zougam


Es que el título estaba ocupado.

Recordemos muy rápido.

- A Zougam lo detuvieron por vender la tarjeta que apareció en la mochila de Vallecas.

- Y lo condenaron porque le vieron en los trenes antes de que estallaran. En diferentes trenes al mismo tiempo, pero Bermúdez decidió que unos testimonios eran guay, y otros ful, y así no había contradicción.

* La justicia ha aceptado la denuncia por falso testimonio de las testigas guay de Bermúdez, porque hay motivos para sospecharlo. Los mismos motivos que cuando Bermúdez decidió que eran chupi.

* La justicia acaba de ordenar que se tome declaración al socio de Zougam que realmente vendió las tarjetas. Bermúdez no necesitaba tal expediente, y ahora se cnsidera que eso pudo producir indefensión.

Tiene guasa. Zougam no vendió la tarjeta, pero sí se encargo de atender la protesta de El Chino, al día siguiente, porque le habían timado con los saldos. ¿Es imaginable unos terroristas que van a hacer el 11-M, negociando y timándose entre sí con unas putas tarjetas de pre-pago?

O sea, las dos claves del proceso y condena de Zougam están en cuestión. Pero Zougam es el único detenido por poner bombas el 11-M. Mientras España mira para otra parte. Probablemente son pocos los españoles que sepan quién es Zougam. La vergüenza nacional. La mayor, quiero decir.

Mejor comprar El Mundo, que si no quiebra. Y dejaríamos de divertirnos con Ruiz de Elvira.

Por seguir recordando, otras entradas de a serie.

La madre del cordero. El corazón de las tinieblas. Lo que sí puede hacer volar por las aires el caso 11-M.

En El Mundo:

Total, que la Audiencia, ante el recurso de los abogados de Zougam, obliga a corregirse a la juez que no admitió la demanda. Que supongo que es una forma de decir que sí hay hechos nuevos que el tribunal del 11-M no conocía. Todas esas virguerías  y memorias sobrevenidas de las testigos rumanas, que de paso sacan los papeles y un pastón.

La noticia anterior de la no admisión, también en El Mundo, pueden verse a través de E-Pésimo:

Mejor olvidarse de la chorrada del vagón recientemente aparecido, y tanto meterse con Torres-Dulce. Peanuts. Eso no tenía recorrido. Pero imaginemos que acaban echando para atrás la prueba principal (en realidad única) contra Zougam. Que da la casualidad de ser el único condenado por el 11-M. Todos los demás lo son por colaboración con banda terrorista (¿qué banda?), o imprecisiones similares, pero sin nada que los relacione directamente con los atentados en cuestión. Y da la casualidad de ser el único condenado por poner una bomba, claro. ¿Que pasaría?

Pues que de repente nos quedamos todos con cara de idiota, o disimulando – a la Rubalcaba. ¡Coño!, ¿y entonces, quién fue? Y tal vez empezáramos a mirar de una vez al ministro del Interior, ahora Fernández Díez, y a preguntarle: – ¿Sr. ministro, se puede saber qué están haciendo para averiguar quién puso las bombas el 11-M? Porque la respuesta, a juzgar por la sentencia del Supremo — según la cual “alguno de los de Leganés debió …” –, quedaría algo como:

  • Bomba nº 1: Jamal Zougham; condenado; en la carćel. Sin atribución.
  • Bomba nº 2: Tal vez alguno de los suicidados en Leganés.
  • Bomba nº 3: Tal vez alguno de los suicidados en Leganés.
  • Bomba nº 4: Tal vez alguno de los suicidados en Leganés.
  • Bomba nº 5:  Sin atribución.
  • Bomba nº 6:  Sin atribución.
  • Bomba nº 7: Sin atribución.
  • Bomba nº 8: Sin atribución.
  • Bomba nº 9:  Sin atribución.
  • Bomba nº 10: Sin atribución.
  • Bomba nº 11: Sin atribución.
  • Bomba nº 12: Sin atribución.
  • Bomba nº 13: Sin atribución.

O sea, algo así como, de trece bombas, tres “tal vez” y diez “no sé”. ¿Esa es la idea? ¿Eso es con lo que nos quedamos contentos?

Y en realidad, a ese respecto, da lo mismo si Zougam participó o no. La ignorancia es casi la misma. Pero haría más difícil que el ganado consiga su objetivo de no darse cuenta. Especialmente viendo la burrada que habrían hecho con Zougam, y hasta dónde estaban dispuestos a llegar.

Destaco otro párrafo de El Mundo. Es algo que he dicho (y comprobado en el sumario) mil veces:

En la investigación policial no se encontró ni un solo vínculo de Zougam con la célula islamista: no hay ni una llamada telefónica con él; no hay huellas ni rastro genético suyo en la casa de Morata ni en el piso de Leganés; todos los terroristas huyeron tras el atentado, pero él siguió con su rutina habitual. Y su socio Mohamed Bakkali confesó al juez y a este diario que fue él, y no Zougam, quien vendió las tarjetas telefónicas usadas en las bombas.

 –
 

Con un clic en la imagen se llega a lo que anuncia. Y es una pena lo de estos periodistas subidos en su parra 1.0, acostumbrados a usar el argumento como un arma de combate contra alguien, pero incapaces de aceptar que un debate limpio y abierto tiene grandes ventajas. Ayuda a pensar, y a menudo puede producir luz para otros (el sagrado lector), aunque los debatientes no se vayan a bajar de la burra.

