otros


 

 

Luis Bouza-Brey, 2-9-14

 

 

El régimen del 78 ha entrado en crisis terminal, como algunos habíamos previsto hace años, lo que obliga a buscar fórmulas políticas que hagan posible e impulsen la salvación de la libertad.

 

El destino del impulso regeneracionista está en juego en España, y esto obliga a pensar con mucha prudencia los pasos a dar en ese sentido, sin incurrir nuevamente en errores que conduzcan al fracaso y a la impotencia.

 

Por ello, lo que a mi me resulta muy penoso es el temor de que en el tema de las relaciones entre UPyD y Ciudadanos, que se debaten estos días,se vaya a dar el paso equivocado de la unión o coalición en base a argumentos pragmáticos de búsqueda de màs influencia, cuando lo que podríamos denominar tercerismo de resistencia frente a las bisagras nacionalistas ya no es tan necesario como antes, pues los equilibrios de fuerzas han cambiado y el proceso de degeneración del sistema se ha acentuado.

A ver si consigo explicarme bien, utilizando una perspectiva a largo plazo, que es la que creo necesaria para el país:

 

LOS ORÍGENES Y EVOLUCIÓN DEL REGENERACIONISMO

 

Ciudadanos primero, y UPyD después surgieron para crear una bisagra centrípeta frente al bisagrismo centrífugo de los nacionalismos —principalmente del catalàn— que estaban desarbolando el Estado, utilizando la autonomía para instaurar principios, estructuras y políticas de un etnicismo reaccionario en el núcleo del sistema político español, rompiendo la igualdad y libertad de los españoles que constituían las bases del constitucionalismo histórico de nuestro país. Se trataba de crear un tercer espacio que anulara la fuerza destructiva de los etnonacionalismos, proporcionando un apoyo centrípeto equilibrado a cualquiera de los dos grandes partidos en su necesidad de formar gobiernos estables y “constitucionalistas”.

Para ello hacía falta un partido unionista y transversal, de “centro integrador”, que frenara la descomposición y perversión del sistema y la violación de los principios constitucionales y contribuyera al mantenimiento de la cohesión e integración de España, regenerando el sistema político, que caminaba hacia la degradación.

En mi opinión —como uno de los actores principales, aunque episódicos, del intento en aquel momento—, Ciudadanos falló debido al sectarismo y desorientación de sus sectores izquierdistas, incapaces de entender las necesidades centristas de la función del partido, y obsesionados por sustituir o hacer evolucionar a un PSC ya por entonces sujeto al delirio maragalliano y a las alianzas pro nacionalistas del tripartito. En aquel momento, Ciudadanos no entendió que su papel era el de bisagra de àmbito español desde una organización catalana que impulsara un centrismo ideológicamente transversal y nacionalmente integrador frente al sectarismo de izquierdas, y el nacionalismo reaccionario y descompensado de los enemigos de una España plural e integradora. La consecuencia de esta fallo fue el haberse transformado en un partido local y mero receptáculo del naufragio de la izquierda catalana, pero sin fuerza suficiente para cumplir su función fundacional, de tercerismo integrador frente al sectarismo y el etnonacionalismo.

El fallo condujo a la ruptura y a la fundación de UPyD, que en su intento de evitar y superar el “carajal” de Ciudadanos, y a causa de deficiencias de su cúpula dirigente, se articuló en estructuras despóticas, monolíticas y jerárquicas, incapaces de integrar la transversalidad, el pluralismo y la concepción centrista y tercerista originales. La consecuencia fue un aborto “purgador”, incompatible con el pluralismo, que ha ido cerrándose en sí mismo y en sus patologías congénitas, haciéndolo inviable para el desempeño del papel integrador que exigía la lucha contra la degeneración y perversión del sistema político.

 

EL DERRUMBE DEL SISTEMA

 

El anquilosamiento y corrupción de los dos grandes partidos nacionales, junto con la corrupción sistèmica y el fundamentalismo etnonacionalistas han conducido al sistema político español a unas patologías agónicas, y a una descomposición de la que emergen nuestros demonios familiares del secesionismo, el izquierdismo populista y sectario, y el señoritismo conservador, cuya suma de impotencias abren un estadio de involución peligroso, con propensiones a la balcanización, la desintegración, el debilitamiento anárquico del país y la dictadura como alternativa frente al fallo sistèmico.

 

LA REFUNDACIÓN DEL SISTEMA: ES LA HORA DE CIUDADANOS

 

Frente a esta situación peligrosa se hace más necesario que nunca un impulso refundacional de la vida política española que articule de nuevo el país en un sistema de libertades, capaz de vencer las patologías emergentes y superar los errores sobrevenidos.

