Aparatrix, enquistado en su chiringuito, ha caído en la personitis (*). Divide a la afiliación en afiliados fieles y afiliados infieles, premiando a los primeros y atacando con saña a los segundos. Pero no es solo Matrix quien ha caido en la personitis. También hay un buen montón entre los críticos padeciendo el mismo desenfoque. Dividen el mundo entre malos y de su cuerda, y atacan a los malos. A veces haciendo una auténtica caza de brujas sin sentido alguno. Y es inútil, además de absurdo. Nunca se entiende el mundo cuando se intenta explicar dividiéndolo entre buenos y malos. Por la muy sencilla razón de que todos somos buenos, y somos malos.

Se trata de los sistemas, idiota. Hay sistemas que premian que seas malo y abuses de los demás. Y si estás en un sistema de esos, lo harás. Unos lo harán más, y otros menos, pero todos lo harán. Y otros sistemas se preocupan de evitar la posibilidad de abusos, y en esos sistemas disminuye mucho el atropello -independientemente de las personas. No son mejores personas, son mejores sistemas.

El dibujo se entiende fácil. Aunque hay personas con más ansia de poder que otras, en la cúpula de las organizaciones solo vas a encontrar a las más ansiosas. Especialmente en las de tipo político, que requieren menos especialización y cuenta más la pura hambre de poder. No importa el nombre ni los detalles de quien ha llegado arriba. Habiendo llegado, es un peligro. Por haber llegado, simplemente. Lo que cuenta es tener un sistema que no le deje abusar demasiado al que llega.

– ¿Y como lo hacen esos sistemas?

– Limitando el poder de todos. Limitando sobre todo el poder del poderoso. Desconcentrando el poder.

Las personas se adaptan a los sistemas en los que tienen que operar. E intentan, claro, acaparar todo el poder que el sistema les permita. Pero no por malos, sino por personas. Somos así. Y no es un problema nada difícil de resolver. Hasta el más impetuoso acaparador de poder que puedas imaginar lo entiende. Pondré un ejemplo muy querido a los críticos de UPyD aquejados de “personitis”. El mismísimo, el auténtico Carlos Martínez Gorriarán.

Gorri es perfectamente capaz de pensar en un sistema que dificulte los abusos. En realidad es capaz de hacerlo mucho más brillantemente que la media. Y de pensar en ese sisetema como en algo deseable. Lo que no va a hacer es aplicarse a sí mismo esas brillantes ideas de las que es capaz, y con ello caparse su propio poder. Cuando se trata de su poder es como los demás. Como tú y como yo; defiende su poder y trata de acaparar más. Mira:

Las constituciones democráticas instituyen un sistema de contrapesos entre los distintos poderes que tiene la misión de frenar, compensar o corregir la tendencia a concentrar la decisión en un número muy reducido de personas, con el consiguiente incremento del abuso, la arbitrariedad y la corrupción. ../… El mismo sentido tiene la limitación constitucional de competencias gubernamentales, y la preservación de los derechos inalienables -de las personas, no de los colectivos- para limitar la intromisión del legislativo y el poder judicial en las vidas privadas. Pues bien, nada de eso funciona o cuenta en los partidos políticos, donde los aparatos disfrutan de un poderío comparable al casi omnímodo de un concilio medieval: definen la doctrina y la herejía a erradicar, emiten anatemas e indulgencias y proclaman excomuniones irrevocables.

Carlos Martínez Gorriarán, ABC, 29-3-2006. La democracia en los partidos. A Rosa Díez.

¿Impecable, no? Difícil pedir más. Recomiendo que leáis el artículo completo. Sobre todo los de la personitis, para que veáis lo decentemente que es capaz de pensar ese al que achacáis todos los problemas de UPyD.

Pero amigo, ahora que se trata de su propio poder, la cosa cambia y el pensamiento torna:

Por ejemplo, es absolutamente necesario que el sistema constitucional incorpore el principio de separación de poderes y de contrapesos institucionales, pero en cambio es absurdo que un partido se dote de poderes separados o incorpore en su seno un modelo de funcionamiento que partiera de la existencia de proyectos políticos enfrentados, al viejo y cainita modo de los “partidos dentro del partido”.

Ponencia política de UPyD para el 1º Congreso.

Lo que nos lleva directamente a lo que podríamos llamar “lógica Pepiño”.

¿Es Carlos demócrata y no demócrata, según? ¡Pues claro, como todo dios! La culpa no es suya. El solo acapara el poder que puede, cosa que está en nuestra naturaleza desde antes de que fuéramos chimpancés. La culpa fue nuestra, de todos. Porque nos desentendimos del sistema, y delegamos la hacienda al cuidado de los héroes. Pero los héroes eran humanos; siempre lo son.

Ahora tienes una oportunidad, muy pequeña, de impedir el desmadre. Tu sabrás lo que hay que hacer. Pero no te equivoques. La culpa no es de los héroes, sino de los pringados -por delegar en ellos y desentenderse de la hacienda. Si repites la jugada, volverá a pasar lo mismo. Si crees que basta cambiar a las personas para corregir las cosas, estarás en las mismas. Diré más: las mismas personas que están ahora, con un sistema decente, serían una combinación formidable. Y lo demuestra Carlos, en su artículo. Solo hace falta que consigas obligar a Carlos -y a Rosa, a releer a Carlos. 😉

bookcrossing

Con las gracias y premio honorífico a S. Martín, por señalar el artículo de CMG.

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Nota (*):

Personitis. Perturbación no patológica y muy habitual en la psique humana. Se manifiesta en la tendencia de buscar una persona culpable -ante cualquier incomodidad o problema, olvidando la importancia de las circunstancias o cualquier otro elemento de perspectiva. Glosario de los Errores en la Percepción, ed. Casa Tifus – Objetos Delicados, 484 AC.