La de la tarde de ayer en Bilbao fue, sencillamente, una concentración ridícula. Es ridículo que una “Plataforma” constituída por 28 organizaciones, incluído el PP (con millones de afiliados), no sea capaz de reunir a más allá de 60 personas. Es ridículo que, en una ciudad con casi 400.000 habitantes, no haya más allá de 60 personas dispuestas a respaldar esta convocatoria. Es ridículo que entre escoltas, ertzainas, periodistas y técnicos de sonido sumaran casi el 50% de los concentrados.

¿Qué habrá pensado cualquier transeunte que pasara por allí? Pues, muy sencillo. Habrá pensado que solo son cuatro gatos los que se oponen al regreso de los batasunos a los ayuntamientos. Y, en el mejor caso, le habremos dado lástima. A otros les habrá entrado la risa, pues no necesitan hacer nada para desacreditarnos y ponernos en ridículo, porque lo hacemos nosotros solos.

Si estamos convencidos de que somos muchos más los que pensamos parecido, los que reclamamos libertad y nos oponemos a la política de rendición del gobierno socialista, es irresponsable no hacer un esfuerzo REAL para reunir a todos los que así pensamos y sentimos. Cuando se pretende liderar una Rebelión Cívica, es irresponsable actuar con tal ligereza,  permitir semejante ridículo y, en definitiva, provocar el descrédito de la causa de la libertad.

Y es que no basta con cubrir el expediente y organizar una concentración “como sea”. Hemos de preocuparnos y ocuparnos de mantener una imagen respetable … y no caer en el ridículo.