Por ello, en mi opinión, es más necesario que nunca un partido democrático, centrista e integrador de la diversidad nacional, que innove y obligue a los dos grandes partidos a evolucionar y depurarse de corrupción y oportunismo, y a abrir un proceso de revisión constitucional que refunde el país desde la autenticidad democrática, la responsabilidad política, la unión de la diversidad y el reformismo.

Y este impulso no parece posible ejercitarlo desde estructuras residuales del régimen que agoniza,como UPyD, o desde un partido localista como lo ha sido hasta ahora Ciudadanos, o desde la unión de ambas impotencias, la local y la despótica.

Es preciso un nuevo impulso refundacional que responda a las necesidades mencionadas, y ello sólo parece posible refundando el tercer espacio. Es la hora de que Ciudadanos, que a trancas y barrancas ha conservado la libertad interna, y cuenta con un liderazgo democrático, se decida a impulsar este proyecto regeneracionista y refundador, tan vitalmente necesario para el país.

Curiosamente, coincido con Rosa Díez en que Ciudadanos y UPyD no son lo mismo: el uno puede servir para resolver las necesidades del país; la otra, no. Y ambos juntos, tampoco.

Me faltan conocimientos para debatir con amplitud y pericia técnica los asuntos económicos, pero nada más leerme el programa de “Podemos” para las europeas percibí que si se aplicara,  nos mandaría todo nuestro sistema económico al infierno, encerrándonos en un “corralito” que multiplicaría nuestra excentricidad en el contexto en que nos desenvolvemos y agravaría la crisis general de España, haciéndola irresoluble.

Esta es una tesis intuitiva de un lego en economía, dotado únicamente de conocimientos elementales sobre este ámbito del conocimiento, por lo que reitero mi insuficiente capacidad para articular una reflexión elaborada sobre él. No obstante, ayer apareció en “El País” un artículo, titulado  “¿Es Podemos una alternativa para la izquierda?”, que plantea con claridad este asunto, y por ello me parece de muy recomendable lectura y adecuado para recoger aquí su existencia, de la cual os doy cuenta, por si alguien se anima a entrar en el debate sobre su contenido.

Vid:

¿Es Podemos una alternativa para la izquierda?

 

Ya siento para los suscritos. No es nuevo. Pero quiero guardarlo en alguna parte. Para usarlo. Por eso no lo sacaré ni por Twitter, ni por Facebok, ni en la portada.

Por otra parte es sabiduría común de siempre, que siempre nos empeñamos en olvidar. Pero los políticos no lo olvidan jamás.

Sefuela

CO2 tax

Es verano en el Hemisferio Norte y tiempo de becarios en la prensa. Parece que afecta no sólo a la prensa española este fenómeno. Lo digo, porque hay que ser muy membrillo para escribir un artículo como este que ha publicado The Economist intentando demostrar que los impuestos al carbono no afectan a la economía y, sin embargo, consiguen el benéfico efecto de disminuir el consumo de combustibles fósiles. Os resumo.

Resulta que en la Columbia Británica han puesto un impuesto al carbono hace unos años. El autor cuenta que los niveles de empleo no se han visto afectados y que, incluso, su PIB crece más rápido que el del conjunto de Canadá en los últimos años.

El autor obvia completamente dos datos que sí recoge en el artículo. El primero es que al imponer el impuesto sobre el carbono se rebajó en el mismo importe los impuestos sobre la renta y de sociedades. Esto, por obligación legal de que las tasas deben ser neutrales en cuanto a ingresos. El segundo, que las exportaciones de los sectores más intensivos en consumo de combustibles, como el cemento, han disminuido sensiblemente.

No hace falta ser economista para entender que si te quitan unos costes de un lado y te los ponen en otro, el efecto neto sobre la economía en su conjunto no será acusado. Al menos, nada comparable a lo que ocurre en sitios como Europa donde este tipo de tasas se ponen de forma adicional a los impuestos y tasas ya soportados.

Lo que sí que se producirá es un encarecimiento de los combustibles, que perjudicará a la competitividad de las industrias (como el cemento) que necesiten hacer un uso intensivo de ese producto para fabricar el suyo, con subidas de precios y/o descensos de márgenes, y caída de ventas, con un descenso en el empleo del sector, de la producción y del consumo de combustible.

