timos


Es un timo. Mil disculpas.

La serie “Libia al día” era un timo, que os he endilgado involuntariamente.  Se anula. Mil disculpas. Josetxo Mosqueira no lo envío directamente, y no me consta que le haya dicho a nadie que fuera suyo. Pero como tal llegó. Quien quiera curiosear, o reírse, puede ver el contenido en la nueva sección de “timos“.

Los sitios plagiados son estos :

http://www.islamtimes.org/vdcfmcdt.w6dvea7,iw.html
http://www.democracynow.org/es/blog/2011/2/24/levantamientos_populares_de_medio_oriente_al_medio_oeste
http://www.forumdesalternatives.org/ES/readarticle.php?article_id=24097

Josetxo Mosqueira


Rebeliones sociales en el mundo árabe.

Entrega IV de la serie Libia al día

Como muy pocas veces en la historia, estamos en presencia de un proceso de rebeliones sociales en el mundo árabe (Magreb y el norte de África), compuesto por trabajadores, estudiantes, mujeres, jóvenes desempleados y sectores profesionales de la clase media. Cada cual con sus organizaciones barriales, sindicales, culturales, políticas o gremiales. Esta es la base social de la rebelión.

Es una expresión política sorprendente del carácter estructural de la crisis del capitalismo global y su necesidad de que la paguen los de abajo de este mundo. Eso explica la unidad profunda, esencial, entre las causas de las rebeliones de Túnez, Egipto, Libia, Barein, Marruecos, Sudán, Irak, y las de los trabajadores y estudiantes de Grecia, Irlanda, Francia, Inglaterra, España, Portugal, Hungría, Polonia y en menor medida Alemania, con las de empledos y obreros de Wisconsin, Ohio y Columbus, en Estados Unidos. Son expresiones nacionales de un único proceso revolucionario internacional.

Esta unidad adquirió formas conscientes: “El levantamiento popular de Madison sucede inmediatamente después de los de Medio Oriente. Un estudiante universitario veterano de la guerra de Irak, llevaba un cartel que decía “Fui a Irak y ¿volví a mi casa en Egipto?”. Otro decía, “Walker: el Mubarak del Medio Oeste”. Del mismo modo, en Madison circuló una foto de un joven en una manifestación en El Cairo con un cartel que decía “Egipto apoya a los trabajadores de Wisconsin: el mismo mundo, el mismo dolor”, dice una periodista de izquierda estadounidense.

De algo similar solo existe memoria, según las regiones del mundo, en las revoluciones de 1848, 1917-1919, 1945-1948, 1958-1960, 1968-1973, 1979-1983 y 2001 a 2004. Con una diferencia. Cuenta con la participación de decenas de miles de explotados de Estados Unidos.

Lo único lamentable de este maravilloso proceso es que esta rebelión no tiene a su favor una asociación internacional de revolucionarios que le asegure una perspectiva anticapitalista basada en los organismos del poder popular. Eso abre el riesgo de que la potencia sea canalizada hacia resoluciones institucionales bajo control de otros sectores de la burguesía árabe, asociada a la UE y EEUU.

Como es inevitable en todo comienzo, no excluye a grupos de empresarios o rentistas afectados por algunas de las causas, económicas o políticas, que condujeron a la rebelión. Pero no nos engañemos: Estas rebeliones las definen los trabajadores y oprimidos con sus acciones y demandas. El aprendizaje de la vanguardia en Egipto y Túnez, demuestran que la revolución no se quiere detener en lo que quisieran los empresarios y la ONU.

Es una rebelión de carácter regional, porque regionales y globales son los problemas que enfrenta. Planes de austeridad, recortes de derechos sociales, sindicales y profesionales, nuevas expresiones de miseria, pactos de sus gobiernos con el FMI, el BM, la UE, EEUU y de formas directas con transnacionales como ENI, COMOCO, Exxon y otras, que han ocupado segmentos enteros de las economías de cada uno de estos países.

