democracia-kindergarten

¡Queremos opinar! Es lo que hacen siempre los niños, a menudo berreando. Pero hacerse adulto es recibir un cachete cuando berreas. Porque una cosa es expresar una opinión, y otra muy distinta es tomar una decisión sin saber cómo se lleva a cabo, ni a dónde conduce.

¿Todos tranquilos ahora que en Escocia han dicho “no”? Difícil de creer, si vemos que en Quebec eso no sirvió para nada en 1980, más que para intentarlo de nuevo quince años después. Hasta que un ministro canadiense adulto, y Québécoise para más señas, forzó al Tribunal Supremo a digerir las formas y alcance de la opinión de los niños. Porque estará muy bien querer helado de postre, pero habrá que saber esos incómodos detalles de cuánto cuesta, quién lo paga, quién lo come, y qué cantidad podemos comprar. Por ejemplo, la necesidad de una mayoría cualificada; y sobre censo, no sobre votos. Y el principio impecablemente democrático de que el voto que puede servir para separar Canadá, también debe de servir para separar Quebec. Por ejemplo, si Escocia quiere separarse para llevarse el petróleo del mar del Norte, lo mismo pueden querer las Shetland, y por exactamente el mismo motivo.

Resultado en las Shetland:

  • Sí: 36,3%
  • No: 63,7%

¿Qué hubiera pasado en la democracia kindergarten de Cameron si en Escocia sale un sí por un pelo, y en las Shetland sale lo que ha salido?

Ah, en el kindergarten no nos preocupamos por los problemas del mundo de los adultos. Como ese, o como quién es el juez que decide en la inevitable discusión sobre el reparto de bienes y deuda comunes. El divorcio no es un simple ¡quiero irme!, y ya está. Y mucho menos un ¡queremos opinar!, porque empezar a hablar de divorcio suele conducir a llevarlo a cabo. Los adultos, antes de empezar a mencionarlo, se piensan siete veces las consecuencias. Y procuran controlar las emociones, en lugar de desbocarlas.

En Canadá, en cuanto los adultos cogieron los cuernos, a los niños se les quitaron las ganas de opinar. 20 años ya, y ni acordarse.

Cameron. Cameron como ejemplo y héroe de todos los separatistas en Europa. ¡Qué bien lo han hecho! Allí se puede preguntar y son capaces de negociarlo de acuerdo. ¿Perdón? ¿Negociar qué, exactamente? ¿Han negociado qué territorios pueden opinar, o la opinión de las Shetland no vale para nada? ¿Han negociado el petróleo? ¿Han negociado la deuda? ¿Han negociado las pensiones? ¿Han negociado el plazo para seguir opinando y opinando, hasta que salga lo que queremos — y que entonces ya no volvamos a preguntar nunca más?

O sea, que los niños estaban opinando sin tener repajolera idea de las consecuencias de su opinión. Y por si quedaran dudas, ¡rebajan la edad del voto, de los 18 a los 16! Cosa de ponerle más frenos -si cabe- a la reflexión, y ayudar a que se produzca una estampida de emoción.

Sí, tal vez se le puede llamar “democracia” a eso. Y hasta “fiesta de la democracia”. Pero tal vez “fiesta de la infancia” se un termino más ajustado.

¿Queremos “naciones a la carta” como prodigio de la máxima expresión de la democracia? Es un principio, sin duda. Auqnue sea un principio que ningún nacionalista acepta; ya sea escocés, catalán, o vasco. Solo lo aceptan para lo suyo, pero no contra lo suyo. ¿Sería mucho pedir que nos explicaran si ese es el principio en el que se basa la idea, y cómo son las condiciones generales para  llevarlo a cabo? Que nos lo explicaran … antes de meternos en el fregado, se entiende. Estilo adulto, por así decir.

En Escocia no se ha acabado nada con un “no”. Solo ha empezado el baile de la democracia kindergarten en Europa. ¿Qué siente el niño? Seguro que resulta muy entretenido. Al menos, tanto como el circo de los payasos.

 

Yo me atasco en el segundo párrafo [-->].

- Seleccionando ciertos rasgos comunes en cada región, podemos concluir ciertas idiosincrasias ligadas al territorio. Esas son las diferencias que nuestra Carta Magna protege en su título preliminar cuando dice aquello de “y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”.