Sin embargo, los sectores que no utilizan como elemento necesario para su industria el combustible encarecido, o lo hacen en menor proporción que la media, se verán beneficiados de una rebaja en el impuesto de sociedades, crecerá su competitividad, incrementarán los puestos de trabajo que ofrecen y compensarán en buena parte el efecto negativo en otros sectores.

Para terminar, obviamente, las economías domésticas responderán al incremento en precios de los combustibles bajando su consumo. En definitiva, al cambiar los precios relativos, unos sectores se benefician y otros se perjudican, pero el efecto neto será poco apreciable.

Pretender utilizar el argumento del empleo neto para justificar que una tasa al carbono no afecta a la economía es impropio de una revista seria como The Economist. Especialmente, si olvida para ello el hecho de que esa tasa nueva va acompañada por una rebaja del mismo importe en los otros impuestos. Ya sabemos todos lo que supone en Europa cada nueva tasa verde: simplemente una mayor carga fiscal para el ciudadano y la empresa. Y eso sí que afecta a la economía y al empleo.

Originalmente publicado en VIA LIBRE:

Tantos años contándoles patrañas, y ahora…¡van y lo retuitean!

Genial Rodríguez-Ibarra:

“Les hemos educado para que sepan hablar, tuitear y retuitear, pero no les hemos educado para que sepan pensar”

No se ha dado cuenta de que… ¡eso es un “tuit”!. Y muy bueno.

Lo dice en el minuto  5 y 55 segundos de esta maravillosa entrevista:

Hasta para tuitear hace falta pensar. ¿No lo crees, Juan Carlos? Busca a Talegón en Twitter y verás… Los jóvenes genios que habéis amamantado ideológicamente. Vuestro brillante futuro.

Pensábais mucho, Juan Carlos. Algunos, hasta bien. Pero no enseñasteis a  vuestros jóvenes a pensar ni a tuitear.

Les enseñasteis que la Derecha es mala y la Izquierda buena. Que el socialista defiende a los pobres y el de derechas quiere robarles lo poco que tienen. Que la Segunda República fue una isla de democracia y libertad solo arruinada por la malvada Derecha

Ver original 103 palabras más

Felipe González propone un gobierno de coalición PP-PSOE “o al revés”; Jáuregui habla de cosas que agradan a los de la tercera vía como Duran Lleida, partidarios de una solución confederal con blindajes lingüístico-culturales y  soluciones fiscales a la carta para Cataluña; Rodríguez-Arana escribe hoy en “El Confidencial” cosas parecidas, y ANSON publica un artículo (“Del Rey a Roca”) en “El Imparcial” en donde da por hecha la creación de una Comisión para preparar una reforma constitucional a aprobar antes del fin de la legislatura para ser sometida a referéndum en la próxima.

En fin, parece que hay movida, aunque muy cargada de “tercera vía”, o sea, para peor: un parche antes de la balcanización definitiva del país en unos años.

Habrá que ver que es lo que proponen unos y otros, pero la situación da los primeros indicios de movimientos. Convendría esta alerta.

Hoy Savater publica un  artículo en “El País” que tiene el mérito de destilar lo esencial de nuestra crisis de Estado dándole sentido en el contexto del proceso de Unión Europea ( vid.: http://lbouza.net/ESPANA/SAVAT24.pdf).

Savater acierta en su descripción de los fundamentos de legitimidad de la idea Europea frente al enquistamiento reaccionario de nuestros nacionalismos, enclaustrados en ideas del Antiguo Régimen transportadas como fundamentalismos inertes hasta el siglo XXI.

Pero existe un aspecto de la cuestión que conviene analizar junto a éste, y es el de la inercia del entramado institucional de la UE, cuya parálisis y entresijos incomprensibles de juegos de poder de fin de semana del Consejo Europeo, constituyen también enquistamientos de hace casi un siglo. ¿Qué es si no enquistamiento el papel del Reino Unido en la resistencia a todo intento federal de la Unión?¿qué es si no enquistamiento el reparto de poderes entre el Consejo, la Comisión y el Parlamento?¿Qué es si no enquistamiento la invasión burocrática de todas las esferas de la vida social por la UE sin una responsabilidad clara de sus decisiones ante un liderazgo político europeo inexistente?¿Qué es si no enquistamiento  la inexistencia de verdaderos partidos políticos europeos desde los que construir mecanismos de liderazgo y responsabilidad ante la ciudadanía europea?

Nos encontramos, a nivel nacional y europeo, con un problema análogo: el problema del anquilosamiento institucional e ideológico que obstruye la construcción de una verdadera democracia en ambos niveles de la realidad sociopolítica.

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