A falta de consenso, los gobiernos del Magreb y el norte de África acuden desde hace varios años a la represión y la persecución de la resistencia. Esto fue facilitado por el carácter de esos Estados: autoritarios, autárquicos, monárquicos, o directamente dictatoriales. La rebelión explota tarde porque la gente no tenía las libertades políticas necesarias, como en muchos de nuestros países. Hasta que dijeron basta.

Estas políticas se vienen aplicando en formas desiguales desde mediados de los años 90, según el país y el gobierno. El 21 de noviembre pasado, una voz del imperialismo despejó cualquier duda, a quien la tenga, sobre la justeza social de estas rebeliones. “El Director Gerente del FMI, el español Rodrigo de Rato, pidió integración económica de los países del Magreb”. El objetivo es crear “Una mayor integración, un mercado de más de 75 millones de consumidores mejoraría la eficiencia económica, atraería más inversiones extranjeras y brindaría oportunidades comerciales dentro de la región beneficiosas para todos”. Ya concimos este lenguaje en el Mercosur y la Comunidad Andina. Sus resultados fueron los mismos: más explotación y miseria y sus consecuentes rebeliones sociales. Así fue como llegamos a la nueva realidad de América latina.

Eso no habría sido posible sin los tratados y pactos políticos-económicos firmados por Libia, Sudán, Marruecos, Argelia, Sudán y Egipto con la Unión Europea, Rusia, China y Estados Unidos desde 1992. Varios de esos Estados se convirtieron en socios estratégicos de empresas imperialistas europeas.

Como ocurrió en el resto de estos países norafricanos, la rica Libia tampoco se salvó de sus efectos desastrosos: Sigue importando el 75% de los alimentos, un consumo controlado por transnacionales europeas, el desempleo es del 30% al año 2011 y el analfabetismo creció hasta el 18%; uno de cada tres habitantes sobrevive en la pobreza crítica. Estos son apenas unos de los derivados de la presencia creciente del capital transnacional en la economía libia y de una disribución regresiva del ingreso petrolero en la economía y la población.

Como también era inevitable, el imperialismo intenta aprovechar las rebeliones a su favor porque está mejor preparado y más organizado. Hillary Clinton saluda al ex ministro de Justicia de Gadafi, Abdel Jalil, y EEUU promete ayuda al Consejo Nacional de Benghazi, donde se organiza la oposición al régimen.

Con su amoralidad de siempre, trata con prudencia los regímenes de Mubarak y Ben Alí, sus agentes directos, procurando transiciones en “orden” y en lo posible bajo su control. Pero demoniza y amenaza al régimen de Libia. La OTAN anuncia una intervención militar preventiva, la que denunciamos desde ahora y llamamos a combatirla con todas las fuerzas, si ocurre. Felizmente, el propio Consejo Nacional en Benghazi avisó a la OTAN de que no se atreva a pisar tierra Libia. “Los libios deben protegese a sí mismos y ser ellos quienes liberen al país”, advirtió Gouga, un vocero del Consejo. Esto habla de que el imperialismo no tiene comida servida en Libia, aún dentro de sus candidatos a socios institucionales. El nacionalismo árabe tradicional parece estar presente en la memoria libia. Pero el peso de la movilización revolucionaria es decisivo para imponer estos límites hacia adentro y hacia afuera.

El trato diferenciado para Muamar Al Gadafi responde a la misma lógica imperial. Ejerce venganza contra Libia, como lo hará con Argelia, porque estos regímenes fueron independientes del imperialismo hasta determinado tiempo. En el caso libio desde 1969 hasta finales de la década de los 80, aunque Gadafi de vez en cuando lanza declaraciones incendiarias, como ahora, acusando a EEUU y a Al-Quaida de la rebelión.

Libia despeja la vieja ilusión de que el imperialismo perdonará a quien se arrodille ante él. A Gadafi no lo perdonan, ni siquiera en honor a los 13 pactos de adaptación firmados en 1995, 1999, 2002, 2004, 2006; el último es del 19 de junio de 2010. Tampoco su sociedad con el Egipto de Mubarak y las declaraciones del año 2004 a favor de “un Estado binacional de Palestina con Israel”, llamado “Isratina”, en su sagrado Libro Verde.

