caos del país, por su evolución desde la defensa de la autonomía y la democracia constitucional española, hasta el soberanismo, el confederalismo y el independentismo de sus nuevos dirigentes.

Por todo ello, no hay opciones constitucionales, democráticas y sensatas presentes, ante el fracaso del autogobierno catalán y la democracia española, y la consecuencia más probable es un incremento desmesurado de la abstención, que puede dar de nuevo —como siempre— la victoria en las elecciones autonómicas a CIU apoyada por los sectores de la población abducidos por el sentimentalismo patriótico catalán, manipulado por los demagogos de la catalanitis, inflamación patológica de la cultura política catalana, abombada o deshinchada según convenga a sus intereses inmediatos de obtención del poder, implantación del delirio étnico, y fomento de las diversas corruptelas del 3% o el Palau.

El fracaso del PSC será probablemente muy marcado, debido en parte a la abstención tradicional de las amplias capas populares que votan al PSOE en las generales y no votan al PSC en las autonómicas, y en parte a la nueva abstención producida por el fracaso y la traición de los dirigentes actuales del PSC, ahora una mezcla incoherente de “señoritos” y “capitanes”.

En mi opinión, cabe solamente una salida que manifieste la protesta radical de amplios sectores de la población frente al fracaso y la estafa del autogobierno catalán, que es el gobierno de una oligarquía basado en la abstención o el voto en blanco de la mayoría de la población. La salida es el voto a CIUDADANOS EN BLANCO, partido que se presenta a las elecciones con el compromiso de no ocupar los escaños obtenidos, como protesta frente a la estafa permanente en que consiste el funcionamiento del sistema político.

Si CIUDADANOS EN BLANCO consiguiera dejar un número suficiente de escaños vacíos en el Parlamento de Cataluña, la oligarquía posiblemente comenzara a darse cuenta de que no puede seguir así, y un PP posiblemente victorioso en las próximas elecciones empezaría también a percibir que el pacto con el etnonacionalismo, además de una traición, no es rentable.