Y este tema bien merece el debate público. Es importantísimo hacerse una idea decente sobre la sustancia que hay en la condena de Zougam. Y el debate abierto, cada cual aportando sus argumentos y detalles del juicio, es el sitio ideal para conseguirlo. Pero parece que prefieren seguir lanzando piedras desde la trinchera, sin el menor interés en el noble cuerpo a cuerpo. La impresión que queda, inevitable, es que los @iescolar de este estilo de prensa, que se muere a chorros, no tienen el menor interés ni en ayudar a pensar, ni en producir la menor luz. El argumento o el dato no son más que las armas para conseguir la victoria del prejuicio – los míos son los buenos, y los otros los malos. Por eso se deben de lanzar desde lejos, desde la trinchera, sin que las espadas se crucen jamás. No sea que se haga algo de luz.

No me joden los periodistas arcaicos que escriben desde sitios en los que no se puede contestar. No engañan a nadie, y siempre puedes no leerles – que es lo que yo suelo hacer. Si se trata de información,no merece la pena escucharla sin posibilidad de contraste. Si se trata de opinión, en realidad es lo mismo. Y si se trata de arte, sí, pero no creo que sea el caso de @iescolar.

Los que sí me repatean son los periodistas (y sus medios) que disimulan. Por ejemplo, el pollo este. Acudes con gran interés a ver la argumentación en pro de la condena de Zougam, que es importante. Y miras primero si se permite debate. Sí, hay comentarios; y por lo tanto lo lees. Y después, intentas comentar, punto por punto:

  • 1. Acojonante. Los otros testimonios no fueron rechazados por “no ser absolutamente claros” sino por ser absolutamente contradictorios (no se puede estar en dos sitios a la vez, aunque sean trenes).
  • 2. ¿Muchas “otras pruebas”, aparte de reconocimientos incompatibles entre sí? ¿Y se podría saber cuáles?
  • 3. Sí, de la tienda de Z salió la tarjeta de la mochila de Vallecas. Pagada a tocateja, vendida por un empleado (no Z), y con protestas al día siguiente porque a alguna le faltaba el saldo. Para un cerebro normal, una prueba de que Z no era del grupo.
  • 4. Luis del Pino ha contestado sobradamente a eso por Twitter. [Investigaciones anteriores a Zougam]
  • 5. ¿Favor de citar? [Supuestos datos incriminatorios contra Zougam, en la primera declaración de su hermano]
  • 6. Pero uno de los de Leganés si fue juzgado, porque se escapó y le pillaron. Según el Supremo, no hay pruebas de que participara.
  • 7. No sería la primera vez. Y menos si todo se basa en reconocimientos, que es bien conocido que suponen la mayor fuente de errores judiciales.
  • 8. 9 y 10. Medallas y pensiones. Cierto, no es un caso único. Pero eso no le da esplendor.

Pues a joderse, porque “el comentario sobrepasa el número máximo de caracteres permitido”. Lo partes por la mitad, y que vaya en dos. Pero ocurre lo mismo. ¿No caben la mitad aproximada de 189 palabras? Pues no, no caben. Ni siquiera tienen la decencia de decirte cuántas palabras sí caben.  Malditos periodistas 1.0, que simulan no serlo. ¡Que sean lo que quieran, pero que no te hagan perder el tiemp0!

¿Alguien sabe de algún sitio recomendable, donde se esté debatiendo lo de Zougam desde el punto de vista de los que aplauden su condena? Por aquello de la luz, digo. De todo lo que aporta Ignacio Escolar, lo único que puede tener interés es el punto 5, que no recuerdo. Y tal vez el 2, que por lo que recuerdo es pipa. Los puntos 1, 3, 4 y 6 en realidad son puntos en contra de lo que defiende Escolar. Y 7 a 10 es irrelevante. Así que menos el 5 (que no cita), lo demás es entre engañina y filfa. Pero en su sitio no se puede poner. Al menos, no se puede hacer explicándolo, que es como no poderlo poner.

Actualización: Elíctikus me dice en los comentarios que el pollo tiene un blog donde se pueden comentar los artículos, y que este del que hablamos sale en:

Pongo los diez puntos en un comentario, que acaba siendo editado para hacerlo prácticamente ilegible. Muy burdo. Quitando contraste entre el color de la letra y el fondo y eliminando los puntos y aparte, haciendo de todo un solo párrafo.  Tal que así (clic):

Sus mariachis me contestan las imbecilidades esperables, y cuando intento pedir que pasemos a algo de interés, ¡zas!, ya estoy censurado. He tenido que hacerlo cambiando de identidad. Clic.

––

__/__/__/__/__/__/__/__/__/__/__/__/__/__/

No os perdáis la homilía de Pedro J en defensa de un juicio justo para Jamal Zougam. Creo que esta vez ha encontrado el camino bueno en el caso 11-M. Y además, es el tipo de camino donde Pedro J. puede dar el do de pecho. Un nuevo caso Dreyfus. Un acusado y condenado sin pruebas, o con falsas pruebas, de un crimen terrible. Y miembro de una minoría étnica  a la que se puede fácilmente señalar como “no nosotros”. Envuelto en una historia – por fin – fácil de seguir, y con motivaciones de los malos fáciles de comprender. ¿Quién es el guapo que se atreve, como juez, a acabar un juicio así sin un culpable? Ni se plantea esa posibilidad. ¿Y quién no puede comprender a la primera las irregularidades de los reconocimientos, y la selección de los tres más “convenientes” entre ocho, y añadirle el nada despreciable aderezo de las ventajas que esos “reconocimientos” han supuesto para los testigos?

