A Ferrán P. Vilar, con cariño.

Joé, Ferrán. Saludos. Entro a leer con todo el interés tu último artículo [–>], pero me has matado. ¿Te haces idea del tiempo que lleva llerlo, + asimilarlo, + contrastar medianamente lo que dices?

Pareces persona razonable. Seguro que podemos entendernos, al menos en algunos puntos.

¿Qué demuestra este artículo? ¿Que la papela del instituto ese de Oregón con la firma de 30.000, no conduce a ningún sitio -o incluso es un pufo? Pues estamos de acuerdo. Es la típica pijada propagandística a la que nadie sensato debería de hacer caso. Y que ya de antemano puedes pensar que sea pufo, como toda propaganda. ¿Y ahora qué hacemos, creernos el alarmismo, o incluso a tí mismo, ya que lo de Oregón es una filfa? Verás, para eso hay algunos problemas.

Aunque no lo dices explícitamete (creo, porque no he podido acabar), da la impresión de que sostienes que el argumento “negacionista” viene del dinero. Petroleras y los malos habituales. Si reciben dinero por negar la alarma, algunos pájaros muy malos la niegan, y eso es todo lo que hay. Pero así te quedas con cuatro flancos abiertos, y muy delicados:

1) Los que no cobran del dinero “sucio”:

Habría que digerir a científicos de primera fila no escépticos pero tampoco alarmistas, tipo Pielke, von Storch, Zorita, y así. Y habría que digerir a científicos de primera fila directamente escépticos, tipo Lindzen, Christy, Douglas, Spencer o Shaviv, por no extenderme demasiado.

2) Los que sí cobran del dinero “limpio”.

Si el argumento es que hay opiniones que no valen, porque son opiniones crematísticamente interesadas, espero que no lleves la cosa tan lejos como para imaginar que el dinero de un lado pervierte la opinión, pero el dinero del otro lado no la pervierte. Y entonces bastará que ta hagas una idea de las colosales cantidades de dinero público que se invierte en invetigación “calentóloga”, que no se invertirían si no hubiera gran alarma por medio. Hablamos, sencillamente, de miles de veces más que todo lo que se pueda achacar a los “malos”.

3) El método.

Ni el método científico ni el método lógico dicen nada de los estímulos que impulsan un argumento. Al contrario, lo que dicen es que te olvides de los estímulos, porque son irrelevantes. Lo que cuenta, salvo cuando queremos trampear, es el argumento mismo: su consistencia interna y su consistencia con los hechos. O sea, la prueba.

4) Lo del “negacionismo”.

No te ofendas por lo que voy a decir, porque no es nada personal. Sé que solo sigues la corriente, usas una palabra de moda que -muy convenientemente- molesta a los que quieres molestar, y no lo has pensado más allá. Pero eso de aplicar el término “negacionista” a una de las dos partes de una discusión, o es un sinsentido, o es una vileza.

  • a) Sinsentido.

En casi cualquier discusión todas las partes niegan algo y afirman algo -aunque distinto. En la que nos ocupa, los “escépticos” niegan fundamentalmente dos cosas: Las retroalimentaciones positivas del sistema climático (una gran sensibilidad del sistema). Y la madurez de la ciencia climática como para hacer predicciones válidas. Junto a esas dos negaciones afriman muchas cosas. Afirman forzamientos radiativos no contemplados por los alamristas. Afirman una gran variabilidad interna del sistema climático, sea por complejidad o sea directamente por caos. Y afirman que las temperaturas actuales sí tienen precedentes en los últimos 2.000 años, y por tanto son algo bastante normal.

Los alarmistas también son negacionistas. Niegan que en otras épocas recientes pasara lo que pasa ahora, de temperaturas, hielos, etc. Niegan las retroalimentaciones negativas. Y niegan que los modelos estén fallando estrepitosamente, algo que está a la vista de cualquiera.

Tal vez pretendes decir que los “escépticos”  tienen una postura que a los “alarmistas” les parece incomprensible. Espero de tu altura de miras que puedas comprender que lo mismo pasa al revés; los escépticos no se lo pueden creer cuando ven a los otros afirmar que una ciencia recién nacida, en mantillas, que nunca ha acertado una predicción digna de ese nombre, sea una “settled science”.

O sea, el término no tiene sentido.

  • b) Vileza.

También se puede emplear lo de “negacionistas” como una forma de negar al contrario el derecho a discutir. Como si estuviera negando algo tan obvio que no merece la pena escucharlo. Pero si hay algo no obvio en este mundo es como carajo funciona el sistema climático. Y acabar con una discusión por el procedimiento de cerrar la boca al contrario, es una vileza.

Total, que protesto por la extensión de tu artículo, y ya ves el rollo en el que me he embarcado. Pero dime, ¿a donde vamos con la pamema esa de los 30.000? ¿Podrías hacer lo mismo con la famosa lista (750, creo) del senado USA [–>]? ¿Intentas acaso negar que hay una discusión en curso? Oye, ¿no serás un poquitín negacionista tú mismo ;)? Si hay que llamar “negacionista” a alguien, una estupidez o una vileza -como digo, ¿no será a los que niegan lo que resulta más obvio y a más primera vista para cualquiera? Por ejemplo que hay una discusión científica en sin resolver, y que la ciencia no está nada “settled”?

Saludos.


Añadido:

Ah, perdón, y me he olvidado de un quinto flanco. Los científicos de primera fila que sí son alarmistas, que cobran -y mucho- del dinero “limpio”, y que cuando les cazan emails privados dicen cosas tan gráficas como “El truco de Mann para ocultar el declive” (Briffa), o El hecho es que de momento no podemos dar cuenta de la falta de calentamiento, y es una putada que no podamos (Trenberth), o antes destruyo los datos que mostrárselos a esa gente (Jones), o si es necesario -para que los contrarios no publiquen- redefiniremos qué es literatura “peer-reviewed” (Mann), o recent decline in tree-ring density has been ARTIFICIALLY REMOVED to facilitate calibration (Harry Readme file -código). O hablando de dinero, los más de diez millones del libras acumulados por Jones en “grants” los últimos años.

Así que eran cinco los pequeños flancos que quedan desubiertos con tu teoría del sucio dinero que todo lo mancha, y aquí no hay más historia. Me temo que sí que hay historia; y un montón de ella, además.