¿Perdón? ¿Me puedes decir qué idiosincrasias concluyes en qué regiones, y qué procedimiento usas para ello? ¿Estás seguro de que no estás usando un procedimiento llamado memoria, que consiste en recordar lo que dice tu prejuicio cultural al respecto?

Mira la gracia:

DRAE: Idiosincrasia: Rasgos, temperamento, carácter, etc., distintivos y propios de un individuo o de una colectividad.

Vale, un individuo puede, por ejemplo, ser “sombrío”. ¿Tú crees que una colectividad numerosa puede ser “sombría”? Bueno, puede que te dé por pensar que es menos alegre que la vecina. ¿Pero qué querría decir que la comunidad vecina es más alegre? ¿Que todos son alegres? ¿Que hay un porcentaje mayor de alegres? ¿Que la alegría media es mayor, sea porque el porcentaje de alegres es mayor, o sea porque la alegría de un mismo porcentaje de alegres es más intensa?

Bien, la primera solución sabemos que es incorrecta. La mayor parte de los sevillanos no son graciosos, etc. Así que nos quedan o los porcentajes distintos, o las intensidades distintas, de algo muy alejado de la totalidad.

Siguiente paso. Según Marod, nuestra constitución “protege” que los sevillanos sean graciosos. Pero no protege que los granadinos sean “esaboríos” — que es lo que en Sevilla piensan que son.

¿Me quieres explicar cómo cojones se “protege” que los sevillanos sean graciosos? ¿Obligándoles o educándoles a todos a serlo? Eso sería cambiar lo que son actualmente. La mayoría son normal de graciosos, no son especialmente graciosos. O sea, no estarías “protegiendo una idiosincrasia”, sino creándola.

¿Ya que la idiosincrasia “graciosos” se la encalomamos en España a los andaluces, quiere decir que hay que transformar a los granadinos, para que se parezcan más a los alegres sevillanos? Porque Granada no es ni nacionalidad ni región, sino provincia. Pero sin duda es “territorio”. ¿Entonces, qué hacemos?

Olvidemos que la frase de la constitución que citas no dice lo que aseguras que dice, ni remotamente. Derecho a la autonomía no significa protección de la idiosincrasia. Ni aquí, ni en Pekín. Pero es que “protección de la idiosincrasia” es una locura de tintes fascistoides como la copa de un pino. Entre otras cosas, porque las colectividades grandes cambian de idiosincrasia — si es que se puede hablar de que la tengan, en primer lugar. El español serio, vestido de oscuro, cabal, de orgullo excesivo y formalismo sorprendente, muy individualista y muy “echado para adelante” (el tópico europeo del español en el siglo de oro) dejó de existir hace mucho tiempo como “idiosincrasia nacional”. Afortuadamente, no había Marods por entonces, con la estrafalaria idea de proteger “idiosincrasias colectivas”.

Pongo esta parte en una entrada propia, para ir desbrozando y acotanto una discusión con tendencia a discusión delta de río.

En resumen, ¿qué cojones es “proteger las idiosincrasias ligadas al territorio”, y por qué se le iba a ocurrir a nadie semejante majadería? ¿Tiene que hacerse gracioso un zamorano para montar una farmacia en Sevilla? ¿Y en Granada, tendría que hacerse gracioso, o “esaborío”?

El argumento es tan evidente en España, que no se puede entender que cause sorpresa. O que se tome como una boutade. En una zona puede haber un vernáculo en uso, mayor o menor, o podría haber desaperecido hace siglos. ¿Cuál es la diferencia? ¿Cuál es la ventaja en el caso de haber mantenido su uso?

Pongamos que en Soria se hubiera mantenido, en uso minoritario y doméstico, una lengua celtíbera. ¿Iban a ser por eso los sorianos más ricos, más guapos, y más felices? ¿Tendrían un mayor “patrimonio cultural”? ¿Una manera mejor de pensar o de sentir? No me hagan reír. Lo que tendrían es un maldito incordio. Les entraría la manía de “salvalenguas”. Se la obligarían a estudiar a los que no la hubieran heredado. Muy probablemente la mayoría. Y como sería una lengua bastante inútil (y de ahí que fuera minoritaria), se sentirían en la obligación de darle una “utilidad” artificial. Única forma de “salvarla”. Así que la harían exigencia para los trabajos públicos, como médicos y enseñantes. Y en la educación. Y todo el mundo perdiendo el tiempo con una lengua con la que no iban a encontrar nada en internet, ni les iba a proporcionar la capacidad de comunicarse con una sola persona más. Eso sí, posiblemente se iban a sentir obligados a tocar y a escuchar la gaita. Insoportabe coñazo.