Recuerdo cuando estudié el asunto, participando en el blog de Luis del Pino, que el “problema Zougam” fue lo primero que me llamó la atención como punto débil del caso. Digamos como punto débil del “cuento” – no soy abogado. Y cuando en el blog de LdP conseguimos preparar una versión del auto de procesamiento con función de búsqueda, pasando los PDFs del juzgado por un programa de reconocimiento de textos y corrigiendo durante horas y horas a pinrel (unas “vacaciones” de Semana Santa), lo que se me ocurrió fue listar y detallar todas las menciones a Zougam en el auto. No creo que el abogado del Zougam tuviera la herramienta; que yo sepa desde el blog sólo se lo entregaron a los de la AVT, que obviamente no estaban interesados en exculpar a nadie. Y era un escándalo, porque lo que brillaba por su total ausencia era cualquier indicio de relación de Zougam con el resto de la supuesta banda. O bandas, porque en realidad eran tres, y resultaba evidente que Zougam no pertenecía a ninguna de ellas.

Pongo la batallita personal para explicar que sé de lo que hablo. Pero es mucho mejor leer la dominicana de Pedro J, que, ahora sí, ha encontrado el camino bueno. Hay caso, y es muy fácil de explicar. Hasta de adornarse en la suerte. Clic en la imagen, para el que todavía no haya comprado el periódico.

––

__/__/__/__/__/__/__/__/__/__/__/__/__/__/

No lo hemos comentado esta vez, todavía, aunque es algo que hemos tocado con frecuencia. Cuando uno atiende con un poco de profundidad al caso del 11-M, ve muchas contradicciones y cosas incomprensibles, pero muy pocos datos firmes como para hacer ninguna afirmación por la que se pueda apostar con confianza. Y de las pocas cosas por las que te atreverías a apostar con alguna seguridad, casi la única, es que Zougam no puso ninguna bomba el 11-M, ni tuvo la menor relación con esos atentados.

Merece la pena seguir el trabajo que está haciendo El Mundo sobre los tres testigos cuyas historias seleccionaron los jueces (entre las de ocho testigos) para llegar a la conclusión inaceptable de la culpabilidad de Zougam. El único, repito único, condenado por poner bombas el 11.-M. Trae novedades, y entre las novedades y el repaso a lo que ya sabíamos, el precipicio es acojonante.

Recuerdo / repesco.

Leamos lo de El Mundo de hoy, presumiblemente sobre el tercero de  los tres testimonios seleccionados para no acabar el juicio sin ningún culpable, y tal vez mañana comentamos.

Mi antipatía personal por Pedro J Ramirez quedó anclada para siempre una mañana en la cafetería del aeropuerto de Sondica, cuando desayunábamos en mesas vecinas. Bueno, yo desayunaba, y el director de Diario 16 despachaba con jóvenes periodistas, que esperaban en la barra a que les tocara el turno del chorreo feroz y soberbio que les iba a cayendo, según J les llamaba – uno por uno – a la mesa. En general, las chicas volvían a la barra llorando. Siempre me he arrepentido de haberme aguantado las ganas de decirle que hiciera el favor de guardarse la mala educación y la chulería para su casa, o para la redacción; pero que se abstuviera en los lugares públicos, porque ensuciaba el ambiente. Probablemente el desayuno más repugnante de mi vida.

Pero los gustos personales no deberían de influir en el juicio de la cosa pública. Y Ramírez tiene algunos logros periodísticos que todos los españoles deberíamos de agradecerle, puesto que nos afectan a todos. Entre ellos, el caso Gal que estaba investigando aquella mañana de vergüenza ajena. También me parece de antología, y de quitarse el sombrero, la carta de hoy domingo en el Mundo [-->]. Y no tanto por el estremecedor varapalo al juez Bermúdez, que me parece un personajillo secundario inevitable en la cloaca, sino por la valentía de hablar claro respecto al único condenado por poner una bomba el 11-M.

Explica primero el detalle de la declaración de un artificiero en el juicio de Manzano: el teléfono tenía la batería sacada, para probar tarjetas, y jamás pudieron averiguar después que la alarma estaba programada para las 7:40, como afirmaron. Lo sabíamos desde siempre, por el sumario, pero ahora consta testificalmente. Y sigue …

Teniendo en cuenta que fue ese detalle, junto a la creencia -igualmente falsa- de que los cables estaban preparados para que la mochila estallara, lo que llevó a detener a Jamal Zougam aquel sábado día 13 en el que desde la sede del PSOE se le dio la vuelta a la tortilla electoral, estamos ante un punto de inflexión crucial. Tan crucial como para que mis últimas dudas se hayan disipado -he pensado mucho en ello durante el verano- y haya llegado al convencimiento de que ese hombre que la víspera de la masacre había visitado el piso que quería comprarse con su novia y se había machacado en un gimnasio mientras sus presuntos cómplices -con los que nadie llegó a relacionarle nunca- montaban las bombas, ese hombre que ha sido condenado a tropecientos mil años de cárcel sobre la base de dos testimonios oculares tan interesados como dudosos, ese hombre que lleva ya siete años y medio en prisión sometido a un implacable régimen de 22 horas de confinamiento solitario al día -quizá para que se suicide o se vuelva loco- es totalmente inocente y fue elegido como víctima propiciatoria por la trama policial que manipuló la investigación.

