Por “los datos” me refiero a aquellos en los que se basa el IPCC. La temperatura del aire medida en garitas de superficie (a un metro del suelo). Tienen muchas estaciones por el mundo y con todas las lecturas hacen una “media global”. La evoución de esa media es el calentamiento global.

Puesto así, suena limpio y bien. Pero hace tiempo que sabemos hay objeciones que indican que no es tan sencillo ni tan razonable como parece. Por una parte está la objeción de Roger Pielke (padre) de que la única forma razonable de medir el calentamiento (o enfriamiento) global es midiendo el calor del mar. No la tempeatura de superficie del mar, sino el calor de la capa de los 700 metros superiores del mar, que gueradn el 80% del calor del sistema climático. Hay novedaes a ese respecto, y espero comentarlas en breve.

Pero tenemos otras dos novedades más urgentes, y se refieren a lo que está midiendo el IPCC con sus garitas de superficie. Tenemos problemas con los datos mismos, y tenemos problemas con lo que miden los termómetros.

1. Los datos.

Hay varios organismos oficiales que proporcionan datos de temperaturas. El IPCC hace especial hincapié en los del Climate Research Unit en la University of East Anglia, en el Reino Unido. Conocido como CRU. Es la institución que tiene los registros más largos de temperatura.

Ninguno de los organismos ofrece los datos puros, sino corregidos. Con un montón de correcciones, por diversos motivos. Son datos digamos, con “valor añadido”. Pero dada la importancia económica de lo que nos estamos jugando a cuenta del apocalipsis trompeteado por el IPCC, sería de lo más razonable, debería ser incuestionable, que esas correciones se puedan estudiar, para saber qué es lo que han hecho exactamente con esos datos. En qué consiste ese “valor añadido”.

Y acabamos de enterarnos, con gran estupor, de que eso no es posible. Steve McKintyre, uno de los principales, si no el principal de entra la tropa de estadísticos “escépticos” pidió los datos, y se los negaron. Sobre la base de que no es un académico -es de imaginar que se refieren a que no está contratado actualmente  en ninguna universidad. Pero se trata de un profesional de gran prestigio, con muchas publicaciones, y ha sido revisor del IPCC mismo. Para sortear el problema pidió los mismos datos su colega Ross McKitrick, y se lo negaron también, alegando otro motivo.

Según una reciente noticia suelta en Nature, el rechazo es porque Phil Jones, el director de CRU, está siendo “inundado” con peticiones. Nature habla de 56 peticiones. ¡Por favor!, solo están pidiendo los datos puros. Esa debería de ser la petición más fácil de atender del mundo. Y atendida una, atendidas todas; no hay más que copiar y pegar el email con el enlace al archivo. Ni siquiera se puede entender que el director del CRU haya llegado a enterarse de asunto.

En fin, que lo sepáis. Si quieres saber qué es lo que están haciendo exactamente con unos datos oficiales que van a empobrecer la economía mundial como nunca habíamos imaginado, no puedes. no los sueltan. Así es eso que llaman “ciencia climática”, y así se construyen los “consensos”.

La saga de los datos CRU, la puedes seguir en ClimateAudit, concretamente en estos pasos:

Interesante también al artículo del dr. Pielke (hijo) en:
De donde viene este dibujo del perro que se comió los datos …
el perro se comió los datos ...

el perro se comió los datos ...

… y de donde saco este extracto alucinante:

Thus it is with some surprise to observe CRU going through bizarre contortions to avoid releasing its climate data to Steve McIntyre. They first told him that he couldn’t have it because he was not an academic. I found this to be a petty reason for keeping data out of the hands of someone who clearly wants to examine it for scholarly purposes. So, wanting to test this theory I asked CRU for the data myself, being a “real” academic. I received a letter back from CRU stating that I couldn’t have the data because “we do not hold the requested information.”

I found that odd. How can they not hold the data when they are showing graphs of global temperatures on their webpage? However, it turns out that CRU has in response to requests for its data put up a new webpage with the following remarkable admission (emphasis added):

We are not in a position to supply data for a particular country not covered by the example agreements referred to earlier, as we have never had sufficient resources to keep track of the exact source of each individual monthly value. Since the 1980s, we have merged the data we have received into existing series or begun new ones, so it is impossible to say if all stations within a particular country or if all of an individual record should be freely available. Data storage availability in the 1980s meant that we were not able to keep the multiple sources for some sites, only the station series after adjustment for homogeneity issues. We, therefore, do not hold the original raw data but only the value-added (i.e. quality controlled and homogenized) data.

Say what?! CRU has lost track of the original data that it uses to create its global temperature record!? Can this be serious? So not only is it now impossible to replicate or reevaluate homogeneity adjustments made in the past — which might be important to do as new information is learned about the spatial representativeness of siting, land use effects, and so on — but it is now also impossible to create a new temperature index from scratch. CRU is basically saying, “trust us.” So much for settling questions and resolving debates with empirical information (i.e., science).

2. Lo que miden los datos.

– Joé, pues medirán la temperatura, ¿no?

Bueno, sí y no. Miden la temperatura en unos puntos muy concretos dentro del enorma sistema climático. Y esa temperatura en unos puntos muy concretos no tiene por qué ser necesariamente indicativa del calor total del sistema. No tiene por qué indicar necesariamente si está entrando o saliendo calor del sistema; puede indicar un simple desplazamiento del calor de una zona a otra dentro del sistema.

Y eso es lo que parece indicar un estudio recién salido del horno:

New Paper Documents A Warm Bias In The Calculation Of A Multi-Decadal Global Average Surface Temperature Trend – Klotzbach Et Al (2009)

Nuevo trabajo documenta un sesgo caliente en el cálculo de la tendencia de la temperatura media global de supeficie multi-decadal. Klotzbach et al 2009.

Klotzbach, P.J., R.A. Pielke Sr., R.A. Pielke Jr., J.R. Christy, and R.T. McNider, 2009: An alternative explanation for differential temperature trends at the surface and in the lower troposphere. J. Geophys. Res., in press.

Se sabía que los satélites y las mediciones de superficie estaban marcando cosas diferentes. Si observas la curva de temperatura global desde 1979 (desde que hay satélites), verás que los satélites marcan más menos calentamiento que los termómetros de superficie. Las dos líneas se van separando con el tiempo, aumentando la diferencia. Así que según los termómetros el calentamiento global es mayor que según los satélites. ¿Cual crees que es la medición que le gusta al IPCC y … ¡a la NASA!? Pues los termómetros, claro.

Resumen (muy resumen) del nuevo trabajo:

Nuestro nuevo trabajo proporciona pruebas del error significativo en los análisis de la tendencia de temperatura global de superficie del NCDC, así como de otros centros como el GISS y el CRU, debido al muestreo de temperaturas en un solo nivel de la superficie. Es importante señalar que se trata solo de un error entre un número de ellos en las colecciones de datos NCDC, GISS y CRU, como hemos resumido en el trabajo.

Leer completo (en inglés) aquí —>.