Post de Pato Carlo

UPyD o la relativización del fracaso

Una de las promesas que me he hecho para el nuevo año es no estar al tanto de lo que ocurre en el partido de Rosa Díez a través de su página web. Orillada esta vía de comunicación, la prensa se ha convertido en el único referente informativo que me mantiene al corriente de las miserias de la formación magenta y como el cuarto poder nunca ha estado muy por la labor de dar cancha a la Díez, excepción hecha de Jesús Cacho hoy (2010) y de Pedro Jota ayer (es decir, en 2008), eso que me ahorro. Paso a ser, de manera voluntaria, uno de esos ciudadanos acríticos que, según Carlos Martínez, nunca votan ni podrán votar a UPyD por falta precisamente de criterio. Bien hallado.

El caso es que la promesa la empecé a cumplir a finales de noviembre, consciente quizá de que eso de dejar el último pitillo para cinco minutos antes de que la Igartiburu se ponga a la faena crea cierto poso de adición en forma de mono webero sobrevenido. En el último mes me he enterado por la prensa de las heroicas hazañas de la presidenta plenipotenciaria Díez, capaz de salvar la cara a España en el conflicto diplomático con Marruecos por el caso Haidar. David Gistau dijo que Aminatu tenía quien le llevara la silla cuando la huelga de hambre la dejó postrada, quien la velase en vida recurriendo a las sentadas bardemianas y hasta portavoz oficial pero, ¡ay madre!, ¿quién se atrevería a exponerse a la represión de la Policía marroquí? Pues sí, lo han adivinado, la presidenta del partido de Rosa Díez, que responde al nombre de Rosa Díez. Los hijos como excusa perfecta para una hábil jugada de un populismo tan extremo como el que destilaba Lerroux cien años antes o Jesús Gil hace bastante menos. Lástima que en el PSOE no se dieran cuenta en treinta años que su Golda Meir no debía ser la Chacón sino la diputada reacia a recibir premios de la Guardia Civil, ese cuerpo a cuyos miembros denomina “nuestros escudos”. Otra noticia, por cierto, de la que me enteré por la prensa.

¿Y el euskodiputado cómo va de lo suyo? Bien, ahí anda, aprendiendo a pulsar botones correctamente, un error en el que ya incurrió el eurodiputado y que, sin duda, podría obligar al Ministerio de Educación a instituir la carrera de Botonología. Porque doy por sentado que Sosa como padre y Maneiro como chiquillo habrán visto el capítulo de Barrio Sésamo en el que Espìnete diferenciaba de forma magistral entre el verde y el rojo, esos dos colores que uno no puede permitirse confundir ni en un Parlamento ni en un semáforo y que, según tenemos entendido, no se debe a problema alguno de daltonismo de los diputados. ¿Será una sutil forma de protesta por los bajísimos sueldos de sus señorías?

Pero sin duda UPyD, desembarazado ya de los molestos michelines que le estorbaban siempre que no había elecciones (los comicios son como los inviernos, fríos y duros, por lo que una buena reserva alimenticia no está mal, aunque sea a base de fabes, cochino y comida japonesa), ha estado más presente en la obligada cita con los sondeos. Del clásico Publiscopio del diario zapateril al más riguroso pero igualmente tendencioso sondeo de El Mundo, todas las encuestas vaticinan estancamiento o retroceso del partido de Rosa Díez. La del periódico de Pedro Jota estima en un 2,4% la intención de voto magenta, lejos del 5% que pronosticaba el gurú Martínez. La cifra, no lo olvidemos, se aproxima por defecto a la obtenida en las Europeas, sin duda las “elecciones de UPyD”, según todos los analistas: partido unido (aparentemente), ausencia de miedo a votar libremente por su insignificancia, medios, dinero y, sobre todo, alta abstención, siempre perjudicial para los partidos con electorado flotante pero no para aquellos con aquél más fidelizado (el partido de Díez, ERC y las marcas proetarras, fundamentalmente). En esas circunstancias, irrepetibles para UPyD, no se alcanzó el 3% a nivel nacional, lo que parece ser un techo difícil de superar dadas las circunstancias.