Llevo años diciendo lo mismo. Y estoy seguro de que Perdo J estaba convencido hace mucho tiempo. También comprendo que un periodista en su situación no puede permitirse afirmar algo así alegremente, y tal vez “el detalle” le ha hecho sentirse más fuerte. Pero sea como sea, yo quiero agradecerle que la haga ahora. Otra que le debo. Que le debemos todos, creo. Porque afecta a un oprobio nacional.

La carta entera se puede leer por el morro en este enlace:

Anteriores sobre Jamal Zougam:

Hoy va de cuentos, parece. En este caso de una película que ha hecho un hijo de Cebrián con una productora del grupo El País, y que va a dar Tele 5 a partir de mañana. No se llama El cuento del 11-M, pero podría.

Por resumir: mienten con todo el descaro. Parece que proponen que la sentencia dice lo que no dice. Que la planificación y organización corrió a cargo de los suicidados en Leganés. Y más en concreto Lamari. Y de las tres asociaciones de víctimas del 11-M sólo han contado con una. La única que está de acuerdo con cómo se ha llevado el juicio. ¿Cual puede ser el motivo de seguir mintiendo con tan poco disimulo?

Pero tal vez sea más importante lo que no dicen que lo que sí dicen. Según las referencias (yo no he visto el reportaje), ha desaparecido del cuento el único autor del atentado. Jamal Zougam, que es la única persona de la que en la sentencia se afirma que puso una de las (12 ó 13) bombas. Así que todo el cuento se basa en humo, imaginaciones, suposiciones, y prescinde de los hechos (judiciales) firmes.

En realidad no me extraña. En su día me interesé, y seguí el asunto. Y como me gustan los cuentos, examinaba especialmente el guión, la lógica interna del asunto. Y si había algo que rascaba por todas partes era Jamal Zougam. Era imposible meterle en esa película, ni con calzador. Pero por otra parte era imposible acabar un juicio sin un solo culpable. De ahí el resultado: condenamos a Zougam, pero luego nos olvidamos de él en los bellos cuentos para niños.

Tiro de memoria. Hice un breve estudio de las apariciones de JZ en el sumario, que publiqué en un foro del 11-M (está cerrado), y lo que resultaba es que no tenía participación como miembro en ninguno de los grupos supuestamente relacionados con los atentados. Ni en el grupo del Chino, ni en el de Lamari, ni en el de Virgen del Coro.

Sí, conocía a muchos de ellos, y trataba ocasionalmente con uno u otro. No en vano tenía una tienda popular en la zona. Y fue detenido por haber vendido las tarjetas de teléfono que se supone que montaban las bombas, al menos la bomba extraña de Vallecas. Ojo al dato: vendido. A tocateja; por dinero. Somos amigos terroristas, nos vamos a jugar la vida y probablemente a suicidar, pero el material me lo pagas, ¿eh?

Acojonante. Muy preocupado por unos eurillos, y absolutamente despreocupado por el atentado. Al punto que la noche anterior, en vez de reunirse con los colegas y ayudarles a montar las bombas, y estar arropado y dándose ánimos con el resto del grupo, Zougam se fue al gimnasio de 10 a 12. Cosa de estar en forma.

Después del atentado, también siguió haciendo su vida normal. Atendiendo su tienda, y viviendo en su casa. A pesar de que sabía que había aparecido una bomba que tenía que llevar una tarjeta vendida por él, y estaba pillado.

Le detuvieron por la tarjeta. O tal vez por costumbre, porque no era la primera vez. En realidad se trataba de una especie de “sospechoso habitual”, al que nunca habían condenado por nada. Pero no le condenaron por la tarjeta. Todavía no es ilegal vender cosas a terroristas si no sabes que los son. Le condenaron por reconocimientos.

Su foto estuvo en los periódicos y televisiones desde el principio. Fue el primer detenido, y eso da mucha popularidad. Y fue reconocido en los trenes, ¡vaya que si! Lo malo es que fue reconocido en trenes distintos en el mismo momento, como si fuera muchas personas a la vez. ¿Malo? No tanto, eso tiene arreglo. Se llama valoración de la prueba. Procedimiento por el que los jueces deciden en conciencia a ti te creo, a ti no, y se acaban las inconsistencias. Eligieron dos testimonios. Dos mujeres. Extranjeras, con los papeles sin arreglar del todo, si no recuerdo mal. Una declaró a los trece días, y se olvidó mencionar que iba acompañada por una amiga que podía corroborar (o no) su reconocimiento. La otra, la amiga olvidada, lo hizo año y pico después. Así, de repente, y no recuerdo el motivo que alegó para el lapso.

¿A alguien le extraña que en la película de Tele5 haya desaparecido el único autor del atentado? A mi no. Sólo entiendo lo de Zougam si se trataba de un culpable (sin pruebas)  que ignoraba su propia culpabilidad. Cuando lo intenté, yo no lo pude encajar en el cuento. Tal vez vea la serie. Me interesa saber si han hecho un poco de matemáticas. 13 bombas; ¿cuántos nombres? ¿Qué estamos haciendo respecto a los nombres que faltan? Y así sabremos si queremos saber, o no queremos saber.