Al calor de esos pactos su gobierno decidió comenzar a adaptarse y mantener conductas pragmáticas, ambiguas y arriesgadas para la nación libia. Se hizo cada vez más dependiente del imperialismo europeo hasta 1999, y pactó con EEUU desde ese año. Una, expresión de ello fue la declaración de Gadafi, al año siguiente: “Clinton es un hombre de bien”. En respuesta, “el gobierno estadounidense sacó en 2006 a Libia de la lista de países que apoyan el terrorismo”, envió capitales petroleros y reabrió la embajada en 2008.

En septiembre de 2002, en su discurso con ocasión del trigésimo tercer aniversario de la Revolución, Gadafi notificó al mundo que su país renunciaba al “comportamiento revolucionario” y a las actuaciones de “Estado rebelde”, y que en adelante iba a desenvolverse con arreglo al derecho internacional. “Tenemos que aceptar la legalidad internacional pese a estar falseada e impuesta por Estados Unidos; de lo contrario, nos van a aplastar”

Desde 1999, todos los gobiernos imperialistas europeos decidieron ofrendarle un trato honorable, lo recibieron, lo adularon, lo manosearon, lo condecoraron y firmaron pactos de todo tipo: de extradicción de “terroristas”, de doble tributación con Inglaterra, de concesiones petroleras, de venta de armas, de control de la emigración africana, etc. El premio fue que el 11 de octubre de ese mismo año la UE levantó el embargo de armas a Libia. España, Italia, Inglaterra y Alemania son los principales vendedores de armamento de guerra a Libia. 150 empresas petroleras británicas se instalaron en Libia desde 2004. La mayoría de la infraestructura Libia ha sido construida por empresas internacionales de Francia, Italia, EEUU. Eso, que sería entendible al comienzo de un proceso de independencia, es absolutamente incomprensible a los 42 años. La pregunta se impone por su propio peso: ¿Qué es la economía libia después de cuatro década de acumulación de montañas de capital petrolero? ¿Dónde quedó el nacionalismo inicial?

Otro costo de alto calibre político, caro a 7 años de historia palestina, es el cambio de la relación con el Estado genocida de Israel. Desde el año 2004, el gobierno libio negocia discretamente con Tel Aviv, a través del llamado Diálogo Euromediterráneo de Bruselas, a partir de la “Cumbre de Sirte”, una pequeña ciudad de Libia.

La regresión de Libia y Gadafi es más grave si recordamos un hecho. Desde el año 2003, el mismo año que EEUU invadía Irak, el Estado Libio se hizo socio estratégico de empresas y Estados imperialistas de la Unión Europea. Gadafi creó el fondo de inversión Libian Investmen Autority, y con 65.000 millones de dólares participa del 1% del capital de la gigantesca petrolera imperialista ENI, del 3% del grupo económico Pearsons, editor del diario imperialista Financial Times. Es el principal accionista de Unicredit, el banco más grande de Italia. Esto se repite con empresas de Alemania y Francia. Esto es tan conocido como el sol de todos los días. Ninguna adulación es gratuita en lo que la burguesía entiende por política .

Esto es parte del costo. El resto lo estamos viendo en forma de guerra civil.

Un problema llamado Gadafi

Sin duda el caso libio se hace más complejo porque se trata de un regimen y un líder que resistieron al imperialismo.. Libia se hizo Estado-nación independiente con Gadafi desde 1969. Eso explica el trato diferenciado que le da el imperialismo. Cualqueir análisis o política sobre Libia debe partir de esa historia, reconociendo el valor de Gadafi en su resistencia al imperialismo. Pero si nos quedamos ahí comenzamos a mentirnos a nosotros mismos. Porque las cosas cambian, para bien o para mal, pero cambian. Y Gadafi ya no es Gadafi.

Lo esencial en Libia es la rebelión contra él, tan legítima como las del resto del norte de África, aunque al frente no haya todavía una dirección política revolucionaria.

