La Berza odia el tren, y hace de la lucha contra el TAV su última gran causa política. Ultima de más novedosa, y última de se acabó.

¿Tienen razón? Tal vez convenga tomar perspectiva para examinarlo, y buscar alguna comparación. Y resulta que hay una comparación histórica muy sugestiva; los indios de las praderas y su lucha contra el ferrocarril.

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Y como en el caso de los indios, la Berza tiene razón en su fobia al tren. Para los sioux el ferrocarril significaba el fin de la vida neolítica. Y como amaban el neolítico (no conocían otra cosa), odiaban al caballo de hierro. La Berza ama una brumosa quimera recién inventada, que Juaristi explicó como “bucle melancólico”. Y saben que cuanta más facilidad en las comunicaciones, más ridículo resulta. Ergo tren-fobia.

Pero hay algo que no suele saberse. El ferrocarril del oeste acabó con el neolítico en las praderas, pero no acabó con los sioux. Hacia el año 1780 se calculaba que podían ser unos 10.000 individuos. En 1849 su número se estimaba en unos 20.000 que aumentaron, a pesar de los conflictos, a unos 25.000 en 1881 y a unos 28.600 en 1910. En 1956 había unos 31.600 individuos. En 2001 había 124.551 apuntados en el rol tribal. Según el Atlas de Asher, había 20.000 lakota (de los que unos 6.000 hablaban la lengua) y 23.000 santee-wiciyela (de los que unos 19.000 hablaban la lengua).

Como se ve, el ferrocarril ni siquiera acabó con la lengua de los sioux. Hay tantos parlantes hoy de sioux (24.000) como en 1.881 (25000), y el doble que en 1.780 (10.000). La diferencia es que allí la tren-fobia se acabó hace más de cien años, y aquí acaba prácticamente de nacer. Y otra diferencia nada despreciable: Al parecer, tras la victoria del tren, en Siouxlandia uno puede apuntarse al “rol tribal”, o no apuntarse. Pero en Vasquilandia todavía no ha ganado el tren..

Nota: los datos de los sioux vienen de Wikipedia [–>], así como la foto de “Nube Roja y otros Sioux”