Así se llamaba la serie de Fernando Múgica, en El Mundo, a cuenta de los detalles incomprensibles de la investigación sobre el 11M: los agujeros negros. Y siete años después seguimos practicamete igual que cuando Múgica escribió los artículos:

  • No sabemos el nombre de ninguno de los terroristas, salvo Jamal Zougam – que no se lo cree ni Faisán el Veraz.
  • No sabemos qué pasó con los restos de los vagones que estallaron, ni por qué.
  • No sabemos la composición real de los explosivos; aunque sí sabemos que al menos parte de los explosivos no tiene relación ni con Mina Conchita ni con los moritos.
  • No sabemos donde fueron a parar, ni por qué, los montones y montones de restos de explosivos que recogieron los Tedax para analizar.
  • No sabemos quién puso la Skoda Fabia en Alcalá de Henares, con ADN de suicidas de Leganés, después de los atentados.
  • No sabemos por qué cuando van a analizar unos restos de explosivos de la Reanult Kangoo, llevan también como muestra a comparar un ejemplo de Goma 2 ECO, contaminada con Metenamina, que curiosamente coincide con lo que había en la furgoneta.
  • No sabemos el significado de los suicidas o no suicidas de Leganés, pero no hay pruebas que los relacionen con los atentados del 11M.
  • No sabemos de qué va la mochila de Vallecas, pero sí sabemos que no era como las de los vagones.

Así que seguimos donde estábamos al principio. Pero cierta con remota esperanza. A veces asoma un juez, en este caso jueza, por una esquina del cuadro, y tira de los hilos de los que nadie esta ahora ha tirado. Supongo que para estupor de Llamadme Alfredo, que se dedica a ascender y a premiar a aquellos a los la juez Coro Cillán imputa. Destrucción de pruebas, ocultación de pruebas, y no colaboración con la justicia. No son malas imputaciones para un poli, ¿eh? ¿Imputados en las listas? No; es peor. Imputados en los “puestos de confianza” de la policía, y nombrados después de la imputación.

El último pasito, en Libertad Digital:

Al día siguiente de los atentados ya estaban destruyendo pruebas.

El juicio ya pasó y todos estamos tan tranquilos ¿Hay condenados, no? Con tropecientos mil años de cárcel. Pues ya está.

-¿Ya está?

Veamos. Hay un condenado, repito: uno, como autor de la masacre. Trece bombas, un condenado. Jamal Zougam. Ese técnico de teléfonos móviles que dejó en una de las bombas una trajeta SIM innecesaria para que la bomba funcionara, y que había vendido él mismo, lo que garantizaba su detención en caso de que la encontraran. Ese despreocupado terrorista que después de saber que habían encontrado su bomba con su tarjeta, se quedó tranquilamete durmiendo esperando a que llegara la policía a capturarle. Porque le va la marcha. Es un “sospechoso habitual” desde hace años. Cada vez que hay una movida islamista, le detienen y le interrogan; incluso le imputan. Y como le va la marcha, se quedó esperando, a pesar de saber que la bomba no estallada le apuntaba a el directamente. Bien, ya tenemos uno. ¿Uno y quien más?

-Pues hombre, los suicidas de Leganés, ¿no?

No parece. Porque en el piso de Leganés había los siete suicidas, y otro más que bajó a tirar la basura y se las piró al ver la movida policial. Se las piró, sí, sin más. Bouchar. Pero aparte de largarse, por pura chiripa, era igual que cualquiera de los otros siete. Igual respecto al 11-M. Sus huellas estaban en el piso de Leganés y en el chamizo de Morata de Tajuña. Estaba tan relacionado con los demás, como los demás entre sí. Y ahora la fiscalía dice que no hay la menor prueba de que Bouchar, el vivo, tuviera participación en los atentados. ¿Y los muertos? Pues si el razonamiento vale para el vivo, lo mismo valdrá para los muertos.

Lo cuenta muy bien Luis del Pino en Libertad Digital –>:

Recordemos que una de las contradicciones más flagrantes, y más criticadas, de la sentencia del 11-M es que dice que los siete presuntos islamistas que aparecieron muertos en Leganés pusieron las bombas de los trenes, sin proporcionar ningún tipo de argumento que justifique semejante afirmación. Al mismo tiempo, esa sentencia del 11-M exonera de la colocación de las bombas de los trenes al octavo habitante de ese piso de Leganés, Abdelmahid Bouchar, que escapó a la carrera, según nos dicen, de aquel piso, eludiendo el cerco policial.

Ante esa contradicción, varias acusaciones recurrieron, argumentando que, si los habitantes del piso de Leganés fueron los que colocaron las bombas, entonces Abdelmahid Bouchar debería ser condenado como autor material, porque también estaba en ese piso. A este argumento, la Fiscalía contesta (ahora) lo siguiente:

“Así, no es sólo que no sea reconocido por una testigo en el lugar de los hechos, sino que tampoco existen pruebas convincentes de que BOUCHAR realizara actos objetivos de ejecución de dichos atentados para considerarlo coautor, dado que la mera presencia de huellas genéticas y dactilares en la finca de Chinchón, así como su condición de habitante del piso de Leganés y su relación con los otros coautores, no acredita esta participación, sino su pertenencia a grupo yihadista y tenencia de explosivos, por los que ha ya ha sido condenado.”