La complejidad nace de que Gadafi se ha convertido en indefendible. Antes era contradictorio, ambivalente, desde hace años es otra cosa. Su brutal represión y sus respuestas políticas reaccionarias a las protestas han sido más despiadadas que las del propio Mubarak o Ben Alí. Su régimen es autárquico y nepótico, con él en el centro como si fuera el jefe de una dinastía. Gadafi y su desgastado movimiento panarabista y “socialista”, la Jamahiriya, perdieron todo progresisimo, porque se enfrenta a las masas rebeladas como lo hicieron sus socios reaccionarios del Magreb.

Al revés de la cuestión egipcia o tunecina, donde Mubarak y Ben Alí eran agentes directos del imperialismo, con Gadafi hay que conocer y reconocer el cambio con respecto a lo que era. A partir de reconocer ese cambio, nada debe impedir asumir una actitud política distinta.

Gadafi se volverá defendible, solo temporalmente, en el caso de que la OTAN lo ataque, como advierte el The Washington Post este domingo 27. Y será a condición de que él llame al pueblo libio, comenzado por el Consejo Nacional de Benghazi, a tomar las armas para defender la nación libia.

Eso no es fácil. Están en una guerra civil. Pero es una obligación hacerlo en caso de que la OTAN se atreva. Lo que es improbable en el actual balance fuerzas. Primero, porque la OTAN tiene dificultades políticas internas para hacerlo. No creo que los sindicatos que están luchando se queden quietos. Segundo porque Trípoli compra armas desde 2003. El año pasado, 2010, Libia pagó a la UE-España, 7.875.975 euros por aeronaves y equipos de formación de imagen, y 6,9 millones de euros más para otras categorías. Tercero, porque las masas libiia rechazarían cualquier presencia militar imperialista..

Es un fatal error político silenciar lo que hace su régimen despótico, asociado al imperialismo europeo, por el solo hecho de que la OTAN amenace o la ONU lo suspenda de la Comisión de Derechos Humanos.

Una posición correcta sobre Libia debe comenzar por reconocer la rebelión social como justa. Denunciar su represión, o no defenderla. Advertir y denunciar las pretensiones del imperialismo, las militares y las otras: controlar al Consejo Nacional de Benghazi. Por último, una posición correcta sobre la revolución Libia debe tener como objetivo superar el actual estado de cosas con un gobierno sostenido en el poder armado de los pobladores de Benghazi, Tobruk, Al Baida, Ajdabiya y los barrios del oeste de Trípoli. Allí han surgido comités de ciudadanos, muchos armados, que garantizan la seguridad, la repartición de víveres, el orden del tránsito, el control de la delincuencia y la salud. Basta verlos actuando en las imágenes de Telesur sobre esas ciudades rebeldes, para entender que ahí yace el núcleo para resolver la crisis libia hacia el lado correcto. Superando lo que existe hoy como réginen nepótico, e impidiendo otro régimen asociado al imperialismo, de la mano del Consejo Nacional de Benghazi.

Podemos defender la nación libia, incluso con Gadafi, si los atacan. Pero lo que hace Gadafi desde 1992 no es defendible. El resultado es la actual rebelión.

 

NOTA: Las fuentes informativas y las citas usadas en este escrito son independientes de las agencias de la burguesía internacional, parte de ellas son del mundo árabe:   Thawra.com. AFROL News. ARABAWI.com. DemocracyNow. Periodismohumano.com. www.plataformasahara.com. Rebelión.com. CADTM (Comité Abolición Deuda del Tercer Mundo, www.cadtm.org).

Es un timo. Mil disculpas.

La serie “Libia al día” era un timo, que os he endilgado involuntariamente.  Se anula. Mil disculpas. Josetxo Mosqueira no lo envío directamente, y no me consta que le haya dicho a nadie que fuera suyo. Pero como tal llegó. Quien quiera curiosear, o reírse, puede ver el contenido en la nueva sección de “timos“.