No hay nadie con dos dedos de frente que pueda pensar que los sorianos se han perdido nada al abandonar el celtíbero que en su día usaran. Razonamiento que sirve para pensar lo mismo de otros vernáculos que sí siguen en uso, y están en plena fantasía de “salvemos la lengua”, y “patrimonio cultural”. Majaderías que, por lo que se ve, conducen a padecer esa sociopatía llamada nacionalismo.

- Es que si se hubiera perdido el vascuence, no seríamos vascos.

- Ya. ¿Y qué es lo que se ha perdido exactamente el soriano por no ser “celtíbero”; el francés por no ser “galo”; el catalán por no ser “íbero”;  o el inglés por no ser “britano”. ¿Acaso no son lo que son?

- Es que yo prefiero ser vasco que ser otra cosa.

- Esa tontería se te pasaría, precisamente, si no se hablara vascuence. Serías más feliz. Pero el problema no es lo que tú prefieras ser. Como si bailas la conga. El problema es lo que tú prefieres que seamos los que tienes alrededor. Que es lo que llamas “conflicto”, y que, según tu propia teoría, está producido por la pervivencia de un coñazo vernáculo. Por eso en Soria, Zamora, etc, se han ahorrado ese “conflicto”.

Más idiotas, y hacemos un concurso. O igual eso es lo que nos gusta. Dar por saco.

 

Vascuence por saco

Menos lobos, Caperucita.

Los cuentos chinos a menudo parten de una asunción gratuita. Verosímil, sí, pero perfectamente sacada de la gorra. Por ejemplo, el CO2 es un gas invernadero; emitimos CO2 ⇒ ¡nos achicharramos! ¿Y dónde están las quemaduras? ¡Ah¡, eso no vale; que hablamos de un cuento.

El cuento de hoy funciona así. Entre los vascos hay una lengua distinta de la de sus vecinos. ¡Muy distinta! No es indoeuropea, al contrario que (casi todas) las demás lenguas en uso en Europa. Por lo tanto, los vascos *somos* distintos que los demás europeos en cualquier ámbito que se te ocurra contemplar. En la cultura, en los genes, en la historia, y hasta en el pensar — si te descuidas un poco. Un mundo aparte, vaya.

1 Historia

Pongamos la historia.  Los vascos sabemos de los vascos gracias a los romanos. Si no fuera por ellos no seríamos vascos. Seríamos Pepe, Juan, y así. O más exactamente, si fuéramos de cerca de Bilbao, y los romanos hubieran reflejado nuestros nombres, seríamos Quno, Larus, Avandus y Sarus. Que son exactamente los cuatros antropónimos que se tropezaron los romanetas por la zona. No son nombres “eusqueroides” ni de lejos. Sí son nombres indoeuropeos. Pero eso no se lo digas a nadie, porque somos vascos y tenemos que contar un cuento.

Por la historia sabemos que hubo unas tribus en el Cantábrico que se las tuvieron tiesas a los romanos.

- ¿Cantábrico? ¿Eso es vacuence?

- No, pero deja, deja. No se vaya a joder el invento.

Irreductibles tú. Como Asterix y Obelix. Solo tenemos que olvidar que esos vascos (honoríficos, supongo) eran llamados cántabros y astures por los romanos. Por ejemplo por Tito Livio, recogido por Lucio Florus y traducido del latín por Bill Thayer [-->], y del inglés por vuestro humilde relator:

En el Oeste (de Roma) casi toda Hispania había sido subyugada, excepto una parte que está junto a los riscos donde acaban los Pirineos, y está bañada por las aguas cercanas del Océano. Aquí, dos poderosas naciones, Los Cántabros y los Astures, vivían libres de las leyes de Roma.

Cuenta las batallas y vicisitudes, en Cantabria y Asturias, y acaba:

Este fue el final de las campañas de Augusto, así como de la rebelión en Hispania.

Y así se escribe la historia. La historia de vascopitekos, al menos. Vasco es todo lo que vagamente me suene a “raro”, aunque tenga que ser “vasco honorífico”. Como astures y cántabros. Y con esos mimbres prodigiosos queda una peli que ni Walter Scott. Para versiones menos fantasiosas se puede echar un vsitazo rápido a Wikipedia, en una versión digamos neutral (inglesa) [Cantabrian Wars -->].

