Luis Bouza-Brey

Ayer, tres de septiembre, nos reunimos algunos compañeros con la Delegación de Ciudadanos en Blanco, con el fin de tantear las posibilidades de hacer campaña con ellos.

La impresión que yo saqué es que no es posible, puesto que su objetivo es expresar su protesta contra el sistema presentándose a las elecciones como partido y dejando vacíos los escaños que obtengan, pero con un objetivo único y excluyente de todos los demás: que el Parlamento (supongo que las Cortes Generales) elabore y apruebe una ley que convalide el voto en blanco computable. Todos los demás objetivos que puedan afectar a las diversas políticas concretas o situaciones graves y excepcionales no son susceptibles de decisión por su parte. Ni siquiera se plantean aprobar o rechazar enmiendas a la reforma de la ley electoral para la convalidación del voto computable.

La actitud que expresaron es que no se consideran políticos ni quieren hacer política, por lo que cuestiones como un posible planteamiento de un referéndum de autodeterminación de Cataluña, una declaración unilateral de independencia por parte del Parlamento, la reclamación de un concierto como el Vasco para Cataluña, o cualquier otra política radical etnonacionalista, consideran que no tienen relevancia. Lo único importante es el voto en blanco computable, y piensan en términos de largo plazo, por lo que Cataluña es el punto de entrada para conseguir ese objetivo en el conjunto de España.

Participar con ellos en una alianza electoral sería quedar atado de manos de por vida a la consecución exclusiva del voto en blanco computable, aunque antes se hunda el país, o romper con ellos deslealmente una vez efectuadas  las elecciones, cosa que tampoco se puede hacer.

Concluyo este aspecto de la situación, por tanto, afirmando que les deseo suerte en que consigan el objetivo de manifestar una protesta contra el estancamiento, degeneración y corrupción del sistema, pero estoy en desacuerdo total con que no se planteen ningún otro objetivo constructivo para acabar con las patologías mencionadas, ni siquiera la posible participación en las decisiones parlamentarias en el caso de que se planteen situaciones excepcionales en el parlamento o la sociedad catalanas o del conjunto de España.

¿SERÍA POSIBLE UTILIZAR EL MISMO MÉTODO PERO CON OBJETIVOS MÁS AMPLIOS?

Cabría pensar en la posibilidad de que se formase algún grupo o coalición de grupos que decidiera utilizar el mismo procedimiento de presentarse a las elecciones catalanas reclamando el voto para dejar los escaños vacíos y que se pudiera contabilizar el voto en blanco, pero formulando objetivos en positivo, como por ejemplo, no participar en las decisiones parlamentarias hasta que los dos grandes partidos inicien una revisión constitucional y una reforma de la ley electoral; y/o participar para oponerse a las decisiones que pretendan atentar contra la Constitución vigente; y/o formular algunos otros objetivos radicales pero necesarios para defender la democracia, en positivo y en negativo, pero no participar hasta que haya posibilidades de ponerlos en marcha. Y entre tanto, una vez realizadas elecciones, actuar fuera del Parlamento haciendo crítica ante la opinión pública de la parálisis y corrupción del sistema, para ir ganando más apoyos a favor de los cambios que se propusieran.

Una política de estas características, al menos para el caso de Cataluña, podría desbloquear el sistema, poner en cuestión a la oligarquía, y demostrar a TODOS los ciudadanos que es posible defender sus derechos y la democracia contra su secuestro, así como que la solución no es abstenerse, votar en blanco o votar en nulo.

Para el resto de España, quizá el objetivo esencial es conseguir que Zapatero pierda las elecciones y que el PP no traicione a España ni a sus electores. Cómo conseguir realizar este objetivo, es otra cuestión a plantearse, aunque un fracaso de la oligarquía catalana sería un buen punto de partida y de consecución de apoyos políticos para conseguir la revisión del sistema a nivel estatal.