Los sitios plagiados son estos :

http://www.islamtimes.org/vdcfmcdt.w6dvea7,iw.html
http://www.democracynow.org/es/blog/2011/2/24/levantamientos_populares_de_medio_oriente_al_medio_oeste
http://www.forumdesalternatives.org/ES/readarticle.php?article_id=24097

Josetxo Mosqueira

La vergüenza pasiva de la comunidad internacional, ante un desastre humano.

Entrega II de la serie Libia al día

No sólo familias que temen por sus vidas e inmigrantes pobres de otros países norteafricanos huyen de Libia. Hay decenas de miles de “refugiados” que son repatriados por sus gobiernos en barcos y aviones: sobre todo son ingenieros y ejecutivos de grandes compañías petroleras. No sólo de ENI, que realiza cerca de un 15% de sus ventas desde Libia, sino otras multinacionales europeas, en particular: BP, Royal Dutch Shell, Total, BASF, Statoil, Repsol. Cientos de empleados de Gazprom también se vieron obligados a abandonar Libia y más de 30.000 trabajadores chinos de la compañía petrolera y de la construcción. Una imagen simbólica de cómo la economía libia está interconectada con la economía global, dominada por las multinacionales.

Gracias a sus ricas reservas de petróleo y gas natural, Libia tiene una balanza comercial positiva de 27.000 millones de dólares al año y un ingreso per cápita medianamente elevado de 12.000 dólares, seis veces mayor que el de Egipto. A pesar de fuertes diferencias en los ingresos bajos y altos, el nivel de vida promedio de la población de Libia (sólo 6,5 millones de habitantes en comparación con los casi 85 millones de Egipto) es por lo tanto mayor que el de Egipto y otros países norteafricanos. Lo muestra el hecho de que casi un millón y medio de inmigrantes, sobre todo del norte de África, trabajan en Libia. Cerca de un 85% de las exportaciones libias de energía van a Europa: Italia tiene el primer lugar con un 37%, seguida por Alemania, Francia y China. Italia también ocupa el primer lugar en importaciones de Libia, seguida por China, Turquía y Alemania.

Este marco ahora revienta como resultado de lo que se puede caracterizar no como una revuelta de masas empobrecidas, como las rebeliones en Egipto y Túnez, sino como una verdadera guerra civil, debida a una división del grupo gobernante. Quienquiera que diese el primer paso ha explotado el descontento contra el clan de Gadafi, que prevalece sobre todo entre las poblaciones de Cirenaica y los jóvenes en las ciudades, en un momento en el cual todo el norte de África ha tomado el camino de la rebelión. A diferencia de Egipto y Túnez, sin embargo, el levantamiento libio se planificó y organizó con anterioridad.

Las reacciones en la arena internacional también son simbólicas. Pekín ha dicho que está extremadamente preocupado por los sucesos de Libia y llamó a “un rápido retorno a la estabilidad y la normalidad”.. El motivo es obvio: el comercio chino-libio ha crecido considerablemente (cerca de un 30% sólo en 2010), pero ahora China puede ver que toda la estructura de las relaciones económicas con Libia, de donde importa cantidades crecientes de petróleo, se ha puesto en juego. Moscú se encuentra en una posición semejante.

Diametralmente opuesta es la señal de Washington: el presidente Barack Obama, que cuando se vio enfrentado a la crisis egipcia minimizó la represión desencadenada por Mubarak y llamó a una “transición ordenada y pacífica”, ha condenado rotundamente al gobierno libio y anunció que EE.UU. prepara “toda la gama de opciones que tenemos a nuestra disposición para responder a esta crisis, incluidas ‘acciones que ponemos emprender solos y otras que podemos coordinar con nuestros aliados a través de instituciones multilaterales’.” El mensaje es evidente: existe la posibilidad de una intervención militar de EE.UU. y la OTAN en Libia, oficialmente para detener el derramamiento de sangre. Las verdaderas razones son obvias: Si se derroca a Gadafi EE.UU. podría derribar todo el marco de las relaciones económicas con Libia y abrir el camino a las multinacionales basadas en EE.UU., que hasta ahora están casi totalmente excluidas de la explotación de reservas de energía en Libia. Por lo tanto, EE.UU. podría controlar el grifo de las fuentes de energía de las que depende en gran parte Europa y que también provee a China.