2 Genes

¿Genes y razas? Los que quieras. La raza más primitiva de la tierra. Al menos de Europa. Ya ves, en Baquio tomando chacolí desde por lo menos el mesolítico. Y en vascuence, ¿eh?, que tiene más mérito. Por eso tenemos los genes más especiales y guay de Europa.

- Pero Europa tiene un conjunto genético notable por su homogeneidad.

Sí, hay pocas diferencias, y mayormente graduales en el espacio, sin grandes saltos. Pero de las pocas que hay, ¡casi todas son vascas! O por lo menos, vascas honoríficas, como las de los cántabros no lebaniegos.

Todavía hoy, los cántabros (pasiegos incluidos, lebaniegos excluidos), en el norte de la Penísnsula Ibérica, parecen ser una población genéticamente bien diferenciada, según se deduce de los marcadores uniparentales y autosomales, tal vez en mayor grado que sus vecinos, los vascos, que son los más aislados en Europa en términos lingüísticos. [Maca-Meyer y panda 2003 -->]

- ¿Y no será que los vascos queremos ser cántabros?

3 Lengua

Que no, joé. Que llevamos “desde siempre”, aquí, hablando la misma lengua. Una lengua no indoeuropea, o sea no contaminada por gente “de fuera”. ¡A ver que maldito cántabro puede decir eso!

Bueno, cántabro no es, pero sí es un reconocido especialista en lingüística indoeuropea y paleo-hispánica. Parece ser el primero que se se ha tomado la molestia de recoger, de todas las fuentes existentes, toda la onomástica prerromana que se conoce de lo que -podríamos llamar- Gran Euskalehrría Imaginaria Extendida. Esto es, entre Castro Urdiales y Huesca, y entre el mar y los Pirineos y la ribera del Ebro. Un trabajo exhaustivo. Con la idea de averiguar …

  • De los nombres de personas, lo que se hablaba a la llegada de los romanos.
  • De los nombres de los dioses, lo que se había hablado algún tiempo antes.
  • De los nombres de los montes y los ríos, las lenguas antiguas de la zona.

No voy a explicar la justificación y técnica (muy evidente) del esquema. El que quiera saberlo, que compre su libro:

Pero los resultados son más claros que el agua más cristalina. El conjunto se divide en dos zonas que tienen diferencias. No brutales, pero sí sustanciales. La parte oriental, con la actual Navarra y el norte de Aragón, hasta Huesca. Y la parte Occidental, con las tres Vascongadas.

Villar no lo presenta así, pero he sacado yo los números del texto y los mapas. Y su obra realmente es la toponimia, que ha reflejado completa. Respecto a la antroponimia y teonimia se ha basado en otros autores, como Nuñez y Gorrochategui.

Resumen de resultados:

  Zona Occid.      
  indoeurop. celta íbero vasco
Personas 78 0 0 2
Dioses 7   0 1
Topónimos 20 6 0 1
Hidrónimos 5 0 0 0
         
  Zona Orient.      
  indoeurop. celta íbero vasco
Personas 35   29 9
Dioses 2   1 6
Topónimos 25 1 2 1
Hidrónimos 0 0 0 0

Mejor no hacer millones de gráficos todos liosos. Limitémonos a lo más relevante, porque es más antiguo. Toponimia y mención especial para los nombres de los ríos, a los que les suelen dar más importancia por lo que suelen durar. Y separando los diferentes (este y oeste).

toponimos-pre-romanos-vascongadas-villar

toponimos-pre-rromanos-navarra-y-n-aragon-villar

El mensaje es demasiado evidente, pero se pueden señalar un par de detalles que no se ven en esos números.

Los dos únicos topónimos eusquéricos de que hay entre las dos zonas son Oiasso (Irún) y Pompaelo (Pamplona). Uno en Vascongadas y el otro en Navarra. Pompaelo no es pre-romano, porque viene de Pompeius Magnus, en forma eusquerizada (il – ciudad de). Oiasso sí es muy eusquérico, pero es completamente de frontera. ¿Era várdulo, vascón, o aquitano, cuando le pusieron el nombre? Está a tiro de lapo de cualquiera de los tres. O sea, no hay toponima vasca pre-romana en Vasquilandia. Nada; cero patatero.