Llevo varios días oyendo a gente de mi entorno y a algunos ex del partido que es poco menos que el inicio del fin, que UPyD se desmorona por estancamiento, que todo irá a peor, que esto es un fracaso en la medida en que no se crece, que…Más aún; los idealistas más puristas, esos grasientos y pesados boicoteadores que se bajan del burro sólo porque sus principios son traicionados, opinan que el partido de Rosa Díez ha fracasado porque ha dejado de defender aquello para lo que nació, algo en lo que tantos creyeron y que hoy no es más que una máscara superficial que esconde una grandísima mentira y una estupenda estafa. Pero no. El fracaso, más aún en política, es tan relativo como el éxito y, qué duda cabe, un concepto extremadamente voluble. Personalmente, vaticino la entrada de UPyD en muchísimos ayuntamientos-ciudades madrileños, en el de la propia capital y en la Asamblea provincial. En algunas comunidades donde el partido se ha desarrollado más, caso de Asturias, quizá logre algo importante y también en municipios menores. Y en 2012, si ZParo no adelanta las elecciones, muy probablemente Rosa Díez estará acompañada por otro gris, servil y faldero diputado que en ningún caso ensombrezca su estela progresivamente difuminada. Algunos pensarán que semejante resultado no se puede calificar como éxito, y más si tenemos en cuenta la nula presencia de UPyD allí donde más falta hace; Galicia, Cataluña y País Vasco, donde para tener sentado a Maneiro casi era mejor dejar el escaño vacío y ahorrarnos unos euros. Precisamente estos agoreros creen que el resultado que logre el tránsfuga temporal Antonio Robles puede ser vital para predecir el alcance del invento fucsia.

Yo creo sin embargo que el éxito de UPyD radica en la diferente concepción de la cosa rosa que unos y otros tienen (tenemos). Quizá alguno piense que Rosa Díez quiere liderar un gran proyecto, un ambicioso CDS pero desprovisto del personalismo que caracterizó aquel partido y que fue causa primera de su hundimiento y defunción. Pero no es el caso. El partido de Suárez fue controlable en la medida en que se creó por adictos de la antigua UCD leales al ex presidente, con peso político, con experiencia y en un contexto de división extrema de la derecha y de clarificación progresiva pero lenta de la sopa de siglas posfranquista. Hoy UPyD sólo puede sacar tajada de la división de la derecha, como lo hizo en Vitoria y como lo hará en Madrid en 2011. El resto de circunstancias no se dan, en muchos casos porque Rosa Díez impide convertir a su partido en un partido, sin posesivos, y porque, no nos engañemos, ni Martínez es Rodríguez Sahagún, ni Fabo José Ramón Caso ni Ramón Marcos Arias Salgado ni Maneiro Chus Viana. Bueno, tampoco Robles es Fernández Teixidó, aunque su trayectoria apunte las mismas maneras y de tanto salto quizá acabe también como parlamentario de CIU.

Pero hay algo que diferencia extremadamente al CDS de UPyD: la vocación chiringuitera. No podemos comparar dos partidos si uno de ellos no aspira a serlo y el magenta no es más que un coto privado de caza (de poder y dinero) de una señora políticamente descolocada, aupada por dos intelectuales (uno por vivir en su abstracto mundo de astracanadas y polichinelas y el otro por confundir amistad con servilismo, una actitud insuficientemente reflexionada para alguien que vive de pensar) y arropada por un sindicalista y un incalificable e inclasificable pedante de hosco temperamento cuya máxima aspiración en la vida para sentirse realizado, confiesa, es coleccionar enemigos.

En función de equilibrios políticos y de lealtades inquebrantables, otro amigo de los veinte de noviembre invitaba a sus cacerías a unos o a otros pero eran siempre eso: sus cacerías y en ellas, cómo no, el caudillo siempre cazaba más que nadie. Aunque otros capturasen realmente las presas. Hoy a las cacerías invitan a los erráticos y confusos diputados, al tránsfuga catalán, a Pimentel, a Becerrix y a unos cuantos más. Mientras dé para esos, suficiente. Y ahora que nos dicen que alquilar unos altavoces tres días en un palacio de congresos ronda los siete millones de las antiguas pesetas, podemos dar fe de que hay dinero suficiente para mantener el chiringuito. Y si además, con un poco de suerte, el PP o el PSOE se quedan a un par de escaños de la mayoría absoluta en 2012, el cortijo podrá reclamar su parcela de poder, la guinda de un goloso pastel. Un Ministerio de Propaganda, por ejemplo. O de la Verdad, que siempre será más orwelliano. Y si el resultado es ajustado e impide ser imprescindibles, se presentan los recursos necesarios para que el último escaño no se lo lleve un partido nacional sino uno independentista, no sé, Nafarroa Bai por ejemplo. De eso ya tenemos precedentes.

Pato Carlo.