Estos son las apuestas en el gran juego de la división de los recursos africanos, por los que tiene lugar una creciente confrontación, en especial entre China y EE.UU. La creciente potencia asiática, con la presencia en África de cerca de 5 millones de gerentes, técnicos y trabajadores, construye industrias e infraestructuras a cambio de petróleo y otras materias primas. EE.UU., que no puede competir en ese terreno, puede utilizar su influencia sobre las fuerzas armadas de los países africanos importantes, que entrena mediante el Comando África (AFRICOM), su principal instrumento para la penetración del continente. La OTAN también entra ahora en el juego, ya que está a punto de concluir un tratado de cooperación militar con la Unión Africana que incluye a 53 países.

La central de la cooperación de la Unión Africana con la OTAN ya se está construyendo en Addis Abeba: una estructura moderna, financiada con 27 millones de euros de Alemania, bautizada: “Construyendo paz y seguridad”.


Josetxo Mosqueira

Nota

Entrega III de la serie Libia al día

El sábado a las 02´30 hora de Londres, despego un Hércules de las fuerzas Armadas Británicas desde una base Militar al sur de Inglaterra, con batallón de Militares de asalto. Aterrizo a las 06´00 en una planta petrolífera del desierto del Sahara, en territorio de Libia para rescatar a 20 operarios compañeros y amigos míos de la Compañía Waha Oil Company. Entre ellos 5 Ingleses, 4 Canadienses, 1 español, 7 asiáticos y 3 árabes.

El aterrizaje por sorpresa, sorprendió a todos, tuvieron que apurarse para recoger sus cosas en un espacio de tiempo de 30 minutos. Los militares Libios que custodian la planta, apenas se percataron del evento, cuando quisieron intervenir en el aeropuerto, el Hércules despego con los tripulantes a bordo y cerrando el portón trasero.

El Hércules tomo tierra dos horas después en Malta con sus pasajeros sanos y a salvo. Como es obvio salieron sin permisos de las autoridades gubernamentales y empresariales, es decir, sin pasaportes ni visados de salida.

En este momento se encuentran todos en sus respectivos domicilios.

Las plantas petrolíferas están en mínimos de producción y posiblemente, pare por no disponer de personal suficiente para el mantenimiento logístico y administrativo. Las consecuencias de una parada no contralada, conlleva a un enfriamiento del crudo en las tuberías y el consiguiente secado del mismo, transcurridos varios días es imposible la puesta en marcha sin la reestructuración de tuberías, compresores, bombas, tanques y separadores.

El informe que dispongo, vía telefónica con mis compañeros rescatados, es la inseguridad en las plantas, al no saber si los militares que las custodian, son de la oposición o del dictador M. Gadafi. El riesgo de un sabotaje por parte de los afines a M. Gadafi es alto.

Mi opinión, es que esto es una señal de una posible intervención militar contra el remen de M. Gadafi.

 


Es un timo. Mil disculpas.

La serie “Libia al día” era un timo, que os he endilgado involuntariamente.  Se anula. Mil disculpas. Josetxo Mosqueira no lo envío directamente, y no me consta que le haya dicho a nadie que fuera suyo. Pero como tal llegó. Quien quiera curiosear, o reírse, puede ver el contenido en la nueva sección de “timos“.

 

Los sitios plagiados son estos :

http://www.islamtimes.org/vdcfmcdt.w6dvea7,iw.html
http://www.democracynow.org/es/blog/2011/2/24/levantamientos_populares_de_medio_oriente_al_medio_oeste
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Nuestro compañero de herejía ex UPyD y amigo, Josetxo Mosqueira, ha estado un monton de años trabajando en Libia, en una central eléctrica en la Empresa Estatal del Petroleo de Libia. Y salió de allí el dia 14 de vacaciones, por lo que se ha librado de una buena. Tiene un conocimiento estupendo de aquel país, y hoy comienza una colaboración en PM, Libia al día, para contaros sobre lo que ha pasado allí, y de por donde pueden ir los tiros en el futuro.

