Con ETA, tú. Eso es lo que dice Zapatero que tiene, una profunda decepción. Sabemos que para Zapatero las palabras están al servicio de la política, y pueden por tanto ser verdad o mentira, o ninguna de las dos. Pero también sabemos que, verdad o mentira, lo que nos quiere decir es esto:

Decepción –> Pesar causado por un desengaño.

Desengaño –> Conocimiento de la verdad, con que se sale del engaño o error en que se estaba.

Y el problema es que es recurrente, o costumbre. Ya dijo el mejor gobernante de la historia de España, justo antes de la T4, que empezábamos un camino de miel y rosas. Y … ¡bum!, con asesinato incluido. ¿Y resulta que ahora le han vuelto a decepcionar? Será entonces verdad lo que dice, y su decepción, porque resulta inverosímil inventar una trola para quedar como ha quedado. Porque aquí, después de la confesión, solo caben dos posibilidades: O estaba haciendo manitas y mirándose a los ojos otra vez con el terror, o no. Si estaba en ello, y la ETA le había vuelto a poner cachondo para acabar dándole calabazas, se entiende muy bien la decepción. Es muy humano, aunque no precisamente inteligente. Y si no estaba en ello es peor; indicaría que se ha quedado colgado de la primera vez, y que ve signos de amor por todas partes, sin que los haya. La figura se llama enamoradizo. Siempre es muy inconveniente para un gobernante, o para cualquiera que tenga alguna responsabilidad. Pero si encima se trata de que el destino de los anhelos es ¡ETA!, ya me dirán.

Así que, o Mayor Oreja tenía razón, o es muchísimo peor.

Pero no hay que preocuparse. Estamos en una democracia inmejorable, y esto se arregle con el voto. Lo españoles tenemos mucha vista votando, y con la oferta estupenda que hay, es imposible  fallar.