De los dos antropónimos eusquéricos en Vascongadas, uno es precisamente de la zona de Oiasso. Queda otro. De cerca de Vitoria. Un paisa con chapela en un mar de 78 indoeuropeos. ¿Estaría de traslado o así?

Conclusión sobre la lengua sagrada: Si el argunento es que se trata de una lengua “de siempre”, y “de aquí”, ni de broma. Tiene tanto sentido re-eusquerizar Vascongadas como el que tendría re-arabizar Andalucía. Y mucho menos del que tendría re-iberizar Cataluña o Andalucía, si se pudiera. Pero si es por entretenernos …

En resumen. ¿El título es cierto? ¿Los vascos somos un cuento chino? Depende. Si nos referimos a una historia tipo tebeo de Asterix y Obelix; a una cultura no romanizada; a unos genes que destacan por su singularidad en un vulgar océano venido de Levante; y a una lengua “de casa”, “de siempre”, jamás cambiada ni hollada desde los grandes fríos de cuando cazábamos mamuts; entonces estamos ante el mayor cuento chino filipino de toda la historia universal.

La imagen es de Wikiedia (entrada, mammuthus”), pero está un poco transformada para adaptarse al cuento.

mamut-con-vasquito-y-nesquita

Nota: Es indudable e indisimulable que debo a Francisco Villar [-->] algo como el 90% de esta entrada. Gracias. Y también agradecezco al simpático vascopiteko saltarín que pulula por la plaza el impulso para hacerla. Nunca se sabe de dónde va a venir lo que te lleva a aprender. Hasta de un asno puede ser.

Complementos añadidos. Para contrastar el libro de Villar sobre la “ancestralidad” (o no) del vascuence en Vascongadas con la opinión contraria, nada como Gorrochategui directo y su “acordeón”:

Y un comentario / resumen / crítica sobre esa misma ponencia de Gorrochategui, más fácil de seguir, de Joseba Abaitua. En su blog, Trifinium:

Y enviado amablemente por jlponce, de Martín Almagro Gorbea:

Añadido II: para información del vascopiteko prodigioso:

vascuence-en-vasquilandia

Hay vascos que no tienen problemas de identidad. Yo diría que la mayoría. Nunca los mencionan. Saben quien son; saben a quién se parecen; saben a qué muy variables grupos humanos pueden asociarse, por sus filias y fobias y características de toda índole. Son -digamos- como el resto de la humanidad.

Otros vascos, en cambio, padecen unos problemas de identidad que les atromentan y no les dejan vivir con plenitud. En general están colgados de la idea de ser el pueblo, nación, etnia, o prodigio, más antiguo de Europa. Y tal vez del mundo. Con una lengua que bien pudiera sea la primera que habló la humanidad. Un entronque directo con el hombre mono, por así decir. De ahí vascopiteco, o vascopithecus tremebundus.

Ayer tuvimos la amable visita de uno de ellos, para explicarnos lo suyo:

Que bien, por fin me podré dirigir a la policía en vascuence, y no solo a mis hijos y mi mujer, las andereños, y a cuatro amigos (y con discreción a algún compañero de trabajo). Podré elegir entre mis dos idiomas maternos/paternos para dirigirme a las autoridades del país. No tendré la obligación de usar el romance por falta de interlocutor vascongado, lo podré usar cuando quiera, como cuando rellené la prestación de paternidad (SS del Reino de España). Por fin se van a acabar mis problemas de identidad, eso de no poder hablar en vasco a la policía vasca.

Ya sé que no va a ser inmediato, de hecho, que igual que no lo veo, pero bueno, quién no sueña con ser un suizo? No como un Belga: con un rey católico y dos comunidades que se hablan en inglés…

Oh vaya, que soy navarro. Para mi no cuenta, solo en la reserva transvelática. Que aquí todos somos iguales y libres. [-->]

Olvidemos que tiene cierto despiste sobre cómo funciona el mundo. Por ejemplo, ese sueño suizo que no existe. No todos los policías suizos hablan todos los idiomas oficiales de la Confederación Helvética. Ni siquiera a nivel cantonal los policías hablan mayoritariamente lo que un vascopiteco llamaría “lengua propia”. O no en todos los casos. Por ejemplo, romanche en Grisones (Graubünden). Que es el cantón más grande de Suiza.

Equivocado o no sobre el funcionamiento del mundo,  Aizkora K tiene un problema de identidad. O eso manifiesta. Será verdad, pero, ¿en qué consiste? Al parecer, se trata de que tiene dos lenguas maternas, pero no puede practicar ambas con todos los que le rodean. Ni de lejos.  Con una de ellas no llega más allá de la familia inmediata y cuatro amigos. Por falta de interlocutor.