Josetxo Mosqueira

La revolución en Libia es una revolución tribal

Entrega I de la serie Libia al día

La revolución en Libia es una revolución tribal. No fue, y sigue sin ser, dirigida por jóvenes intelectuales urbanos, como en Egipto, o por la clase trabajadora (que en su mayoría está compuesta, de hecho, por trabajadores extranjeros). Incluso a pesar de que los protagonistas del levantamiento contra Muamar Gadafi pueden ser una mezcla de libios de a pie, juventud educada y/o desocupada, una sección de las clases medias urbanas y desertores del ejército y los servicios de seguridad, lo que los traspasa a todos es la tribu. Incluso Internet, en el capítulo libio de la gran revuelta árabe de 2011, no ha sido un protagonista absolutamente decisivo.

Libia es tribal de la A a la Z. Hay 140 tribus (qabila), 30 de ellas clave: una de ellas, Warfalla, representa a un millón de personas (de una población de 6,2 millones). A menudo, llevan el nombre de las ciudades de las que provienen. El coronel Gadafi dice ahora que el levantamiento libio es un complot de al-Qaida impulsado por hordas drogadas con leche y Nescafé mezclados con drogas alucinógenas.

La realidad es menos lisérgica: es un concierto de tribus que terminará por derribar al rey de reyes africano.

Un inmenso grafiti en la Bengasi liberada dice: «No al sistema tribal». Es una vana ilusión. Los oficiales del ejército libio son una colección de notables tribales seducidos o sobornados por Gadafi, que sigue una estricta estrategia de dividir para gobernar desde el nacimiento del régimen en 1969. Tanto en Túnez como en Egipto, el ejército fue crucial en la caída del dictador. En Libia, es mucho más complicado. El ejército no es tan importante en comparación con las milicias paramilitares, privadas y mercenarias, dirigidas por hijos y parientes de Gadafi.

Gadafi y su hijo «modernizador», Saif, ya han jugado las únicas cartas que les quedan, a falta del genocidio: sedición (fitna) e islamismo, muy al estilo de Hosni Mubarak, como cuando dice «soy yo o el caos». En el caso del clan Gadafi, es como sigue: sin mí, es guerra civil (en realidad fabricada por el propio régimen) u Osama bin Laden (invocado como deus ex machina por el propio Gadafi). La mayoría de las tribus no se tragan ese guión del «dios surgido de la máquina».

Las perspectivas de Gadafi son sombrías. La tribu Awlad Ali, en la frontera egipcia, está en su contra. Az Zawiyya se le ha opuesto desde principios de esta semana. Az-Zintan, a 150 kilómetros al sudoeste de Trípoli, está centrada en Warfalla; todos están en su contra. La tribu Tarhun, que, crucialmente, incluye más de un 30% de la población de Trípoli, se le opone. El Jeque Saif al-Nasr, ex jefe de la tribu Awlad Sulaiman, habló por al-Jazeera para llamar a los jóvenes tribales del sur a sumarse a las protestas. Incluso, algunos de su pequeña tribu, Qadhadfa, ahora está en su contra.

Matando a la sociedad civil

La tribu, con sus clanes y subdivisiones, es la única institución que ha regulado durante siglos la sociedad de esos árabes que han vivido en las regiones de los colonizadores italianos a principios del siglo XX, llamadas Tripolitania, Cirenaica y Fezzan.

Después que Libia llegó a la independencia en 1951, no hubo partidos políticos. Durante la monarquía, la política sólo tuvo que ver con tribus. Sin embargo, la revolución de Gadafi del 1969 replanteó el papel político de las tribus: sólo se convirtieron en garantes de valores culturales y religiosos. La ideología de la revolución de Gadafi giraba alrededor del socialismo, con el pueblo, teóricamente, como sujeto de la historia. Los partidos políticos también fueron descartados. Fue la hora de los comités populares y el congreso popular. La vieja elite, los ancianos de las tribus, fue aislada.

