Ein Volk, ein Reich, ein Führer.

Ayer la bestia eusconazi, la sección más desinhibida, se manifestó en Bilbao, bajo las siglas de ANV, pidiendo “un proceso y unas elecciones democráticas”, así, sin enrojecer.

Aclarémoslo, porque no se enteran. Eso de llamarles bestia eusconazi no es un insulto, y mucho menos es gratuíto. Lo de bestia no necesita más explicación. Matan y atacan a coces, y encima les parece normal, ni siquiera reprenden a Aramburu Corral. Bestias, por tanto. Y lo de llamarles nazis, que no lo entienden, también es evidente. No están pidiendo libertad política, porque la libertad, o es para todos o no es. No se preocupan por los derechos humanos ni las libertades cívicas, como hacen los demócratas, sino que los desprecian y atacan, y los contraponen a eso que llaman derechos colectivos. Ein Volk. Y con lo que llaman la territorialidad. Ein Reich. Y se erigen, con derecho a poseer y usar bombas y pistolas, en salvadores de ese Volk, y de ese Reich. Ein Führer -colectivo esta vez, misterioso, encapuchado, y con el prestigio de la violencia, de las armas, y del aplauso del Parlamento Europeo concedido por ZP. A Carl Schimdt lo tienen ya asumidísimo con su “que se dejen de bobadas de estado de derecho” y con sus amenazantes y agresivas manifestaciones delante de la sede judicial que osa juzgarles. Nazismo sin duda. Eusconazismo.

Así que no es en absoluto exageración o insulto lo de bestia eusconazi. Es pura descripción bestiológica.

Y ahora piden nada menos que democracia. Debe ser una democracia muy especial la demoracia etarra. Parte de la base de matar al discrepante, cuando conviene, o de patearle los huevos, cuando no conviene llegar a tanto como matarle. Parte de creerse en el derecho de amenazar de muerte, selectivamente, a los políticos de los demás partidos, según se porten mejor o peor respecto a los criterios de la bestia. Parte de la idea de que unos pueden hablar y otros no. Esos otros lo único a lo que tienen derecho es a recibir hostias, o balas. Y todo ello con la anuencia y contento de ZP, y la alegre panda del “cordón sanitario”.

Ayer fué un día negro en la historia de Bilbao. En pleno centro de la Villa, la bestia atacó a dos chicas de un partido para que no pudieran pegar carteles electorales, para que no pudieran expresarse en público. Y en menos de veinticuato horas, ellas tuvieron el valor de volver a la plaza pública, y leer el manifiesto de la AVT pidiendo la vuelta a prisión de la versión eusconazi de Hannibal Lecter. ¿Se vocó la ciudad con ellas, para defender su libertad, que es la de todos? Ni hablar. Solo les acompañaron unos trescientos, la mayoría compañeros de su propio partido, y unos pocos ciudadanos más, ante la indiferencia de la ciudad.

Si Bilbao, la vieja villa liberal, no sabe defender su libertad, merecerá lo que le va a pasar, lo que ya le está pasando. Muchos centenares de muertos, millares de exiliados políticos, y un buen porcentaje de población sin libertad. Lo llevamos claro si nos quedamos de brazos cruzados esperando la llegada del ángel salvador.