Vamos a imaginar que “identidad” para el vascopiteco signifique lo mismo que para el reso de la galaxia. Tal vez es mucho imaginar, pero sería la única manera de entenderse.  Identidad es, referido a rebaños, aquello que te hace igual o muy parecido a unos, y te distingue de otros. Como en los obesos. En su máximo grado, el individual, es aquello que te distingue de todos los demás, como en carnet de identidad. Aizkora K habla obviamente de rebaños. Y de la lengua como factor de identidad. En su caso, dos lenguas maternas. Y tiene problemas de identidad si no puede dirigirse a todo el mundo en ambas, al gusto.

Es un problema muy claro; fácil de entender. También es un problema francamente idiota. Y se nota en que unos vascos son felices, sin problema de identidad, y otros no. ¿Y cómo lo consiguen los vascos felices? Habría que preguntarle a cada uno, pero se puede apostar a que o bien es porque no tienen la mala suerte de padecer dos lenguas maternas, o bien no practican la extravagante estrategia de pensar que pierden su identidad cuando no pueden usar las dos lenguas con todo el mundo.

¿Debemos de preocuparmos por la infelicidad de Aizkora K? ¿Es su problema nuestro problema? Según él, sí. Sostiene que todos debemos de aprender vascuence para solucionarle sus problemas de identidad. Lo que tiene una derivada delicada. Porque si la identidad depende de las lenguas, según su tesis, Aizkora K está proponiendo que los demás nos cambiemos de identidad para que él consiga su orgasmo identitario ideal.

Entendido el asunto, me da por pensar que el vascopiteco va a ser infeliz siempre. Porque  quiere que los vascos dejemos de ser vascos, y nos convirtamos en borreguitos dispuestos a cambiar por el capricho de los Aizkoras K. Pero, si somos vascos, no haremos eso en la puta vida. Por algo dicen en Chile: vasco, porfiado.

La otra es pensar que el vascopiteco no tiene un problema de identidad, sino de imbecilidad. Pretende tener el derecho a que los demás seamos como él. Sin caer en que (1) igual no nos gusta y (2) igual somos vascos, y no nos dejamos.

Vascuence por sacoAñadido posteriormente, para conversar con vascopitecos.

nesquitas-y-vasquitos

 

 

 

lenguas-ibericas-antes-de-invasion-cartago

lenguas-francia

Nos lo cuenta El Mundo:

Creo que lo decía Freud. No recuerdo la cita, pero la idea -obvia- es que no necesitas leyes para que la gente haga lo que quiere hacer, sino para que haga lo que no quiere hacer. O para que dejen de hacer lo que sí quieren hacer. En Vasquilandia concretamente, que la gente siga pasando a pedal del maldito vascuence.

La información de Iker Rioja Andueza tiene dos aspectos francamente llamativos. El primero es que el 98% de la poli regional, o no habla ni una palabra de vascuence (62%), o lo habla como los indios en los westerns (36%). Y el segundo es que van a tener que dirigirse al ganado en esa lengua que, o no hablan, o en absoluto dominan.

La jefa del plan es una Estefanía Beltrán de Heredia. Su ficha en el Parlamento Vasco no dice gran cosa, pero empieza por los idiomas que habla.

estefania-beltran-de-heredia

No dice que sepa hablar castellano. Un extraterrestre entendería que no lo habla. Y que funciona básicamente en francés, por ser el único idioma que conste en la ficha en el que tiene algún nivel. Un terrícola con conocimiento de campo, y clara conciencia de lo que se puede y lo que no se puede decir, concluiría que el denostado castellano es la lengua del territorio de ese parlamento, y que por eso ni se menciona. Es la lengua que se da por supuesta.

La sorpresa es que Stefi nos dice que hay que “euscaldunizar” a la poli, porque debe de ofrecer “un servicio cercano”, que implica ser capaz de acercarse a los vascos en el idioma oficial de su elección. Y que para conseguir eso es imprescindible que todos los polis sean capaces de hablar en vascuence, sin que cante demasiado que son extranjeros en esa lengua. Es un argumento, y es un plan. Todo lo estrafalario que se quiera, pero tiene un esquema. Y el esquema produce una conclusiones. Por ejemplo, que el parlamento o el gobierno vascos, en los que participa Estefanía, no hace falta que ofrezcan “un servicio cercano”. Menos mal.