Pero el tribalismo devolvió el golpe. Primero, porque Gadafi decidió que los puestos en la administración debían ser distribuidos por afiliación tribal. Y luego, durante los años noventa, Gadafi renovó las alianzas con los dirigentes tribales; los necesitaba «para librarse de la creciente oposición y de diversos traidores». Y aparecieron los «comandos sociales populares», que combatieron la corrupción, solucionaron disputas locales y terminaron por consagrar a la tribu como protagonista político.

Gadafi se aseguró de tener una alianza impenetrable con los Warfalla y, mediante una estrategia centrada en una consigna «pueblo armado», logró domar al ejército. Los puestos clave en el servicio secreto fueron entregados a su tribu, Qadhadfa, y a uno de sus compañeros revolucionarios, Maqariha. Esto significó esencialmente que esas dos tribus obtuvieron el monopolio todos los sectores clave de la economía, y eliminaron, literalmente, toda oposición.

El resultado inevitable de ese sistema político tribal fue el desgajamiento de una sociedad civil basada en instituciones democráticas. La clase media educada se quedó sin nada. Luego vino el embargo de las Naciones Unidas, que duró una década. La economía, que ya estaba en mal estado, cayó en picado; nunca hubo una redistribución decente de la riqueza del petróleo y del gas. La inflación y el desempleo se dispararon. La retórica fue siempre de «democracia directa»; la realidad era que los pocos «ganadores» formaban parte de una burguesía estatal reaccionaria, ya fueran reformistas, dirigidos por Saif; conservadores (fieles al Libro Verde de Gadafi); o tecnócratas (los que disciernen jugosos tratos con corporaciones extranjeras).

Año cero en Cirenaica

No es sorprendente que el levantamiento haya comenzado en Bengasi, que quedó fuera de toda estrategia de desarrollo, en una región, Cirenaica, con una infraestructura absolutamente pésima en comparación con Tripolitania.

Ahora el oficialmente llamado Jamahiriya, «el Estado de las masas», está a punto de derrumbarse. Es año cero en Cirenaica. Es imposible dejar de recordar los primeros días de Iraq «liberado» en abril de 2003. El Estado ha desaparecido. Comités populares, grupos islámicos, y bandas armadas controlan ahora territorios enteros. Nadie sabe cómo se desarrollará esto o lo que pueda suceder después de la batalla de Trípoli (suponiendo que la oposición pueda obtener algún armamento pesado serio). Una fuerte posibilidad es la emergencia de territorios tribales auto-gobernados controlados por las tribus, como en Afganistán y Somalia o, de hecho, que regiones enteras se independicen, a pesar de los esfuerzos de la oposición en el exilio por disipar esos temores.

Antes de eso, como ha advertido Gadafi, correrá la sangre. La fuerza aérea está controlada directamente por el clan Gadafi.. Además, dos de sus hijos están en posiciones clave: Moutassim es jefe del Consejo Nacional de Seguridad y Khamis es comandante de una brigada de fuerzas armadas. El ejército tiene 150.000 soldados. Los máximos comandantes militares tienen todo que perder si no apoyan a Gadafi. Según los mejores cálculos, Gadafi todavía podría contar con 10.000 soldados. Para no hablar del ejército mercenario «africano negro» pagado en oro, en su mayoría insertado en Libia a través de Chad.

Sea lo que sea lo que emerja de este volcán, cuesta imaginar una Libia no fracturada siguiendo líneas tribales. Es justo decir que la juventud libia tribal que salió a las calles a luchar contra el régimen armado de Gadafi considera la mentalidad tribal como la peste. No desaparecerá de un día para otro. Sin embargo, la mejor esperanza posible bajo las difíciles circunstancias, con la amenaza de una crisis humanitaria y el espectro de la guerra civil, es que Internet impulse al país a una era post tribal. Antes de eso, debe caer un búnker.

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