La línea de defensa del los alegres muchachos del Climategate, que repiten hasta la saciedad, es que el escándalo no pone en cuestión el extraordinario calentamiento del presente, que solo se puede deber al CO2. Incluso hay científicos serios y fiables, como Von Storch, que lo defienden [–>]. Por cierto, un paréntesis. Sombrerazo a von Storch en su blog, que plantea la cuestión [–>] en abierto total y sin tapujo alguno. Esperemos que tenga tiempo de contestar -lo ha prometido.

Pero parece dudosa la defensa, porque el escándalo apunta a las tres principales líneas de defensa del alarmismo. Y sí, ahora están en fase de defensa.

  • El Período Cálido Medieval y la fiabilidad de los proxies de Mann y Briffa.
  • La fiabilidad del sistema “peer review” (el motivo de que haya más literatura a favor del alarmismo).
  • La cantidad real de “calentamiento global”. (Una seria disminución del calentamiento del siglo pasado les jodería la teoría).

En los dos primeros puntos ya se están tambaleando, y lo tienen crudo. Y hoy saca Steve McIntyre un documento interesantísimo. Un trabajo que no pasó el sistema “peer reviewed” en 2004, por el documentado esfuerzo de Phil Jones, director del CRU. Y el trabajo ponía (pone aun) en cuestión los datos del CRU en Siberia, de los que es responsable Jones. Datos también puestos ahora en cuestión desde Rusia, pero por un organismo dudoso [–>]. Según el autor del trabajo de 2004, Kamel:

El resultado aquí presentado sugiere que el registro de temperaturas debería de revisarse en más regiones, e incluso globalmente.

A la vista de lo visto, y de la alucinante chapuza de los programas informáticos y el caos en las bases de datos del CRU, bien reflejadas en los emails, este trabajo [–>] de Kamel tiene hoy una dimensión completamente distinta. Y Jones impidiendo su publicación también:

Recently rejected two papers (one for JGR and for GRL) from people saying CRU has it wrong over Siberia. Went to town in both reviews, hopefully successfully. If either appears I will be very surprised, but you never know with GRL.

Y claro, ya que los científicos “oficiales” no revisan los datos, ni ganas que tienen, lo está haciendo la gente. Ingenieros, estadísticos, tropa así. Todavía hay pocos resultados, pero siempre son en el mismo sentido. Los datos en crudo, o con una corrección que suena razonable, marcan menos calentamiento que el resultado final cocinado por el CRU, o el GISS. En Nueva Zelanda, en Australia, en Suiza, en Siberia y en Alaska. De momento. Y parece que siempre aplican demasiado poca corrección por el efecto térmico del crecimiento de las ciudades en las que están los termómetros.

Debería tener una solución fácil. Coger los pocos termómetros que hayan estado más de 80 años en un mismo sitio rural, y sacar con ellos -si no una temperatura media global, al menos un índice muy interesante. Podríamos hacernos una idea suficientemente aproximada de los aumentos y disminuciones que ha tenido la temperatura global el siglo pasado, sin necesidad de saber con exactitud la temperatura global media misma. Es baratísimo, para la pasta que se están gastando. Lo mismo sospechan que el resultado no les iba a parecer tan apetecible.

Fuente:

Climategatekeeping: Siberia

Documentación:

Sesgo en el sistema “peer review”:

By David H. Douglass, Professor of Physics, University of Rochester, New York, and John R. Christy, Distinguished Professor, Atmospheric Science, University of Alabama at Huntsville

Problemas con los datos:

Y esto no ha hecho más que empezar. El climategate ha despertado el interés del populacho, que se ha empezado a preguntar -¿qué estaría haciendo esta banda en la cocina de los datos, si nadie se los revisaba? Parece que por fin nos vamos a acabar enterando.