Luego pone un ejemplo que no parece muy suficiente.

los avisos de los antidisturbios antes de disolver una manifestación «se emitirán en euskera» o «en primer lugar en euskera y luego en castellano, por este orden» si no surten efecto.

Los avisos de disolución de los antidisturbios te los pueden dar en chino, mismamente. Se entienden de cojones en cualquier lengua. Lo que no ha explicado Beltrán de Heredia, y aparentemente ningún periodista ha preguntado, es si la misma estrategia se aplica en un caso en el que haya que salvar vidas mediante unas instrucciones claras. ¿Se emitirán las instrucciones primero en vascuence, y sólo se repetirán en cristiano en el caso en el que se haga evidente que la gente no ha entendido nada? No lo sabemos, pero parece ir implícito en lo que dice. Y tal vez convendría ir dejando claro desde ya quién es el responsable de la pérdida de vidas que puede producir una estrategia así. ¿Stefi, o el mando policial que tome la decisión en el momento? Hay cosas que es mejor discutirlas antes, y no en caliente — tras el drama.

Sea como sea, lo que es claro es que seguimos en el empeño de hacer del vascuence un idioma odioso. Que puede que funcione, no lo sé. Pero para imponer algo odioso, solo se puede conseguir aborregando primero a la población en unos niveles francamente preocupantes.

Vascuence por saco

Ayer vi The Railway Man. No puede dejar de acordarme de nuestra actual situación “post-bélica” (es una manera edulcorada de mentir). Y de los amables reconciliadores y verificadores internacionales, Madinas, y otras gentes peculiares. Y como es un ejemplo de la vida real, tal vez haya por ahí algún subni o canalla al que le sea útil visualizar que solo cabe reconciliación a partir del reconocimiento de la realidad. Llamada, víctima y verdugo. Y ni siquiera el mero reconocimiento -sin contricción- es suficiente para obrar milagros. El final de The Railway Man lo muestra bien claro. Pero al menos le da una oportunidad, y a veces ocurre.

Dicen que es necesaria la “reconciliación”. Los reconciliadores, los etarras, sus amigos, y sus futuros amigos. Y parecen hablar de una reconciliación por decreto. Ya se la pueden ir metiendo por donde les quepa. Reconciliar es algo que solo puede ocurrir entre personas, y de una en una. Lo suyo recuerda a los bautismos colectivos de moros tras la reconquista. Pero no está mal mostrarles una reconciliación de la vida real, para que -como primera medida- empiecen a contemplar la posibilidad de dejar de torcer las palabras.

Por supuesto recomiendo la película entera, y no sólo su “spoiler”. Porque lo que importa es lo que conduce al final. Básicamente, desnudar la verdad. Sin eso, nunca habrá tal final.

Yo he conocido algunos hijos de los prisioneros guerra que cayeron en Singapur. Ingleses y holandeses. Sus padres ya habían muerto – mucho después de acabada la guerra. Y los hijos podían convivir con el pasado. ¡Qué remedio! Lo que no podían es sentarse a comer en una mesa con un japonés. Precisamente porque reconciliación no casa con decreto.

Este breve video tutorial apunta cómo se evita. La explicación al completo, en The Railway Man [-->].

 

Siento no haber encontrado una versión en vascuence. Por si alguien tiene problemas con las lenguas “imperialistas”. Para el que no tenga manías con esos idiomas tan poco “propios”, pero le cueste entenderlo, pongo la transcripción. Y los traductores habituales en línea lo dejan más o menos bien.

J- I am sorry.

So sorry.

I don’t want to live that day anymore.

I- Neither do I.

Dear Mr. Nagase, the war has been over for many years. I have suffered much.

But I know you have suffered too. And you have been most courageous and brave in working for reconciliation.

J- Sorry.

I- While I cannot forget what happened in Kanchanaburi, I assure you of my total forgiveness.

Sometime the hating has to stop.

Y la clave viene de una frase, anterior, que no sale en este corto:

J- They lied to us.

No es imposible, y esta peli lo demuestra. Aunque nadie espera algo así de los muy satisfechos verdugos vascos. Pero mientras tanto, aunque  cabe -más o menos- una fría y educada convivencia de vecindario , lo que no cabe es la fantasmagórica reconciliación de la que hablan sus portavoces políticos.

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