En otras palabras: que no se puede condenar a Abdelmahid Bouchar como colocador de las bombas de los trenes, porque no hay nadie que le haya reconocido en esos trenes, ni tampoco hay ningún otro indicio que permita afirmar que colocó las bombas.

Pero entonces, aplicando el mismo razonamiento, tampoco podemos afirmar que los siete muertos de Leganés colocaran las bombas, porque tampoco hay nadie que los viera en los trenes ni existe ningún otro indicio de que ellos las pusieran.

En ese caso, ¿sería alguien tan amable de decirnos quién colocó las bombas que mataron a 192 personas?

Y como resulta que los que antaño consideraba la fiscalía como inductores y autores intelectuales, Mohamed El Egipcio, a Hassan El Haski y Yousef Belhadj, ahora dice que no tienen relación con el 11-M, aunque por lo demás son malísimos, nos hemos quedado con solo Zougam para todo el atentado. Y eso si nos creemos la película de Zougam.

Pero todos tranquilos, que ya sabemos todo lo que hay que saber del 11-M

Luis del Pino, [artículo en El Mundo —>>] que se ha estudiado la sentencia a mayor velocidad que uno, confirma lo que se podía sospechar desde el primer momento. Este párrafo de gloria, base de toda la sentencia, que a todos nos sobrecogió, no hay por donde agarrarlo:

«Sarhane Ben Abdelmajid Fakhet, Jamal Ahmidan, alias ‘El Chino’, Mohamed Oulad Akcha, Rachid Oulad Akcha, Abdennabi Kounjaa, Asrih Rifaat Anouar, Allekema Lamari y una octava persona que no ha sido identificada, junto con otras que se dirán, en la mañana del día 11 de marzo de 2004 colocaron, en cuatro trenes de la red de cercanías de Madrid, 13 artilugios explosivos».

Lo primero, ¿que más sabemos del octavo pasajero? Nada. No hay más menciones a él en toda la sentencia. Y lo segundo, ¿quien son las “otras (personas) que luego se dirán”? Jamal y Zougam. O sea, Jamal Zougam. O sea, que las otras personas son una persona llamada Jamal Zougam.

Y lo principal, ¿como se llega a probar que los siete de Leganés, y el octavo pasajero, estuvieron en los trenes poniendo bombas? De ninguna de las maneras. No hay nada en la sentencia que sitúe a los de Leganés en los trenes. Y tampoco había nada en el sumario, salvo un reconocimiento de Alekema Lamari. Vale, uno de siete. ¿Y los otros seis? ¿No podían ser, por ejemplo, ayudantes, organizadores, simples visitantes, cualquier cosa, incluso cosas muy malas y peligrosas, pero no necesariamente colocadores de bombas? Pues al parecer no.

- ¿Y por que?
- Ah, a saber.
- ¿Pero no es un hecho probado?
- Pues sí, es el primero en la lista de hechos probados, pero, por lo que a nosotros se nos alcanza y podemos comprobar, los hechos probados no necesitan más prueba que su propio enunciado.
- ¡No me lo creo!
- Pues mira, lo tienes muy fácil. Te descargas la sentencia, [ [hechos probados pdf —>>] [Fundamentos y fallo pdf —>>], y en esos PDFs vas buscando las veces que aparece cada uno de los siete de Leganés, y ves con respecto a qué se le cita. Por ejemplo, Jamal Ahmidan El Chino aparece citado 129 veces (el que más con diferencia). Pero en todas ellas es para hablarnos de Asturias, la compra de explosivos, la casa de Morata, Leganés, y los diversos documentos suyos aparecidos en Leganés o en su casa. Pero ni una sola vez, ni una sola, para relacionarlo de la forma que sea con las estaciones, las explosiones o los trenes. Más abajo hay un ejemplo más fácil de seguir, el de Rifaat Anouar.

Sigamos. Aceptemos, por ejemplo, que el Chino fuera el financiador del asunto, y el encargado de conseguir los explosivos, y hasta de montar las bombas. Muy bien. En ese caso hubiera aparecido en los alrededores de los atentados tantas veces como aparece, y en perfectamente similares circunstancias. Pero eso no demuestra que estuviera en los trenes poniendo bombas. Sin embargo, la sentencia dice que sí. Seis veces, porque lo dice del Chino, y de otros cinco. Pongamos que la historia del reconocimiento chungo de Lamari sea “prueba” suficiente. Pero, ¿y que pasa con los otros seis?

No se trata de discutir por discutir. Haced la prueba que os digo. Por ejemplo Anouar. 16 apariciones en toda la sentencia. Ninguna que lo relacione con los trenes o la colocación de bombas. O Kounjaa. Ni siquiera en su supuesto testamentohabla de los trenes. Todo lo que dice, vaya por dios, es que se ha “unido al camino de la yihad”, pero no dice como. Pero para la sentencia es un hecho probado que ambos pillaron una mochila con bomba dentro, el día 11 de marzo de 2004, y la dejaron en algún vagón inespecificado que hicieron estallar. Y olé.

Los jueces hubieran podido decir que consideran un hecho probado que los muertos de Leganés formaban parte de un grupo terrorista que cometió los atentados del 11-M. Pero que ante la falta de confesiones, y de otras pruebas, no puede saber quien de ellos, si alguno, estuvo en las estaciones transportando y colocando las bombas. Y que por tanto el único del que les consta la presencia en el lugar de los hechos es Zougam. Manda huevos lo de Zougam, pero el argumento es al menos sostenible. Pero no. No han hecho eso. Han decidido meterse en el jardín de dar por probado lo que luego no se molestan, no ya en probar, sino ni tan siquiera mencionar. Ellos sabrán por que.

