«Cuando Javier Arzallus, jesuita de entusiasta vocación, estudiaba teología en Oña, entabló una discusión con sus condiscípulos sobre el rabel de los vascos. «Nosotros, además de una sangre específica, el Rh negativo aseguraba el que luego sería ayatolá del independentismo decimonónico, tenemos un culo con unas características especiales que nos distingue del resto de los pobladores de la península Ibérica». La risa que provocó esta afirmación encontró respuesta rápida en Arzallus. «Vamos a utilizar dijo el padre Javier el argumento ad experimentum crucis, el argumento ad probandum». Y con decisión izó su sotana, arrió sus pantalones y mostró el antifonario a sus compañeros. «Esto, esto es un culo vasco», aseguró Arzallus. Y dirigiéndose a Gregorio Ruiz, jesuita palentino, añadió: «Y ahora vamos a ver un culo castellano para que comprobéis las diferencias». Gregorio Ruiz le atajó: «No hace falta, Javier. En efecto, somos distintos porque nosotros, los castellanos, no nos bajamos los pantalones» (Luis María Anson, «La teoría del culo, según Arzallus» LA RAZÓN, junio de 2000 [–>])

Pues parece que nein, mein Führer:

El genoma de los vascos es igual al de los españoles

El genoma de los vascos no presenta diferencias respecto al de los españoles, según ha constatado el mayor estudio de poblaciones ibéricas jamás realizado, en el que han sido analizados unos 300.000 marcadores genéticos de más de 300 individuos con los abuelos originarios de cada una de las diez zonas analizadas.

Los resultados ponen de manifiesto que anteriores estudios que otorgaban a los vascos una capacidad de diferenciación genética respecto al resto de los españoles no tuvieron en cuenta una muestra de marcadores amplia, y se centraron en aspectos genéticos concretos que aportaron unos resultados sesgados.

Jó, qué faena. Teníamos la disculpa de que el ganado nazionalista, al fin y al cabo conciudadano nuestro, era como era por ser de una especie diferente: Vascopithecus Ibericus, por contra de Homo Sapiens. Y así, resultaba más llevadero poder disimular, o no sentirse muy implicado por las características tremebundas de tantos de los nuestros. Desde su entender y disculpar el asesinato como método de acción política, hasta la locura de lanzarse a una operación de ingeniería lingüística, capaz de aislarnos dentro de un charco marginal en el camino de la historia. Pero nos han chafado el invento. Ni vascopitecos ni vainas. Tal cual que los demás.

Y nos quedamos con el culo al aire,  como Arzallus, teniendo que entender cómo es posible que tantos de los que viven con nosotros, y al perecer son como nosotros, pueden desarrollar unas querencias ideológicas tan sociopáticas. Hay días que sería mejor no levantarse.

Para Laayouni, ‘las poblaciones humanas se parecen muchísimo entre sí’, y las variaciones están más veces dentro de cada población concreta que entre ellas.

No sé qué vamos a hacer, entonces, con la de la identititis.