Así que, si no nos conformamos con una prueba cuyo único mecanismo que veamos es su propio enunciado, hemos de decir que a la pregunta de ¿quien cometió los atentados? la única respuesta que conocemos es: Jamal Zougam. Ni siquiera nos creemos eso, pero eso es otro cantar. Y a la pregunta de ¿quien pensó/organizó/decidió los atentados?, la única respuesta es, NPI. Pero casi todo el mundo está muy contento, ya sabemos todo lo que hay que saber.

Estupendo. Pero para enfriar el baile de alegría y contento que nos invade, y para intentar que exista la posibilidad de que alguna vez no enteremos de algo, pregunto: ¿y que hay del octavo pasajero? Es un hecho probado, según la sentencia. Es de suponer que la policía estará buscándole, o al menos se pondrá inmediatamente a ello, ¿eh Rubalcaba? Así que menos satisfacción, menos coces a la oposición, menos gracias de “repita conmigo”, Rubi, y repite en cambio tú con nosotros:

Tengo que encontrar al octavo pasajero.

Y de paso, si no te importa, al resto de la banda. Y, ya por pedir, nos averiguas de quien fue la idea y quien tomo la decisión y eligió la fecha. Porque queremos saber. ¿Te suena? (más…)

Imaginad que hay una banda de atracadores muy violentos en Madrid, cometiendo atracos con muchos asesinatos, y gran alarma pública. Y que al final el gobierno dice que los han detenido, y juzgado, y que todos tranquilos.

Pueblo: – ¿Eh, oiga, pero al final como ha sido la cosa? ¿A quien han detenido, quien formaba parte de la banda, quien pensó los atracos, quien los dirigía, como los llevaron a cabo?

Estado de derecho: – Ni puta idea, ché. Hemos detenido al que conducía y al que les vendió las pistolas, que no sabemos si son las mismas pistolas, pero que seguro que se las vendió el tío este.

Pueblo: – Pero bueno, ¿y el resto de la banda qué? ¿Quien lo pepetró? ¿Quien lo pensó? ¿Quien lo preparó? ¿Como sabes que no van a formar otra banda, y a volver a las mismas?

Estado de derecho: -¡Ah, pues pensamos que no! Porque creemos que unos tíos que dicen que se suicidaron en un piso de Leganés, al contrario de lo que hacen los islamistas, que acostumbran a morir matando, cremos, digo, que los suicidas son precisamente esos que faltan y por los que estás preguntando.

Pueblo: -¡No jodas!, ¿y eso como lo sabes?

Estado de derecho: -Pues porque eso dice la poli, y como ellos están muertos, no pueden decir que no.

Añadir que no pienso que los jueces hayan hecho nada raro, ni tenido en cuenta cosas que no debieran, ni sufrido influencias de ningún tipo. Al contrario, da la impresión de que lo que ha resultado de este juicio, es lo que suele ocurrir en la mayor parte de las ocasiones. Lo que pasa es que normalmente no nos enteramos, porque los juicios penales sobre el hampa menor no suelen estar en el foco informativo. Y lo que ha ocurrido esta vez es sencillamente lo normal, con la única diferencia de que esta vez todos estábamos mirando. Y vemos como tres pringados se llevan casi todo el pastel, y luego muchas penas menores que no se sabe que relación tienen con el 11-M. ¿Colaboración o pertenencia a banda armada? ¡Cojonudo! ¿Que banda? ¿Que hechos de armas, o proyectos de hechos de armas, ha perpetrado la tal banda? Aaahhhh.

En todo caso habrá que bucear un poco en los entresijos del razonamiento de la sentencia, porque así, en un primer vistazo, no es tan fácil discernir qué nos lleva a no admitir las pruebas contra El Egipcio, -el último al que la fiscalía le cogaba el sanbenito de ser el “cerebro”, y sí nos lleva a admitir las pruebas contra Zougam. De acuerdo, las pruebas contra uno eran de coña, pero, ¿y las otras? ¿De verdad que ha sido por escoger alguno entre muchos reconocimientos contradictorios? Sabemos que hubo reconocimientos de etarras. Un reconocimiento de un desconocido de otra raza, y al paso en un tren, es una broma demasiado macabra como para permitir que tenga peso real en un juicio penal. Y si encima nos permitimos decir -este reconocimiento me vale, porque cuadra, y este no, porque no cuadra-, pues apaga y vámonos.

Si es que además hemos tenido en este juicio la más palmaria demostración de la chapuza que son esos reconocimiento. Con Basel Galyoun. Reconocido sin la menor duda en uno de los trenes, por una testigo de la acusación. Lo que le hacía ser autor material de los atentados, pero autor, autor, sin resquicio de duda. Y resulta que en el juicio la testigo nos cuenta que, lo siente mucho, pero es que da la casualidad de que poco antes de venir a declarar ha comprado un libro sobre el 11-M, donde sale la foto de un pollo que fué investigado los primeros días, y resulta que ese pollo es definitivamente el tío que ella vió en el tren. Se parece a Basel, que le vamos a hacer, pero ahora está segura, 100%, que no es Basel el que ella vió, sino el otro pollo que ahora dice. Reconocimientos de desconocidos al paso. Pero resulta que si esa señora no se compra ese libro cuando lo compró, a Basel Galyoun le habrían caído 30.000 años en vez de doce. En vez de 12 años por colaborar con una banda que de momento no he conseguido averiguar qué banda es, ni qué delitos ha cometido. Lo estudiaré. Pero el ejemplo del reconocimiento ahí está, y ha quedado transcrito. Pues parece que lo de Zougam es un reconocimiento (entre varios otros contradictorios con él), que no tiene por que valer ni más, ni menos, que el de Galyoun.

Pero como digo. Estoy seguro que nada fuera de lo normal. No siquiera fuera de lo normal para “Superber”, porque, tirando de memoria, en su último gran juicio por terrorismo “islámico”, el de Abú Dadá y los cuarenta de Al-Qaeda, el supremo ha declarado inocentes a la inmensa mayoría de los condenados por él. Casi todos. Algo así como veinte liberados, y solo dos mantenidos como culpables, pero encima con las penas muy rebajadas. Creo que eso se llama “verdad judicial”, y debe ser algo que tiene una relación con la verdad, digamos que un tanto “peculiar”.

Nota / ejemplo: La noticia en el New York Times [—>>]:

MADRID, Oct. 31 — The National Court on Wednesday convicted three men of murdering 191 people and wounding more than 1,800 in the 2004 Madrid bombings. But three other men, who were accused of being the organizers, were found not guilty of direct involvement in the attacks, the most deadly carried out by Islamic radicals on European soil.

Resumen del resumen: 13 bombas, 11 autores materiales (contando los 8 suicidas), ningún cerebro, ninguna preparacion conocida, ningún cursillo de bombas conocido, ningún experto terrorista por los alrededores. Solo montones y montones de chivatos policiales. Pero le llamamos islamista. ¿Y por qué no “asturianista”, “magrebista”. “yonkista”, “juerguista”, o “confidentista”?

Coda (que diría Arcadi): Por lo menos en el caso de “los cuatro de Guilford” [—>>], Scotland Yard tenía la confesión de Giuseppe Conlon. Falsa, sacada a hostias, pero confesión firmada al fin y al cabo. Aquí ni siquiera tenemos eso.

Y remate. ¿En que andan los de la versión oficial? Atacando a los conspiranóicos, claro, a la prensa insumisa, y al PP, faltaría más. Pero ¿que dicen de la sentencia, que dicen del 11-M? Que todo está muy claro, como siempre lo ha estado. Pero fijémonos por favor en qué es lo que está claro, por ejemplo segúnel editorial de El País al respecto [—>>]:

Ha quedado meridianamente claro quiénes fueron los autores de la masacre, la procedencia y la clase de explosivos que utilizaron y el modo en que se financiaron.

Esto es todo lo que tiene que decir El País sobre el 11-M. Lo demás es sobre El Mundo, sobre “la cadena de los obispos”, sobre el PP, y sobre su puta madre en el trampolín de la muerte.

Han quedado claros los autores. Los muertos como no, y dos de la pecera. Suman diez. Bombas había trece. Diez que estallaron, dos que hicieron estallar los tedax, y la de Vallecas. Ah, pero nos conformamos con 10 autores materiales. ¿Por qué? ¿Por qué sabemos que no eran menos, o más? No se sabe. Los jueces no dicen que lo sepan. Pero El País ya sabe todo lo que necesita saber.

La procedencia y la clase de explosivos. No insistiremos en este salto mortal.

Y el modo en que se financiaron. Sí. Por ejemplo Zuogam, condenado como autor material, ponedor de bombas, les cobrá a sus colegas de atentados las tarjetas de teléfono que no hacían falta pero que usaron. O sea que Zougam no colaboró a financiar su propio atentado, sino que se financiaba él personalmente con el atentado. Aquí solo apoquinaba El Chino, que para eso era un esforzado vendedor de drogas y que, naturalmente, ponía el producto de su trabajo para financiar la yihad de los demás. Lo normal. Los camellos como finacieros de la yihad. Nada del dinero habitual de las sociedades religiosas de ayuda, nada de los tentáculos saudíes de ayuda a las viudas de los mártires, nada de nada. El cuento del Chino y se acabó. Todo lo que El País necesita.

¿Y quien decidió que iba a ser en los trenes y no en los autobuses o aviones? ¿Y la fecha? ¿Como se prepararon? ¿Acaso fueron ese día en busca de trenes al buen tuntún, y fueron poniendo las bombas según se les ocurrió improvisar en ese momento, sin siquiera saber si la bomba del compañero les iba a fastidiar la suya propia? ¿Quien de ellos sabía conectar las bombas a los teléfonos? ¿Como dices, Cebrián, que no te he oído? ¿Y quien era el que sabía montarlas, o el que decidió que 10 kilos, y no dos? ¿Por qué? ¿Y ese montador de bombas, está entre los muertos, o está suelto por ahí, esperando otra oportunidad? ¿Como llegaron a los trenes? ¿Hubo chóferes, o es que los coches aún están en las estaciones? ¿Y si hubo chóferes, les están buscando, o qué?

Nada. Podemos seguir , pero, ¿para qué? Todo eso a El País no le interesa. Ni al ZoPenco, ni al ABC, ni a las televisiones. Pues que bien.

°¿°

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 458 seguidores